27 de Nov de 2021

América

Ecos de la VII Cumbre de Panamá en decisión de Barack Obama

El presidente de Cuba dijo en Panamá que su país nunca debió engrosar ese listado.

En realidad muchas personas se quedaron con los deseos de escuchar en la plenaria de presidentes durante las sesiones de la VII Cumbre de las Américas celebrada en Ciudad de Panamá, el anuncio de Barack Obama de excluir a Cuba de la lista de países promotores del terrorismo.

Eso no ocurrió ni el 11 ni el 12 de abril, las dos jornadas de trabajo de los mandatarios en el Centro de Convenciones Atlapa, lo cual, sin embargo, no inquietó a la delegación de Cuba encabezada por su presidente, Raúl Castro, quien mostró una gran serenidad e hizo énfasis de manera muy sui géneris en la voluntad propia y de su interlocutor Obama, de profundizar y continuar, sin prisa pero sin pausa, un proceso de restablecimiento de relaciones cuyo tramo más complejo y prolongado está por venir, como es el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero desde hace más de medio siglo.

Los términos en que se expresaron ambos dirigentes en Panamá dejaron en claro que se trata de un proceso irreversible por el simple expediente de que la dirección política estadounidense se ha dado cuenta de la inutilidad de mantener una estrategia fracasada para derrocar a la Revolución Cubana, de una parte, y de la otra porque no hay manera posible que los términos de presión usados hasta ahora, puedan mover al gobierno cubano de sus posiciones de principio.

La prudencia cubana mostrada antes, durante y después de Atlapa, se ve coronada con los resultados esperados, pues 72 horas después del encuentro histórico en Panamá, el presidente Obama anunció el martes 14 al Congreso de Estados Unidos que planea sacar a Cuba de la lista de estados que patrocinan el terrorismo, presentando un informe y certificaciones requeridas bajo la ley, según se encargó de informar la propia Casa Blanca, lo cual fue muy significativo.

La demanda de Cuba, reiterada en Panamá, no constituye una precondición al diálogo como han interpretado algunos analistas, sino una decisión imprescindible para avanzar en los esfuerzos de normalizar las relaciones, la cual comienza a cumplirse con la orden presidencial de hacer una revisión de la presencia de Cuba en la lista de marras.

Lo más importante es que Obama admite que después de una cuidadosa revisión de la trayectoria de Cuba, así como garantías ofrecidas por el Gobierno cubano, la Secretaría de Estado concluyó que Cuba cumple las condiciones para la rescisión de su designación como un estado patrocinador del terrorismo, según el texto del comunicado de la Casa Blanca. Anteriormente, el Secretario de Estado estadounidense, John Kerry, había dicho que las circunstancias han cambiado desde 1982 cuando Cuba fue incluida en la lista, pero ahora nuestro hemisferio y el mundo lucen muy diferentes a 33 años atrás. El presidente de Cuba dijo en Panamá que su país nunca debió engrosar ese listado.

Como ya explicamos en un artículo anterior, ahora el Congreso tiene 45 días para considerar la decisión de Obama antes de que entre en vigencia, y la lógica del proceso indica es poco probable que los legisladores bloqueen la salida de la isla de la lista, en especial porque se trata de una de las prerrogativas presidenciales en cuya ejecución la intervención congresional es más bien formal.

La eliminación de Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo es otra puerta abierta de distensión en los vínculos entre La Habana y Washington y contribuye a crear las condiciones adecuadas para que el proceso marche según lo previsto y se adelanten acuerdos para aprovechar los intereses comunes en diversas áreas, entre ellas el combate al narcotráfico y el terrorismo, la búsqueda de la ciberseguridad, la protección del medio ambiente, la investigación en materia de cambio climático y el enfrentamiento de pandemias.

El presidente Raúl Castro le reiteró a Barack Obama en Panamá su convencimiento de que, a pesar de las profundas diferencias entre los gobiernos de Cuba y de EEUU, pueden convivir de manera pacífica y civilizada en beneficio de ambos países y pueblos, lo cual contribuiría, seguramente, a la paz y la seguridad regional.

ANALISTA