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20 de Ene de 2022

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Todos los caminos conducen a Teherán

JERUSALÉN. El objetivo declarado de la primera visita a Medio Oriente de la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, fue contener...

JERUSALÉN. El objetivo declarado de la primera visita a Medio Oriente de la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, fue contener la aún potencialmente explosiva situación en Gaza y rescatar la “solución de los dos estados” en vísperas de la asunción de una administración derechista en Israel. Pero en la mente y en los labios de todos estaba también el tema del desarrollo nuclear de Irán.

Reunidos en Egipto para seguir de cerca los compromisos internacionales con la reconstrucción de Gaza tras la ofensiva militar israelí de enero contra Hamás, los cancilleres árabes liderados por Arabia Saudita estaban ocupados tratando de alejar a Siria de su alianza con Irán. Éste fue claramente también el objetivo cuando Clinton anunció desde Jerusalén, en el marco de su gira que concluyó el miércoles, que designaría dos enviados a Damasco para comenzar un nuevo diálogo con el presidente Bashar Al-Assad. Respondiendo a los temores israelíes sobre Irán, Clinton dijo que la posibilidad de que ese país obtuviera armas atómicas fue el tema central de sus conversaciones con los líderes árabes esta semana en el balneario egipcio de Sharm el Sheik, reunión originalmente planeada para “rescatar a Gaza”.

‘ESCUDO DE SEGURIDAD’

Fuentes israelíes la citaron diciendo que el objetivo de EEUU era formar un escudo de seguridad para contrarrestar la “amenaza nuclear” iraní, y que había prometido realizar consultas y coordinar con Israel las iniciativas sobre un futuro diálogo con Teherán. Pero ese diálogo, habría enfatizado, no significa aceptar un “Irán nuclear”.

Teherán, por su parte, intenta fortalecer todos sus lazos regionales y comprometerlos a apoyar a los palestinos en su necesidad de “seguir enfrentando a Israel”. Mientras Hamás, en Gaza, celebró ese respaldo, en la ciudad cisjordana de Ramalah, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, y Hillary Clinton adoptaron el miércoles una firme postura contra lo que calificaron de “intentos iraníes de intervenir Palestina”. En vez de ayudar, eso dañaría la causa palestina, sostuvo Abbas. Irán busca profundizar la división, precisamente en momentos en que Hamás y el movimiento Fatah dialogan sobre la posibilidad de un gobierno de unidad nacional, señaló el presidente.

RETÓRICA USUAL

Aunque en Jerusalén Clinton prometió un “inquebrantable” apoyo a Israel sin importar el tipo de gobierno que surja de las actuales conversaciones para formar una coalición, no sorprende que se haya sentido más cómoda en Ramalah ante el compromiso de los líderes palestinos con la solución de los dos estados (uno palestino y otro israelí coexistiendo pacíficamente), que con la fuerte renuencia del designado primer ministro israelí Benjamin Netanyahu a ese plan.

La insistencia estadounidense en la solución de los dos estados parece cada vez más una visión utópica y menos una política aplicable, según analistas. Algunos incluso la consideran sólo palabras. “La secretaria de Estado viene con el mismo mantra”, escribió el columnista Yoel Marcus, del diario israelí Haaretz. “Pero, por ahora, no funciona, ni con nosotros ni con los palestinos. ¿No tiene nada nuevo que ofrecer, Hillary?”.

De hecho, una nueva actitud de Washington parece estar a la vista. Además del acostumbrado compromiso con la seguridad de Israel, con sus aliados árabes en Medio Oriente y con la creación de un estado palestino, hay una necesidad palpable en Washington de desarrollar una serie de posturas unilaterales nacidas –aunque van más allá— de la “hoja de ruta a la paz” consagrada en la cumbre de Annapolis en 2007. Las iniciativas respecto del conflicto árabe-israelí parecen todas destinadas a asegurar que nada interrumpa el nuevo enfoque para contener a Irán.

EL VERDADERO OBJETIVO

El ex presidente George W. Bush adoptó lo que fue visto por la comunidad internacional como una postura unilateral de confrontación con Irán. El actual gobierno de Barack Obama, con respaldo de otras naciones, procura adoptar una perspectiva bilateral de diálogo. EEUU insiste ahora en que algunas de sus iniciativas sobre Palestina, como la creación de fundamentos administrativos, una economía real y un marco de seguridad para forjar un Estado, ya no dependerán del consentimiento israelí.

Clinton firmemente respaldó a la ANP “como el único gobierno legítimo del pueblo palestino”, una declaración orientada en gran medida contra Hamás, pero también como una suerte de oposición al escepticismo de la extrema derecha israelí de que “Israel no tiene socio palestino”. Y ése fue sólo uno de los mensajes a Netanyahu. Clinton no solamente dijo que “trabajar hacia la solución de los dos estados era inevitable”, sino que criticó la construcción de asentamientos judíos en Cisjordania y condenó la demolición de casas palestinas en Jerusalén oriental.

Más allá de si esta negativa a seguir avalando las violaciones cometidas por Israel pueda llevar a un cambio más amplio de sus políticas en Medio Oriente, Washington claramente busca asegurar que las acciones israelíes en los territorios palestinos no dañen su estrategia para contener efectivamente a Irán.