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22 de Oct de 2019

América

La rehabilitación de George W. Bush

Sus críticas durante la era Trump lo han convertido en un insólito aliado de los demócratas, que ahora tienen una opinión favorable del responsable de la invasión de Irak

Cuando el expresidente estadounidense George W. Bush (2001-2009) abandonó la Casa Blanca, su popularidad a nivel nacional era del 34%. El desastre de Irak y el colapso de la economía nacional habían golpeado duramente su gestión como mandatario, pero ocho años después solo bastó con que tuviese una opinión negativa del actual jefe de Estado, Donald Trump, para que su imagen fuese rehabilitada.

Más del 60% de los estadoundienses tenía una opinión desfavorable de Bush al terminar su periodo presidencial, en 2009, según revelaría un sondeo de la encuestadora Gallup. El porcentaje era aún más alto entre demócratas.

Pero la vida está llena de sorpresas. Ahora, el 51% de los demócratas tiene una percepción favorable del exmandatario estadounidense, de acuerdo con una encuesta de 2017 de YouGov. ¿Qué sucedió?

Estos resultados llegaban poco después de que Bush hubiese criticado las políticas migratorias de Trump durante su intervención en un foro de Nueva York, el pasado mes de octubre, reportaba The Hill .

Aunque ya desde 2016 Bush empezaba a tener una mejor imagen —probablemente debido a su pasatiempo de retratar líderes mundiales o veteranos que él envió a la guerra— su posición frente a Trump habría sido el factor decisivo.

Desde entonces, la imagen del jefe de Estado que ordenó la invasión de Irak, bajo la excusa de que dicho país contaba con armas de destrucción masiva, goza de una buena reputación.

Este impulso de popularidad lo llevó a ser invitado a programas como el de Jimmy Kimmel o Ellen DeGeneres. En el último, Bush participó de un jocoso baile junto a la anfritiona.

BASTA CON SER ANTI-TRUMP

En 2015, cuando los aspirantes republicanos a la Casa Blanca comenzaban su larga campaña para convertirse en el candidato presidencial del Partido Republicano, Francis Fukuyama decía, ‘comparado con Donald Trump, George W. Bush parece un modelo de estadista', recuerda la cadena RT .

La fórmula es sencilla: a ojos de los demócratas, cualquiera es mejor que Donald Trump. Incluso si ese alguien es Bush.

El propio Bush lo dijo durante una entrevista con The National Journal , ‘(Trump) me hace ver bastante bien, ¿no?'.

La conclusión es que el exmandatario solo tuvo que ofrecer una tímida crítica contra Trump para que su imagen fuese renovada y sus pecados olvidados.

‘Hemos visto el nacionalismo distorsionado en el nativismo, (y) olvidado el dinamismo que ha traído siempre la inmigración a Estados Unidos. Vemos una confianza cada vez menor en el valor de los mercados libres y el comercio internacional, olvidando que el conflicto, la inestabilidad y la pobreza surgen a raíz del proteccionismo', decía Bush durante su invervención en Nueva York.

Si bien Bush no mencionó a Trump entonces, el público estadounidense supo reconocer que los dardos estaban dirigidos hacia el actual mandatario.

La retórica contraria al jefe de Estado de Estados Unidos no apareció de manera espontánea en Bush. Surgió a raíz de los comentarios ofensivos que el actual presidente lanzó sobre su hermano Jeb Bush (excandidato presidencial) y contra su madre, Barbara.

A ello se suman las críticas que Trump lanzó sobre Bush por la invasión de Irak.

El presidente estadounidense ha llegado a comparar la decisión de invadir Irak con la de ‘tirar un gran ladrillo gordo a un nido de avispas'.

‘Aquí estamos, como los tontos del mundo, porque tuvimos políticos malos que manejan nuestro país por mucho tiempo', dijo el actual presidente estadounidense, reporta The Huffington Post .

Y con un tono sarcástico, Trump agregó: ‘Es un verdadero genio', en referencia a Bush.

BUSH Y SU LEGADO

La invasión de Irak en 2003, en la que perdieron la vida como mínimo unos 200 mil civiles, es una de las desaventuras más conocidas de la era de Bush hijo, y es tan solo la punta del iceberg de su legado.

Otra de sus perlas fue la aprobación en el Congreso, con mayoría abrumadora, de la ‘Ley Patriótica', luego de los atentados de las torres gemelas del 11 de septiembre de 2001.

Esta polémica legislación permitía al Estado acceder a la información privada de los ciudadanos estadounidenses, —pasando por encima de sus derechos constitucionales— bajo el argumento de que había que proteger a la nación del terrorismo islámico.

Bajo la gestión de Bush la CIA también llevó a cabo el polémico programa de torturas en la prisión de Guantánamo (Cuba), que fue sacada a la luz —no en su totalidad— durante el segundo mandato de Barack Obama (2009-2017). La revelaciones destaparon que al menos 25% de las víctimas de estas practicas eran inocentes.

Los demócratas parecen haber olvidado a su vez cuán ineficiente fue la administración de Bush durante la catástrofe que trajo el huracán Katrina a Estados Unidos.

Bush es responsable de introducir el controvertido programa de drones, el cual fue inyectado con esteroides durante el mandato de Obama.

LAVADO DE IMAGEN

El lavado de imagen no es un fenómeno inusual en el universo político. Y Estados Unidos no está excento.

De igual modo, durante la carrera electoral de 2016, muchos olvidaron que Hillary Clinton, la candidata demócrata a la presidencia, apoyó la invasión de Irak.

Es fenómeno sucede incluso fuera del ámbito político. Tal es el caso del famoso astro del básquetbol, Kobe Bryant, quien fue acusado de crimen sexual y violación de una empleada de un hotel en 2003.

Bryant se defendió admitiendo que si bien mantuvo relaciones con la víctima, aseguró que el acto fue consensuado, no obstante el público no se lo perdonó entonces.

Años más tarde, en 2010, todo sería olvidado cuando los Lakers se hicieron con el campeonanto, recuerda The Washington Examiner .

Pero quizás en el caso de Bush no se trate de amnesia, sino que más bien responde al antiguo proverbio: ‘El enemigo de mi enemigo es mi amigo'.