Temas Especiales

24 de Nov de 2020

Mundo

Nigeria y las oportunidades perdidas

NIGERIA. Nigeria es el país más poblado de África. Con 167 millones de personas, uno de cada seis africanos es nigeriano. Con 923,000 ki...

NIGERIA. Nigeria es el país más poblado de África. Con 167 millones de personas, uno de cada seis africanos es nigeriano. Con 923,000 kilómetros cuadrados, apenas ocupa un modesto décimo tercer lugar en el ránking continental. Sin embargo, en cuanto a densidad de población, sólo es superada por estados isleños (Mauricio y Comoros) o insignificantemente pequeños (Ruanda y Burundi). Es el mayor productor de petróleo del continente (número 12 del mundo). Además, tiene inmensas reservas de otros minerales y en un pasado no muy lejano fue el mayor exportador mundial de maní y cacao, por nombrar algunos.

Nigeria es, entonces, el gigante de África: ningún país en África— y muy pocos en el resto del mundo— concentra de esa manera territorio, población y recursos, los tres pilares sobre los que se erige una nación fuerte y próspera —una potencia.

Lastimosamente, Nigeria es también un país azotado por todos los males que aquejan al tercer mundo y, en particular, a los países del África negra. Sus fronteras no obedecen a ningún patrón geográfico ni demográfico, sino a los intereses europeos del periodo pre-1914, quizás el período más mezquino, arrogante y destructivo de la historia Occidental. Como resultado de ésto, sus 250 etnias pueden ser divididas casi a la mitad entre un norte musulmán y un sur cristiano y animista.

Por si eso fuera poco, las circunstancias post-independencia dejaron al país gobernado por una élite que vio Nigeria como su finca personal, una infinita mina de oro para enriquecimiento personal. La mezcla de poblaciones y geografías tan diversas y una élite deprimentemente corrupta trajo a los invitados usuales: violencia, guerra, hambre, pobreza y corrupción endémica de la sociedad. La Nigeria de hoy es un país con cuerpo de potencia y mente de tugurio, un absurdo de esos que sólo existen en África.

Dos eventos recientes han traído la realidad nigeriana a la escena mundial. El primero, una huelga en todo el país, motivada por la decisión presidencial de retirar el subsidio gubernamental a la gasolina. El segundo, la creciente amenaza de un grupo radical islámico conocido como Boko Haram, que llegó a su clímax con una serie de ataques terroristas en la ciudad norteña de Kano —la segunda más grande del país— el 20 de enero. Los atentados dejaron casi 200 muertos.

UNIDOS POR EL SUBSIDIO

Por increíble que parezca, la falta de refinerías decentes hace que el mayor productor de crudo de África importe el 85% de su gasolina. Supuestamente para ayudar a los pobres, el gobierno empezó a subsidiar el 50% del precio, lo que trajo el enriquecimiento ilícito de las petroleras locales, que compraban gasolina subsidiada para venderla a precios internacionales en los países vecinos. Para acabar con ésta práctica, que dejaba un agujero de $8,000 millones anuales al Estado, el presidente Goodluck Jonathan abolió el subsidio el 1 de enero. El precio de la gasolina registró una drástica subida (de $1.51 a $3.33 por galón) y millones de nigerianos salieron a las calles. 16 personas murieron en enfrentamientos con la policía, e incluso el ejército tuvo que ser desplegado. Hubo una huelga general que paralizó a la economía, y poco más de dos semanas después Jonathan tuvo que acceder a un nuevo subsidio ‘temporal’ que fijó el precio en $2.27 por galón.

Por ahora, las protestas se han calmado, pero el incidente dice mucho de la inmensa desconfianza entre el público nigeriano y el aparato estatal. Cortar con una política que hacía al estado perder miles de millones, y de paso acabar con una mafia que jugaba un papel importante en la corrupción estatal sería, sin duda, una decisión acertada en cualquier país medianamente saludable. El dinero ahorrado podría ser invertido en carreteras, hospitales, educación o, por qué no, refinerías. El impacto sería duro en el bolsillo (el salario mínimo es de $110), pero a la larga sería beneficioso.

Pero no en Nigeria. Es verdad que el aumento drástico generó un descontento general, pero no lo es menos que no hay un sólo nigeriano que pensara que ese dinero iba a ser realmente usado para el bien público. Nigeria está acostumbrada a ver a sus líderes saquear el país. La drástica subida de precios movilizó como nada a un país poco acostumbrado a ver a todos sus ciudadanos de acuerdo en algo.

BOKO HARAM

La gran división norte-sur del país es el tema central del segundo evento que sacudió Nigeria en 2012. Los horrendos atentados de la semana pasada han dejado al descubierto la crudísima realidad de un país no sólo violado por sus gobernantes, sino también extremadamente desigual. Muchos analistas se han apresurado a ligar a Boko Haram, autores de los atentados, con el yijadismo internacional estilo Al Qaeda. Pero lo cierto es que Boko Haram representa la radicalización de una población abandonada por sus propios compatriotas. Basta echar una ojeada a los indicadores de riqueza, salud y educación para ver el lamentable estado en el que se encuentra el norte del país.

La radicalización de las poblaciones musulmanas menos favorecidas no es un fenómeno exclusivamente nigeriano. Sin embargo, los ataques de la semana pasada no estuvieron motivados por la desigualdad entre norte y sur. Al fin y al cabo, la ciudad de Kano está en el norte, y la mayoría de las víctimas fueron musulmanas. Boko Haram, fundado en 2002 en la región de Maiduguri, parece haber llegado a un nivel de organización en el que se siente capaz de hacerle la guerra al gobierno nigeriano. Particularmente, quiere venganza por los hechos de 2009, en los que una serie de ataques del gobierno terminaron con decenas de militantes muertos. Mohammed Yusuf, fundador del grupo, fue asesinado en custodia policial.

Más allá de eso, lo demás es especulación. Hay quien dice que Boko Haram desea derrocar al gobierno e instaurar una República Islámica, pero en varias ocasiones sus miembros han dicho que sólo desean que sus líderes y demás presos sean liberados. Hay quien incluso dice que sus miembros han recibido entrenamiento de Al Shabaab en Somalia, aunque ellos lo niegan. Lo único cierto es que Boko Haram es sólo una consecuencia natural del estado total de abandono y desprecio al que el gobierno de Abuja ha sometido históricamente al norte musulmán del país. Mientras no se mejoren éstas condiciones, grupos como Boko Haram o quizá peores seguirán destruyendo el tejido social del país, consumando a Nigeria como un enorme homenaje a las oportunidades perdidas.