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26 de Jan de 2021

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Norcorea provoca a las potencias

BEIJING. El momento en que Corea del Norte decidió disparar su último cohete como una señal de fuerza fue más provocativo que el lanzam...

BEIJING. El momento en que Corea del Norte decidió disparar su último cohete como una señal de fuerza fue más provocativo que el lanzamiento en sí: ocurrió el mismo día en que Barack Obama daba un discurso llamando a acabar con las armas nucleares.

Acuciado por rumores de una lucha interna de sucesión y una pérdida de autoridad, el régimen norcoreano lanzó sorpresivamente el domingo un “satélite de comunicaciones”, aunque EEUU y sus aliados sostienen que se trata de un misil balístico de largo alcance capaz de llegar a Alaska. El lanzamiento desobedeció las resoluciones de la ONU que prohíben a Corea del Norte participar de cualquier actividad con misiles. Esto llevó a ese país estalinista a un completo aislamiento justo días después de que concluyera la cumbre del G-20 celebrada en Londres, en la que la comunidad internacional se comprometió a combatir unida la crisis financiera mundial.

Calificando la acción norcoreana de “provocación”, Obama dijo que Pyongyang había “ignorado sus obligaciones internacionales, rechazado los llamados inequívocos a la moderación” y se había “aislado aun más de la comunidad de naciones”. El mandatario se encontraba dando un discurso en Praga sobre sus objetivos de desarme nuclear. “Esta provocación revela la necesidad de un acción, no sólo esta noche en el Consejo de Seguridad, sino también en nuestra determinación a impedir la propagación de estas armas”, señaló. “Las reglas deben ser vinculantes, las violaciones deben ser castigadas, las palabras deben significar algo? Es el momento para una fuerte respuesta internacional”, añadió Obama. “Corea del Norte debe saber que el sendero a la seguridad y al respeto nunca se alcanzará a través de amenazas y armas ilegales”.

CHINA Y RUSIA INTERVIENEN

Pero el llamado a la acción de Obama fue frenado casi de inmediato por los pedidos de moderación y cautela de China y Rusia. Ambos países temen que sanciones internacionales puedan llevar al colapso a la ya tambaleante economía norcoreana y desestabilizar aun más la volátil península. La salud del aislado líder norcoreano Kim Jong Il, de 67 años, y su efectivo control del poder es motivo de preocupación de la comunidad internacional desde que sufrió un infarto en agosto de 2008. El canciller chino Yang Jiechi telefoneó a sus pares de Corea del Sur, EEUU, Japón y Rusia para intercambiar puntos de vista sobre el lanzamiento del domingo, según un comunicado oficial en Beijing. “Todas las partes deberían ver el panorama general” y “evitar tomar acciones que puedan exacerbar la situación”, dijo Yang. China “defiende las conversaciones para resolver el tema”, añadió.

Durante una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU en las últimas horas del domingo, en la que no se logró un acuerdo sobre una respuesta común al lanzamiento, el enviado de China también pidió cautela. “Creo que ahora estamos en un momento muy delicado”, dijo el embajador Zhang Yesui tras el encuentro.

La opinión de China es muy importante ya que es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU con poder de veto a las resoluciones, pero también porque es el más cercano aliado y socio económico de Pyongyang. Beijing provee aproximadamente 90% del petróleo con el que cuenta Corea del Norte, y responde por más de la mitad de su comercio exterior. Analistas creen que China ayudó a mantener a flote el régimen de Kim Jong Il durante años por temor a que su caída desestabilizara ese país, desatando una ola de refugiados y permitiendo la creación de una más fuerte Corea unificada a sus fronteras. Aunque Beijing mantiene públicamente el principio de no intervenir en asuntos internos de otros países, no ha descartado las expectativas de que la sociedad norcoreana pueda transformarse bajo instrucciones chinas que lleven a los líderes de Pyongyang a una mayor exposición ante el mundo exterior.

FRACASO DE LAS CONVERSACIONES

El abrupto reconocimiento del régimen norcoreano en 2002 ante un enviado estadounidense de que había avanzado secretamente en un programa de desarrollo nuclear, violando acuerdos existentes, llevó a China a tomar más acciones. Así, lanzó la ronda de negociaciones de las Seis Naciones, invitando a la mesa a Corea del Norte, Corea del Sur, EEUU, Japón y Rusia. Bajo un histórico acuerdo en 2007, Corea del Norte aceptó desmantelar su programa nuclear a cambio de asistencia energética y concesiones diplomáticas. Pero las conversaciones se frustraron en diciembre de ese año a causa de las fricciones sobre el proceso de verificación de desarme. Analistas chinos atribuyen el comportamiento de Pyongyang a la fuerte presión de Washington, Tokio y Seúl.

“El factor de la presión en las actuales circunstancias tensas de la península coreana es innegable”, escribió Lou Yang, investigador del Centro de Información Estatal en el periódico China Business Journal. “Sin evidencia para probarlo, EEUU y sus aliados obstinadamente insisten en que Corea del Norte iba a ensayar con un misil balístico. Incluso dijeron que hasta un satélite de comunicaciones violaría la resolución de la ONU, ya que Pyongyang estaría usando un cohete de largo alcance para alcanzar la órbita”, indicó. Por su parte, Shi Yinhong, investigador de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad de Renmin, en Beijing, dijo que Japón y EEUU podrían usar este lanzamiento como una excusa para una expansión militar en la región. “Fastidian como ‘la amenaza norcoreana’ con el fin de preparar el camino para un sistema de defensa anti-balístico”, dijo Shi. La actual respuesta oficial de China ha sido relativamente suave en comparación con la de 2006, cuando acusó a Pyongyang de haber realizado “flagrantemente” un ensayo nuclear desafiando la opinión internacional.