20 de Feb de 2020

América

Obama atrapado en su laberinto migratorio

El mandatario tardó demasiado tiempo en experimentar iniciativas en un caso hipersensible dentro y fuera de Estados Unidos

Algunos críticos del gobierno demócrata dicen con inocultable sorna que el concepto de migración que tiene el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, es como esos espermatozoides sin cola ni otros atributos incapaces de fecundar.

Quizás esa burla sea exagerada, pero los exabruptos asociados a la persecución y deportación de centroamericanos y mexicanos dan pábulo a las críticas que se ceban en el fracaso de su plan de reforma migratoria que ya los republicanos han sentenciado al ostracismo mientras Obama ocupe la Casa Blanca.

El asunto real parece estar en que el mandatario tardó demasiado tiempo en experimentar iniciativas en un caso hipersensible dentro y fuera de Estados Unidos. En un año electoral en el que los republicanos aspiran regresar a la oficina oval caiga quien caiga, la migración deja de ser un ítem administrativo para transformarse en tema político vital, exactamente como ocurre con el de la venta de armas.

¿Qué va a hacer Obama en el tiempo que le resta de presidente? Muy poco o casi nada, según diversas opiniones. Él está en un laberinto que tiene entrada pero carece de salida respecto a la concepción que le sirve de base a su hasta ahora fracasado plan, es decir, emigrantes selectivos que cumplan numerosos y difíciles requisitos dentro de un ámbito discriminatorio demasiado abarcador y represivo como han denunciado en Guatemala.

No hay dudas de que el fenómeno migratorio hacia Estados Unidos es masivo e indetenible debido a que se trata de un problema económico-social, no político ni ideológico, como ocurrió antaño en Italia, España o Irlanda.

Baste recordar que el Servicio de Inmigración de Estados Unidos informó que entre octubre de 2014 y septiembre de 2015 removió o retornó a 235 mil 413 individuos de Centroamérica, lo que equivale a un promedio de más de mil 200 personas por día.

Ante esas cifras –que solo reflejan a los deportados y no a la totalidad de emigrantes de la región- las de Cuba son relativamente bajas, pero Estados Unidos las ha convertido en emblemáticas porque ha tratado de ocultar bajo un manto causal político su verdadero origen, que es también económico, aunque diferente a la de Centroamérica por su componente del bloqueo comercial y financiero que afecta mucho el desarrollo de la economía isleña.

Pero Cuba es también parte de ese laberinto en el que está atrapado Obama, aunque es probablemente el más complicado de todos los casos, incluso que el de México, el mayor emisor de emigrantes hacia la Unión, precisamente por su contenido político-causal.

La Casa Blanca reiteró que no planea cambios a la Ley de Ajuste Cubano, que beneficia a los ciudadanos de esa Isla que llegan a territorio estadounidense de manera irregular a través de sus fronteras, por encima de cualquier otro emigrante. Ni siquiera se disculpa con Panamá y Costa Rica, los más involucrados en la crisis actual, por haber provocado que fueran tomados como pasos casi obligados en el camino por tierra hacia Estados Unidos.

El portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, al reiterar que no habrá cambios en esa política de pies secos, pies mojados, aclaró que el Gobierno del presidente Barack Obama no ha participado ‘en los esfuerzos para facilitar el movimiento o la llegada de inmigrantes cubanos a Estados Unidos' retenidos en esos dos países.

Si Obama busca una reforma migratoria legítima para resolver el problema con Centroamérica y México diferente al modo irreflexivo que propugna el candidato republicano Trump, ¿qué sentido tiene mantener una ley injusta, arbitraria y ahora cuestionada por sus propios propulsores de Miami, como la de ajuste cubano?

La respuesta obvia está en ese mismo laberinto citado: quizás en su fuero interno Obama desee eliminar esa discriminadora y polémica legislación carente de lógica y acceder a la demanda de Cuba de una emigración legal, racional, segura y organizada, pero teme que si lo hace provoque otro Mariel cuando ya la alcaldía de Miami, en manos de sus adversarios, alerta que no tiene capacidad para atender al grupo estancado en Panamá y Costa Rica.

El Gobierno costarricense cree que el principal motivo para que se produjera esa oleada migratoria hacia su país y Panamá es el miedo a que, con el restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, se elimine la Ley de Ajuste Cubano.

Todo eso puede que funcione así. Pero lo que está claro y nadie duda, es que la migración forzada de centroamericanos, mexicanos y cubanos tiene su primera causa en la deplorable situación económica, a la que en países como Guatemala, México y Honduras se unen la proliferación de bandas criminales, violencia de todo tipo, y hasta hambrunas.

Por supuesto que si desaparecen las causas de la emigración salvaje también desaparecerá el éxodo y el tráfico ilícito de personas.

ANALISTA