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31 de Ene de 2023

Mundo

Grandes potencias confían en sanciones que no funcionan

La ONU impone sanciones para mantener la paz desde el año 1966, sin embargo, estas requieren a veces demasiado tiempo para funcionar

Para refrenar a países desde Corea del Norte hasta Sudán, los poderes mundiales depositan su confianza en las sanciones de las Naciones Unidas que apuntan a forzar a gobiernos intransigentes a abandonar sus programas armamentistas, detener los ataques a sus civiles o respetar los resultados de las elecciones. Estas sanciones suelen fallar.

En marzo, el Consejo de Seguridad compuesto por 15 miembros votó a favor de endurecer las sanciones económicas en contra de Corea del Norte, país que actualmente representa uno de los regímenes más aislados del mundo, a causa de un lanzamiento de misiles y pruebas nucleares que violaron resoluciones previas de la ONU.

Pyongyang respondió con más lanzamientos, incluyendo una detonación desde un submarino el sábado.

Pocos analistas esperan que el líder Kim Jong-un, quien ha tolerado el hambre generalizada y la desnutrición entre su pueblo, abandone su programa armamentista antes de alcanzar la tecnología necesaria para lanzar armas nucleares al territorio continental de Estados Unidos.

Según el analista Moisés Naim, la ‘palabra sanción es antipática. Implica un castigo que alguien con poder (padre, profesor, jefe, juez) le impone a otro con menos poder, que no tiene más alternativa que someterse a él'.

ALGUNOS PAÍSES SANCIONADOS

Según los estatutos de la ONU, las sanciones buscan la paz

1966

La Organización de las Naciones Unidas impuso medidas contra Rodesia del Sur.

1970

Las ONU impuso sanciones a Suráfrica por razón del régimen racista.

2011

Las ONU dicto un embargo de armas y otro de material bélico contra Libia.

1997

Sudán fus sancionado por promover la violencia en la región de Farfur occidental.

La prueba más esgrimida comúnmente contra las sanciones es el embargo de EE UU a Cuba, que comenzó en 1960 y solo ha servido para ‘dar a los hermanos Castro medio siglo de excusas con las cuales justificar la bancarrota de su isla', dice Naim.

En contraste, uno de los muy pocos casos de sanciones internacionales que lograron su objetivo ocurrió en Sudáfrica en 1986. El Congreso de EE UU impuso severas sanciones económicas a ese país hasta que aboliera el apartheid y liberara a Nelson Mandela, entre otras condiciones. Europa y Japón se unieron al castigo.

El embargo causó estragos en la economía sudafricana, lo que llevó al Gobierno de entonces a reformar sus leyes segregacionistas.

Pero esta es una excepción. Y aunque la presión de las sanciones económicas es reconocida por haber ayudado a negociar un acuerdo nuclear con Irán, tal resultado tardó casi una década en realizarse. La mayoría de los ejemplos son menos positivos.

‘Las sanciones han fallado en el logro de sus objetivos e incluso los casos exitosos tienen un resultado variado', dijo Daniel Wagner, director de la consultora Country Risk Solutions.

‘Los países han encontrado formas de eludir las sanciones y contrarrestarlas'.

El Consejo de Seguridad en abril renovó por un año sanciones que establecen la congelación de activos de Sudán del Sur y la prohibición de viajar a ese país.

Los miembros deben ser pacientes: el Consejo impuso sanciones al país vecino Sudán por 13 años.

El presidente sudanés Umar al-Bashir, primer presidente en ejercicio acusado por la Corte Penal Internacional por promover la violencia en la región de Darfur occidental, mantiene su postura desafiante.

Unos 16 países se han sometido a las sanciones de la ONU en esta década, el doble del número registrado en los años noventa.

Los países no deberían confiar en ver las sanciones como una solución mágica, dijo Jacob J. Lew, secretario del Tesoro de Estados Unidos.

‘Debemos cuidarnos del impulso de imponer sanciones demasiado a la ligera o en situaciones donde tendrán un mínimo impacto', dijo Lew.

‘Y debemos estar conscientes del riesgo de que el uso excesivo de sanciones podría debilitar nuestra posición de liderazgo dentro de la economía global y la eficacia de nuestras propias sanciones'.

A fines de la década de los noventa y en los años 2000, las sanciones contra Irak y la probabilidad de una guerra con Estados Unidos no lograron convencer a Saddam Hussein de abrir completamente las puertas de su país a los inspectores de armamentos de la ONU.

Cuando Estados Unidos y sus aliados invadieron, no se encontró ningún programa de producción de armas de destrucción masiva y Estados Unidos quedó atrapado para convertirse en una fuerza de ocupación. Las sanciones se han vuelto más sofisticadas desde entonces, dijo Lew.

El programa ‘Petróleo por alimentos' establecido en Irak para ayudar a ciudadanos comunes aunque apuntando al gasto militar, ‘no fue muy efectiva', dijo Lew, ya que ‘en vez de dar apoyo por razones humanitarias, terminó enriqueciendo a muchos compinches de Saddam'.

Las sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se fundamentan en el Capítulo VII de la Carta relativa a ‘la acción en caso de amenaza contra la paz, de ruptura de la paz y de acto de agresión'.

El recurso a las sanciones, previsto explícitamente por el artículo 41, permite al Consejo de Seguridad pedir a los Estados miembros que apliquen medidas coercitivas con el fin de hacer efectivas sus decisiones y contribuir de este modo al mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales.

Desde las primeras medidas adoptadas contra Rodesia del Sur en 1966 y Sudáfrica en 1970, el Consejo de Seguridad ha recurrido cada vez más y en situaciones cada vez más variadas a las sanciones: intervención en un conflicto armado, desbloqueo de un proceso político, lucha contra la proliferación de armas de destrucción masiva o lucha contra el terrorismo.