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31 de Oct de 2020

América

Los demócratas deberían repensar el absolutismo en la inmigración

La ansiedad es sobre algo más que trabajos.

En 1992, el partido demócrata enfrentó un desafío en la temática del aborto. El gobernador de Pensilvania, Robert Casey, un demócrata dedicado a la clase trabajadora pidió para hablar en la convención nacional en la ciudad de Nueva York. Él quería proponer un punto pro-vida para la plataforma del partido, en mayor parte como manera de afirmar sus creencias católicas.

Él comprendió totalmente que la moción sería rechazada, pero el Partido Demócrata se rehusó a permitirle incluso expresar sus ideas, tan grande fue su herejía. ‘Esto envió una señal fuerte a los votantes de clase trabajadora católicos y evangélicos que si no aceptaban esta decisión no eran más bienvenidos en el partido', escribe Mark Lilla en The Once and Future Liberal , su libro breve y brillante que saldrá a fines de este mes.

Me pregunto si actualmente los demócratas están realizando el mismo error en cuanto a la inmigración. Para ser claro, pienso que el proyecto de ley que los republicanos extendieron esta semana es política pública mala y simbolismo mal intencionado. Sin embargo, esta no es la cuestión. Lilla reconoce que es absolutista ‘pro-elección' en el aborto. No obstante, argumenta que un partido nacional debe construir una gran carpa que albergue a las personas que difieren de la línea partidista principal en unos pocos temas.

De acuerdo a Lilla, hay una mayor crisis dentro del liberalismo estadounidense. Cuando visitó la página web del Comité Nacional Republicano, encontró una afirmación de principios amplios que guían al partido, comenzando con la Constitución y finalizando con la inmigración. Por contraste, en la página web de los demócratas, se dio cuenta de una serie de enlaces a ‘personas y al hacer clic llegó a páginas diseñadas específicamente para atraer a un grupo u otro: mujeres, hispanos, nativos americanos, afroamericanos y estadounidenses de origen asiático.

Haciendo alusión al sistema de Lebanon de distribución de poder entre grupos religiosos y étnicos, Lilla escribe: ‘Uno podrá pensar que, debido a algún error, ha llegado a la página web del gobierno libanés, no a la de un partido con una visión para el futuro de Estados Unidos, dice Lilla. (Hoy en día, la página web del Comité Nacional Demócrata presenta la plataforma del partido destacándola más aún).

De acuerdo a Lilla han existido dos agendas diferentes para el liberalismo estadounidense. La primera fue de Franklin Roosevelt, un esfuerzo colectivo, nacional para ayudar a todos los estadounidenses a participar en la vida económica y política del país. El símbolo era el de un apretón de manos, una afirmación de la fuerza de adhesión de unidad nacional.

El proyecto liberal más reciente se ha centrado en la identidad, y afirma no la unidad sino la diferencia, y no alimenta y celebra las identidades nacionales sino las sub nacionales. ‘Una imagen recurrente de la identidad del liberalismo es la de un prisma', señala Lilla, ‘que refracta un solo haz de luz en sus colores constituyentes, produciendo un arcoíris. Esto lo dice todo'.

La inmigración es el tema perfecto en el cual los demócratas podrían demostrar que se interesan por la unidad e identidad nacional y que comprenden a los votantes para los cuales esto es un problema central.

Observemos el informe de los votantes del Fondo para la Democracia realizado luego de la elección del 2016. Si se comparan dos grupos de votantes, aquellos que votaron a Barack Obama en el 2012 y a Hillary Clinton en el 2016, y a aquellos que votaron a Obama en el 2012 y a Donald Trump en el 2016, la única mayor divergencia en la política es la inmigración.

En otras palabras, hay varios estadounidenses que son de lo contrario comprensivos con las ideas demócratas pero en algunos temas esenciales, principalmente la inmigración, piensan que el partido está muy alejado.

Y están en lo cierto. Tengamos en cuenta los hechos. La inmigración legal en Estados Unidos se ha expandido dramáticamente en las cinco últimas décadas. En 1970, el 4.7 por ciento de la población estadounidense era extranjera. En la actualidad es un 13.4 por ciento. Este es un gran cambio y es natural que haya causado algo de ansiedad.

La ansiedad es sobre algo más que trabajos. En su libro del año 2004 ‘¿Quiénes somos?' el académico de Harvard Samuel Huntington señaló que la escala, rapidez y concentración de migración mejicana a Estados Unidos luego de 1965 fue sin precedente en la historia del país y podría provocar una reacción violenta.

Declaró que Estados Unidos poseía más que una ideología fundadora; tenía una cultura que lo había moldeado poderosamente. ‘¿Acaso Estados Unidos sería el país que hoy es si en los siglos 17 y 18 no hubiese sido establecido por protestantes británicos sino por franceses, españoles o católicos portugueses?', preguntó Huntington.

‘La respuesta es no. No sería Estados Unidos; sería Quebec, México o Brasil'. Defendió algunos límites modestos en la inmigración y, sobre todo, un mayor énfasis en la asimilación.

Los demócratas deberían encontrar un término medio en la inmigración. Pueden luchar contra las soluciones drásticas de Trump pero también hablar en el lenguaje de la unidad e identidad nacional. Después de todo, el lema del país es ‘de muchos, uno', no al revés.

WASHINGTON POST