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09 de Apr de 2020

América

Complots, intervención electoral y teorías de la conspiración

Tanto Estados Unidos como Rusia han realizado intervenciones en elecciones democráticas.

Complots, intervención electoral y teorías de la conspiración
Donald Trump ha sido acusado incontables veces por los demócratas de ser una especie de títere de Vladímir Putin, muy a pesar de su dura retórica hacia Rusia.

Y a no es solo Rusia, China también ha sido acusada por el Gobierno de Estados Unidos (EE.UU.) de intentar intervenir en las próximas elecciones legislativas en las cuales Washington renovará a los miembros de su Congreso. Si bien esa retórica ha extendido la rusofobia al punto de que un presentador de CNN (Chuck Todds) argumentó que detrás de la reciente ola de paquetes bomba a figuras demócratas podría estar Moscú, intervenir en elecciones democráticas es una práctica bastante común pero que genera toda clase de teorías de la conspiración a su alrededor

‘Las personas desilusionadas por su estatus en la sociedad buscan diversos tipos de patrones a su alrededor, formas de justificar su lugar',

KEITH PAYNE

PSICÓLOGO

Esta retórica hace posible que el marxismo cultural sea responsabilizado del reciente tiroteo en una sinagoga de Pittsburgh o que la ola de paquetes bomba sea parte de un complot demócrata para ganar las elecciones legislativas, mas en lo que respecta a las intervenciones electorales tanto Rusia (y cuando era la Unión Soviética) como EE.UU. han buscado forzar un resultado que les sirva a sus intereses.

De acuerdo con un estudio realizado por el Instituto para la Política y Estrategia de la Universidad Carnegie Mellon, entre los años 1946 y 2000, EE.UU. influyó sobre 81 procesos electorales en más de 40 países del globo (incluido Panamá). Podrían ser más, pues este estudio no incluye casos como el de Irán (1953), cuando Washington ayudó a tumbar al presidente Mohammad Mosaddeq.

El estudio, realizado por Dov Levin se sustenta en documentos desclasificados de inteligencia estadounidense y reportes del Congreso de EE.UU. sobre las actividades de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés).

La mayoría de estos casos acontecieron durante la Guerra Fría y formaban parte de un esfuerzo para frenar el avance de los partidos de tendencia socialista o afines a la Unión Soviética; sin embargo, la práctica continuó una vez el bloque soviético se vino abajo en la década de 1990.

A inicios de este año, Jim Woolsey, exdirector de la CIA, afirmó durante una entrevista en Fox News , que la práctica todavía era de uso común, aunque él establecía que era siempre por una ‘causa justa', pero, ¿justa para quién?

Como ejemplo, en las legislativas palestinas de 2006 la administración de George W. Bush brindó un financiamiento de $2 millones a la Autoridad Nacional Palestina en detrimento de Hamas, el cual sin embargo terminó venciendo en las urnas a pesar de la presión estadounidense.

En aquel entonces, se reveló una grabación en la que la senadora por Nueva York, Hillary Clinton, admitía que se debió realizar un mejor trabajo en la intervención electoral palestina, según informaba The New York Observer .

Irónicamente, ella y su partido se quejarían años después de la intervención rusa en los comicios presidenciales de EE.UU. en 2016. Y es que según el estudio de Levin, los rusos habrían realizado unas 36 intervenciones electorales entre 1946 y el 2000, por ende Vladímir Putin no ha hecho más que dar seguimiento a una vieja práctica.

Steven L. Hall, quien sirvió en la CIA durante 30 años, dijo al diario The New York Times que los rusos no hicieron algo particularmente ‘bizarro' en 2016, a su vez agregó que EE.UU. también ha hecho lo mismo y espera que ‘continúe'.

INTERESES

De acuerdo con el estudio realizado por el Instituto para la Política y Estrategia de la Universidad Carnegie Mellon, entre los años 1946 y 2000 EE.UU. influyó sobre 81 procesos electorales en más de cuarenta países

Por su lado, los rusos habrían realizado unas 36 intervenciones electorales entre 1946 y el 2000. Por ende, Vladímir Putin no ha hecho más que dar seguimiento a una vieja práctica.

La práctica es la misma, no obstante, según exmiembros de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, en inglés), la diferencia entre Rusia y EE.UU. sería de ‘carácter moral'.

En ese mismo sentido Loch K. Johnson, quien fue investigador de la CIA y trabajó para el Senado, indicó al diario que la operación de hackeo ruso de 2016 se trataba de una práctica estándar que EE.UU. lleva empleando desde hace décadas.

Concretamente, Johnson admite que la CIA ha intervenido en elecciones desde 1947. Entonces se utilizaban ‘pósteres, panfletos, anuncios publicitarios, banners , lo que sea. Hemos sembrado información falsa en periódicos extranjeros. Hemos utilizado lo que los británicos llaman ‘caballería del rey George': maletas de dinero en efectivo'.

La diferencia entre Rusia y EE.UU., según estos ex miembros de la CIA es de carácter moral, pues de acuerdo a ellos Rusia ha intervenido para eliminar la democracia e instaurar un régimen autoritario. ¿Será? Como muestra, solo hay que recordar que la intervención iraní y guatemalteca durante la década de 1950 no trajo un régimen justo y democrático en reemplazo.

Sería más adecuado indicar que ambas intervenciones se diferencian únicamente en los intereses económicos y políticos que abanderan, de modo que ya sea lo haga Moscú o Washington la práctica no necesariamente debe c alificarse de justa o moral.

Como una ironía más por agregar, el estudio de Levin tiene en su lista la intervención de EE.UU. en las elecciones rusas de 1996. Y si eso es poco, en aquel entonces la Casa Blanca estaba regida por un demócrata, Bill Clinton, cuya administración favoreció la candidatura del expresidente Borís N. Yeltsin.

Transcripciones de conversaciones entre Clinton y Yeltsin revelan que el segundo incluso pidió al expresidente estadounidense que usara su influencia para obtener un préstamo millonario del Fondo Monetario Internacional, reporta The Intercept .

Existen, a su vez, modos más susceptibles de intervención, como el utilizar los medios de comunicación. Así lo expresó Johnson, pero EE.UU. no es el único. Cadenas como Telesur fueron creadas para contrarrestar con ideología de izquierda, la ideología de CNN y otras cadenas más favorables a la derecha ( NTN24 , etc.).

¿IRRACIONALISMO?

A pesar de estas tajantes declaraciones y de la evidencia existente, dichas operaciones quedan sujetas a la mirada interpretativa de los ciudadanos, que eligen en medio de un mar de información, de donde a su vez surgen toda clase de teorías conspirativas.

Se sienten guiados por un uso correcto de su raciocinio, pero el psicólogo de la Universidad de Carolina del Norte, Keith Payne, argumentó en una entrevista con Vox que estas creencias son el efecto de una creciente desigualdad social.

‘Las personas desilusionadas por su estatus en la sociedad buscan diversos tipos de patrones a su alrededor, formas de justificar su lugar y, a menudo, toman formas irracionales como las teorías de conspiración. Otras veces, toman formas más normativas como mayor devoción religiosa', explica Payne.

Contrariamente, los filósofos Maarten Boudry y Johan Braeckman presentan un ensayo en el que recogen abundantes estudios titulado ‘How Convenient! The Epistemic Rationale of Self-validating Belief Systems', en donde se establece que sistemas de creencia como la religión o ideologías políticas están lejos de ser irracionales.

Al menos es la propuesta de la teoría de la disonancia cognitiva; esta establece que cuando un individuo —que ha invertido tiempo en asumir su sistema de creencia— se ve enfrentado a evidencia que pone en duda su paradigma, estos intentan reducir la disonancia al racionalizar aquella información contradictoria.

‘La disonancia surge no tanto debido a dos cogniciones en conflicto, sino porque la evidencia adversa entra en conflicto con la autoestima de una persona competente y razonable', expone el ensayo.

Como ejemplo citan el estudio de Leon Festinger, quien (junto a sus colegas) se infiltró en un culto que proclamaba que el fin del mundo estaba cerca, pero cuando este no llegó, los que habían invertido más tiempo en el mismo se convirtieron en creyentes todavía más ardientes.

De hecho, apunta el ensayo, las mentes más brillantes son más susceptibles de ser absorbidas por estos sistemas de creencias. Por ejemplo, John Mack, un brillante psiquiatra de Harvard, está convencido de la existencia de los secuestros alienígenas.