16 de Oct de 2021

América

¿Salvará Colombia a Hugo Chávez?

Observando la campaña presidencial de Colombia, no puedo evitar preguntarme si los candidatos colombianos, en el fragor de la campaña, n...

Observando la campaña presidencial de Colombia, no puedo evitar preguntarme si los candidatos colombianos, en el fragor de la campaña, no dirán algo que pueda darle al presidente venezolano Hugo Chávez una muy ansiada excusa para cancelar las elecciones legislativas de septiembre en Venezuela.

Consideremos lo que está ocurriendo en el norte de Sudamérica. Por un lado, Colombia se está preparando para las elecciones presidenciales del 30 de mayo, en que se elegirá al sucesor del presidente Álvaro Uribe, quien goza de gran popularidad por su ofensiva contra las guerrillas y sus denuncias sobre el apoyo de Chávez a estos grupos. En ese contexto, varios candidatos tratarán de ganar el voto oficialista, y las elecciones colombianas podrían convertirse en una competencia para ver quién es el más “uribista”.

El candidato del partido de Uribe, el ex ministro de defensa Juan Manuel Santos, lleva la delantera en las encuestas con el 36% de la intención de voto, seguido por la candidata conservadora Noemí Sanín, con el 17%. Santos fue el ministro de línea dura que dirigió el rescate de la ex senadora Ingrid Betancourt en el 2008, tras varios años de haber sido secuestrada por los guerrilleros. Santos tambien dirigió ese mismo año el ataque contra un campamento guerrillero de las FARC en Ecuador, en el que se descubrieron computadoras con miles de emails certificados como auténticos por la Interpol y que mostraban un activo apoyo de Venezuela a la guerrilla colombiana.

Cuando le pregunté a Santos qué cambiaría de la política exterior de Uribe —especialmente en lo referido a Chávez—, me respondió que él seria más proactivo. “Nuestra diplomacia ha sido muy pasiva. Necesitamos tener una diplomacia más proactiva, más colocando al país en un escenario internacional donde creemos tener muchos atributos para ser un jugador (importante)”, me dijo.

Hasta ahora, Colombia ha estado a la defensiva, porque durante muchos años figuró como uno de los países con mayor cantidad de secuestros y los más altos índices de asesinatos y narcotráfico. Pero ya no es así, y la diplomacia debería cambiar de manera acorde, explicó.

Cuando le pregunté por Chávez, dijo: “El señor Chávez y yo somos como el agua y el aceite. Pero si hay respeto por las diferencias, entonces podemos tener buenas relaciones. Y creo que es nuestra obligación que así sea, porque cuando se pelean los gobernantes, los que sufren son los pueblos”.

¿No hay peligro de que en el calor de la campaña presidencial colombiana, usted y sus rivales hagan declaraciones antichavistas que aumenten las tensiones entre los dos países?, le pregunté. Yo esperaría que no, respondió Santos. “Ojalá nuestra democracia tenga la suficiente madurez para no caer en ese juego de usar la política exterior para la campaña política interna. Por mi lado, tenga la seguridad, a pesar de que me llaman el ogro antichavista, no va a haber uso de eso como ficha de campaña política”.

Mi opinión: Es posible que Santos sea sincero al decir que no usará la antipatía a Chávez en Colombia como arma electoral. Pero algunos de sus principales rivales buscarán una tajada del voto uribista, y podrían terminar compitiendo por ver quién es el más “duro” con Venezuela.

Y del otro lado, Chávez está perdiendo popularidad en Venezuela. Una encuesta nacional realizada por la firma Hinterlaces en marzo muestra que el 66% de los venezolanos quisieran que Chávez deje el poder en el 2012, o antes. Es muy posible que, tras perder el referendo del 2007 con el que intentaba crear una dictadura “socialista”, Chávez quiera cancelar las elecciones de septiembre para no arriesgar su control absoluto del Congreso.

Incluso si todos los candidatos colombianos no dicen nada que pueda encolerizar a Chávez, éste podría decir algo para provocar una reacción airada de parte de los candidatos, o crear un incidente fronterizo para postergar las legislativas. En ambos casos, si los candidatos colombianos no miden sus palabras, terminarán sin querer ayudando a consolidar una dictadura unipersonal en Venezuela.