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27 de May de 2020

América

El futuro de Lula

BOGOTÁ. Las palabras del gobernante más popular de la historia de Brasil fueron contundentes. Para responder a las críticas sobre su exc...

BOGOTÁ. Las palabras del gobernante más popular de la historia de Brasil fueron contundentes. Para responder a las críticas sobre su excesiva influencia en el próximo gobierno, el saliente Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva declaró el miércoles pasado, después de reunirse en el Palacio de Planalto con su sucesora, la recién elegida Dilma Rousseff, que dará ‘una lección de cómo se debe comportar un ex presidente’.

Lula aseguró que todo está dado para que su protegida tenga cuatro años de éxitos y aspire ella a la reelección en 2014, por lo que descartó postularse, como permite la Carta. ‘Pensar en volver sería una temeridad, porque la expectativa será infinitamente mayor —dijo—. ‘A rey muerto, rey puesto’, o reina, en este caso’. Pero las palabras de ‘Lula’ no van a terminar con las especulaciones sobre su futuro, ni dentro ni fuera de Brasil.

Los ex presidentes son como jarrones chinos, según la famosa frase de Felipe González: valiosos, pero estorban en todos lados. El caso de Lula es particular. El brasileño es un jarrón especialmente valioso, pues su gobierno consiguió notables avances sociales, deja el poder con una popularidad superior al 80% y alcanzó una inédita proyección internacional.

Brasil se prepara para ser sede del Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, en pocos años será la quinta economía del planeta y termina la ‘era Lula’ como una fuerza emergente en el mundo, precisamente cuando los analistas pronostican que se avecina la década de Latinoamérica. En otras palabras, Lula es el primer líder de la región que deja el poder como ex presidente de una potencia. Por eso desde hace tiempo la prensa internacional intenta dilucidar su futuro.

En su momento trascendió que Barack Obama quería a Lula al frente del Banco Mundial, un puesto que hasta hoy solo han ocupado norteamericanos, y el francés Nicolás Sarkozy, entre otros, sugirió que se postulara como secretario general de la ONU. ‘Es una tontería —dijo hace unos meses—. La ONU no puede tener como secretario general a una figura fuerte, tiene que ser un burócrata. Con relación al Banco Mundial, no tengo cara de banquero’.

Más recientemente, tras la muerte del argentino Néstor Kirchner, en círculos diplomáticos comenzó a sonar como secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). El brasileño ha sido un gran promotor de la integración regional, y Unasur necesita una figura de consenso, que agrade por igual tanto a los países de la órbita bolivariana como a los gobiernos económicamente más liberales. Lula es sin duda un candidato atractivo, aunque muchos opinan que ese cargo le quedaría chico.

Pese a las críticas por su postura amigable con regímenes cuestionados, como Irán y Cuba, ‘Lula’ sigue recibiendo todo tipo de invitaciones, incluidos muchos títulos honoris causa. Algo revelador para un hombre que se graduó de estadista sin haber pisado una universidad. Para Eduardo Suplicy, histórico senador del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), Lula, un gran negociador desde sus tiempos de líder sindical, puede ayudar a resolver diversos conflictos internacionales. ‘En algún momento estará dispuesto a realizar misiones de paz, así como Nelson Mandela lo hizo después de dejar la Presidencia de Sudáfrica’, dijo a SEMANA.

LA DESPEDIDA

Por lo pronto, Lula en la cumbre del G-20 en Corea, el 11 de noviembre, se despidió de los grandes foros y, al mismo tiempo, presentó a Dilma en sociedad. En sus planes está un instituto de políticas públicas con su nombre, a semejanza de su antecesor Fernando Henrique Cardoso. Lula ha dicho que quiere bañarse en el mar y tomarse una cervecita, y declaró que a partir de la tarde del primero de enero, cuando deje Brasilia, vivirá en Sao Bernardo, la ciudad del Gran Sao Paulo donde lideró las luchas sindicales en los 70.

Desde aquel entonces, fue candidato presidencial en cinco de las seis elecciones disputadas tras el regreso de la democracia (perdió tres y ganó dos). En la sexta, logró la victoria de su protegida. Lleva prácticamente tres décadas en campaña. Su influencia es innegable, nadie piensa que se va a retirar de la vida política brasileña y a pesar de sus desmentidos, tampoco lo borran de la lista de presidenciables en 2014. Pero quizás después de ocho años en Planalto, ese cargo también le quedó pequeño. © Publicaciones Semana