12 de Ago de 2022

América

Ordenan exhumar restos de Allende

CHILE. El presidente chileno Salvador Allende —primer marxista en llegar al poder por las urnas— murió el 11 de septiembre de 1973 en el...

CHILE. El presidente chileno Salvador Allende —primer marxista en llegar al poder por las urnas— murió el 11 de septiembre de 1973 en el palacio presidencial que era bombardeado durante un golpe de Estado, fiel a su convicción de que en esa situación desesperada era mejor morir que renunciar.

Casi 40 años después de esa muerte, la justicia chilena intenta determinar si su muerte fue un suicidio, como ha contado la historia oficial desde entonces, o si el mandatario fue víctima de las balas de los militares.

El juez Mario Carroza decretó la diligencia tras acoger una petición de la familia del extinto mandatario y fijó el peritaje para la segunda quincena de mayo, según confirmó un portavoz del Poder Judicial a la AFP.

De profundas convicciones, Allende decidió resistir en el Palacio a las fuerzas golpistas encabezadas por el general Augusto Pinochet, que lo bombardeaban por aire y tierra.

Ese día, a los 65 años, se convirtió así en una de las primeras víctimas de la dictadura militar que se extendió 17 años hasta el 11 de marzo de 1990 y dejó un saldo de más de 3 mil muertos y desaparecidos.

Médico de profesión, Salvador Allende Gossens nació el 26 de junio de 1908 en el puerto de Valparaíso, a 110 kilómetros al oeste de Santiago. Hijo de un abogado y notario, dedicó la mayor parte de su vida a la política, su gran pasión.

Fue candidato presidencial de su partido en tres ocasiones, y en la cuarta la victoria llegó finalmente el 4 de septiembre de 1970, liderando la Unidad Popular, una coalición que integraban socialistas, comunistas, radicales y otras corrientes de la izquierda.

Allende asumió la presidencia el 3 de noviembre de 1970 y durante su gobierno nacionalizó las minas de cobre, principal riqueza del país, que durante tres décadas habían estado en manos de compañías estadounidenses.

También estatizó las minas de carbón y los servicios telefónicos, intervino a los bancos e impulsó una reforma agraria, que expropió grandes latifundios con tierras sin explotar para entregárselas a los campesinos.

Pero desde el mismo momento que asumió el poder, su inédito proyecto de construir una ‘vía chilena al socialismo’ chocó con la oposición de la derecha y el gobierno de Estados Unidos, que unieron fuerzas para ‘crear las condiciones’ que agitarían su gobierno.

Allende permaneció mil días en el poder, pero fue derrocado por los militares la misma mañana en que se aprestaba a convocar a un plebiscito que debía decidir el futuro de su gobierno.

Ese 11 de septiembre, Allende murió pero también pasó a la posteridad como un hombre de sólidos principios: víctima de un golpe de Estado perpetrado por los militares que creía leales, se pertrechó en el Palacio presidencial sabiendo que iba a morir y no cedió ante las fuerzas golpistas.

Ese día llegó a La Moneda de traje y corbata y con un casco, portando un fusil automático AK-47 que le había regalado su amigo, el presidente cubano Fidel Castro, con la leyenda: ‘A mi compañero de armas’.

Antes de morir, cuando resonaban las balas en el interior del Palacio, difundió a través de la radio Magallanes su último mensaje al país:

‘Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano’, concluyó el mandatario.

Salió muerto del Palacio.

La versión oficial, certificada por su médico personal y que su familia cree, es que se descerrajó un tiro en la barbilla con su AK-47.