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24 de Nov de 2020

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Obama recibe a Francois Hollande

WASHINGTON. Empañadas por la intriga de un triángulo amoroso europeo y encuadradas en una glamurosa recepción en la Casa Blanca, las con...

WASHINGTON. Empañadas por la intriga de un triángulo amoroso europeo y encuadradas en una glamurosa recepción en la Casa Blanca, las conversaciones políticas de ayer tes entre los presidentes de Estados Unidos y Francia promovieron una relación renovada, que en este momento resulta vital para los esfuerzos diplomáticos con Irán y Siria.

Hollande, en una visita de tres días, llegó por la mañana a la Casa Blanca donde fue recibido por El Presidente estadounidense, Barack Obama y la Primera Dama, Michelle Obama.

Los presidentes, abrigados en una fría mañana de febrero, escucharon los himnos nacionales interpretados por una banda militar.

‘Estados Unidos y Francia están trabajando juntos para afrontar numerosos desafíos globales’, dijo Obama.

‘Más países deben reforzar y asumir responsabilidades de liderazgo, y eso es lo que Estados Unidos y Francia están haciendo juntos’, manifestó el mandatario estadounidense.

Por su parte, el presidente francés destacó que París y Washington están juntos en la lucha contra el terrorismo, así como frente al cambio climático, la proliferación de armas de destrucción masiva, y los conflictos en Medio Oriente y África.

Ambos mandatarios acordaron la necesidad de aplicar las sanciones existentes contra Irán por su programa nuclear’. ‘Continuamos absolutamente unidos en nuestra meta última, que es evitar que Irán obtenga un arma nuclear’, declaró el líder demócrata.

No obstante, Obama y Hollande también deben abordar temas delicados como las denuncias de espionaje estadounidense en Francia.

La relación entre los viejos aliados ha mejorado paulatinamente después de caer a un bajo nivel hace una década, cuando el público y los políticos franceses se opusieron a la invasión de Irak promovida por Estados Unidos.

Ahora, con los estadounidenses cansados de la guerra, es Francia la que ha asumido una postura militar más enérgica en varias partes del mundo, que la Casa Blanca secunda de muy buena gana.