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13 de Apr de 2021

Mundo

Daño gigante y ayuda raquítica

ISLAMABAD. Más de 3,5 millones de niños corren el riesgo de contraer enfermedades mortales a raíz de las inundaciones en Pakistán, donde...

ISLAMABAD. Más de 3,5 millones de niños corren el riesgo de contraer enfermedades mortales a raíz de las inundaciones en Pakistán, donde las lluvias siguieron sin dar tregua ayer, agravando la ya precaria situación de 20 millones de damnificados.

El panorama es desalentador. Resulta impactante ver los ojos de inocencia de los niños bañados de lágrimas o de asombro preguntándose qué está pasando. Por qué llueve tanto... ‘Hasta 3,5 millones de niños se encuentran fuertemente expuestos al riesgo de enfermedades hídricas mortales ligadas a la diarrea, como la disentería’, afirmó Maurizio Giuliano, portavoz de la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), aludiendo asimismo al riesgo de hepatitis A y E y de tifoidea. Aunque, la principal preocupación es conseguir un agua limpia para evitar cualquier tipo de enfermedad hídrica. Sin duda, una tarea muy complicada dada la contaminación tan fuerte del agua. Para más inri, la ONU indicó el sábado un primer caso de cólera.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió ayer a la comunidad internacional que por favor, acelerasen el envío de ayuda a los 20 millones de damnificados. Según la ONU, se necesitan unos 460 millones de dólares para que la ayuda sea eficiente. Ahora, el mundo sólo mira a Pakistán donde las inundaciones han dejado ya 1.600 muertos. Una cuarta parte de un país de 167 millones de habitantes se ha visto afectada.

PROTESTAS

La desesperación y la impaciencia de los paquistaníes hacen que el trabajo humanitario sea todavía más complicado (tan sólo ha llegado un cuarto de ayuda). Las víctimas decidieron quemar palos y bloquear ayer una autopista como muestra reivindicativa de la poca ayuda de su Gobierno. El presidente paquistaní, Zardari, tiene un papel complicado y difícil de amarrar por los cuernos, al ser blanco de críticas por abandonar su país en medio del desastre.

‘Nos fuimos de nuestras casas sin nada y ahora estamos aquí sin ropa, sin comida y nuestros hijos están viviendo al lado de la carretera’, dijo el manifestante Gul Hasan agarrando fuertemente un gran palo.