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14 de May de 2021

América

Venezuela aun tiene tiempo

Este país aún puede salvarse del desenlace trágico que pareciera dibujarse en el horizonte. No recuerdo en toda la historia republicana,...

Este país aún puede salvarse del desenlace trágico que pareciera dibujarse en el horizonte. No recuerdo en toda la historia republicana, un proceso tan destructor, tan perverso y tan hipócrita como el actual. Nada funciona bien. Esta mezcla terrible de ineficacia y corrupción, de fascismo y comunismo, que utiliza como coartada lo de socialismo revolucionario, ha traspasado los límites de lo tolerable para cualquier sociedad que se respete a sí misma.

Las declaraciones del doctor y coronel Eladio Aponte Aponte, son más que suficientes para exigir la renuncia tanto del Presidente de la República como de todas las cabezas de los poderes públicos. Este planteamiento incluye al Alto Mando Militar y algunos oficiales sistemáticamente señalados como cómplices de hechos irregulares dentro y fuera del país. El peor daño que se ha hecho a la república es la muerte del Derecho como instrumento regulador de las relaciones entre las personas naturales o jurídicas y de todas ellas con el estado-gobierno. Sin Derecho no hay justicia posible. Los ciudadanos quedan en manos de los caprichos y desviaciones de los gobernantes, del tráfico de influencias y de la corrupción en cualquiera de sus modalidades antiguas y modernas. Sin Derecho y sin justicia autónoma e independiente, se abre paso la figura del sicariato que sólo puede existir cuando el estado garantiza total impunidad, como estamos viendo.

Eladio Aponte Aponte y Walid Mackled son dos casos emblemáticos, relacionados entre sí. Proyectan ante el mundo la magnitud del poder de las estructuras del crimen organizado que sirven de instrumento operativo al narcotráfico, al terrorismo y al lavado de dinero sucio. A quienes no vieron la telenovela colombiana del mismo nombre, les recomiendo que lean el libro ‘El Cártel de los Sapos’. Ahora es cuando vamos a enterarnos de cosas horribles, deslealtades, traiciones y una especie de ‘sálvese quien pueda’ entre los malandros de alto y bajo nivel. El espectáculo apenas comienza porque se percibe el final del régimen y los más responsables no saben que hacer ni cómo comportarse.

Ahora más que nunca, tenemos la obligación material y moral, de trabajar sin descanso para provocar el cambio que Venezuela necesita, como primer paso para la reconstrucción institucional y democrática de Venezuela. La lucha será dura y peligrosa, pero también hazañosa. Hay tiempo, pero se agota. Los días pasan aceleradamente y los tipos se preparan para todo, con Chávez y sin Chávez, vivo o muerto, curado o enfermo. No parecieran resignarse a lo inevitable. Creo que el proceso de transición está en marcha indetenible y hay muchos con demasiadas cuentas pendientes que tendrán que rendir ante una justicia seria, honrada e independiente. Lo que no podemos hacer es pensar que el trabajo está hecho. Cada quien puede ser agente del cambio sin necesidad de ser llamado por el candidato o por alguno de los partidos que lo apoyan. Todos somos activistas de la misma causa.

ANALISTA