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25 de May de 2020

América

La otra Colombia

En la actual coyuntura electoral colombiana, un sector de la sociedad optó por la abstención en la primera vuelta

En la actual coyuntura electoral colombiana, un sector de la sociedad optó por la abstención en la primera vuelta; unos 20 millones de personas le dieron la espalda a las urnas y mediante este significativo silencio electoral e indiferencia política expresaron el más absoluto desinterés hacia las promesas tanto del candidato y presidente derechista Juan Manuel Santos, como del ultraderechista y candidato del uribismo, Oscar Iván Zuluaga. Ambos tendrán que enfrentarse el próximo 15 de junio en la segunda vuelta para definir la contienda. Pero ¿quién ganará o perderá en las elecciones en Colombia?

Entre las muchas posibles respuestas, una apunta a los 5,195,630 millones de colombianos desplazados en los últimos 15 años (el 11.42% de la población total) que temían por su vida y se vieron forzados a cambiar de residencia.

También alimentan el desprecio electoral las víctimas inocentes de la guerra: unos 220 mil colombianos asesinados o desaparecidos por las FARC en las últimas décadas y los campesinos desarraigados que padecen marginados el olvido de los partidos políticos.

Colombia es un país con un abstencionismo histórico, el dato actual compite con uno de los más altos registrados en la historia colombiana, cuando (1978) salió electo Julio César Turbay Ayala. Este fenómeno revela la otra cara de la Colombia democrática, institucional y política que todos conocemos y de la que en elecciones poco se habla.

Esta otra Colombia sufre una grave crisis humanitaria y vive al margen de las urnas. En esta contienda se ha destacado la polarización política entre la guerra y la paz, pero hay otra variable que ha quedado sumergida en los eslóganes de campaña y es importante señalar para entender el ascenso del uribismo, pues se trata de la seguridad (no la paz, que no es lo mismo para los sectores que apoyan a Zuluaga) con la que buscan garantías para sus familias, negocios e inversiones. Entre ambos candidatos no hay profundas diferencias, pero discrepan en los ‘acentos’ para alcanzar sus metas mediante la guerra o la paz negociada.