07 de Dic de 2022

América

Sembrando un árbol para Haití

Poco después del devastador terremoto de Haití, escribí que los cientos de millones de dólares prometidos por la comunidad internacional...

Poco después del devastador terremoto de Haití, escribí que los cientos de millones de dólares prometidos por la comunidad internacional para la reconstrucción del país serían un malgasto si no eran acompañados por una campaña masiva de reforestación. Decía entonces que cada uno de nosotros debería donar un árbol para Haití.

Casi dos meses más tarde, estamos empezando a ver las primeras medidas concretas —aunque limitadas— en ese sentido. El 12 de marzo, la Organización para la Agricultura y Alimentación de las Naciones Unidas lanzó una campaña llamada “Un árbol por cada niño de Haití”. La FAO, que aplaudió la idea cuando publiqué mi columna, está convocando a todo el mundo a donar al menos $5 para plantar un árbol frutal en un jardín de una escuela haitiana.

“Su donación paga por un árbol de palta, mango u otro fruto, por la plantación, una pequeña cantidad de fertilizante, el riego y el cuidado durante el primer año”, dice la campaña. Asegura que contribuirá a que las escuelas enseñen a los niños a cuidar el medio ambiente y, al mismo tiempo, proporcionará frutas para la alimentación de los escolares.

Simultáneamente, otras instituciones internacionales están estudiando diversas posibilidades, tales como pedir a los miembros de la diáspora haitiana o a los turistas extranjeros que cada uno done un árbol para Haití.

La deforestación ha sido una de las principales causantes de la pobreza de Haití. Los haitianos han talado alrededor del 98% de los árboles del país para usarlos como leña o carbón para cocinar. Eso ha erosionado el suelo, ha hecho que la tierra sea inservible para la agricultura y agotó las reservas de agua. Al mismo tiempo, la deforestación está causando devastadoras inundaciones. Cuando hay lluvias torrenciales en las montañas de Haití, el agua corre hacia las aldeas cercanas sin que nada la absorba, o la detenga, y se producen inundaciones con numerosas víctimas.

¿Por qué no son más ambiciosos y piden árboles para más que los patios escolares?, le pregunté a tres funcionarios de alto nivel de la FAO en una conferencia telefónica. Dijeron que las escuelas serán el primer paso de la campaña de reforestación, mientras los expertos resuelven cómo superar los problemas legales sobre la propiedad de la tierra que hacen difícil la reforestación en Haití.

Si la gente no es dueña de la tierra y de los árboles, van a cortar los árboles tarde o temprano, me dijeron. Ya se han realizado en el pasado grandes campañas internacionales de plantación de árboles en Haití y han fracasado porque la gente acabó cortando más árboles de los que se plantaron.

El experto en forestación de la FAO, Walter Kollert, me señaló que aumentar las zonas boscosas de Haití —que actualmente cubren sólo el 2% del país— a un 10% del territorio exigirá plantar 220 millones de árboles. “Si tuvieran un buen departamento de forestación, llevaría nada menos que 44 años forestar el 10% del país”, dijo Kollert. “Eso te da una idea de la magnitud del problema”.

Mi opinión: La FAO merece un aplauso —y nuestros $5 para un árbol— por su campaña, que pueden encontrar en www.fao.org. Pero deberíamos apuntar a un proyecto más ambicioso. ¿Por qué no pedirles a los más de un millón de haitianos que viven en el exterior que donen un árbol cada uno para Haití, como lo han hecho durante generaciones los judíos de todas partes del mundo para Israel? El Fondo Nacional Judío, que ha plantado más de 240 millones de árboles en Israel, ofrece “Certificados de Arbol” para nacimientos, graduaciones, bodas, aniversarios, etc.

¿Y por qué no iniciar la campaña “Un árbol por turista” en Haití? Tan solo los cruceros de Royal Caribbean llevan anualmente 650,000 turistas a la costa norte de Haití.

Es cierto que sería irresponsable invertir millones de dólares para la reforestación de Haití antes de que los expertos resuelvan complejos problemas legales y técnicos. Pero también es cierto que si dejamos pasar más tiempo, el mundo se olvidará por completo de la tragedia del terremoto, y será más difícil conseguir los fondos para la reforestación del país. El momento para ser más ambiciosos es ahora.