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23 de Sep de 2019

Mundo

Tiananmen y el terror del Partido Comunista chino a perder hegemonía

Las primeras revelaciones de las decisiones de la cúpula comunista se conocieron a través de los Tiananmen Papers, publicados en el 2001

Activistas encienden velas para conmemorar el 30 aniversario de la matanza de Tiananmen de 1989.

Las protestas que sacudieron Pekín y otras 400 ciudades chinas entre abril y junio de 1989 fueron provocadas por un hecho fortuito: la muerte el 15 de abril de Hu Yaobang, secretario general del Partido Comunista de China (PCCh) , destituido dos años antes por sus intentos reformistas.

Estudiantes y trabajadores que reconocían su defensa del liberalismo económico y político, le rindieron homenaje llevando coronas de flores al monumento a los Héroes de la Revolución en la plaza Tiananmen (hanyu pinyin, en chino, que irónicamente significa Puerta de paz del cielo). Rápidamente las manifestaciones de duelo se convirtieron en protestas a escala nacional demandando que se honrara el legado de Hu con apertura democrática, libertades civiles y el fin de la corrupción oficial.

Las manifestaciones se transformaron en un movimiento ciudadano que llegó a reunir un millón de personas en el corazón político de la capital china con banderas, pancartas y tiendas de campaña. En un ambiente de festival construyeron una estatua a la Diosa de la Democracia.

Con los vientos de cambio que ya soplaban sobre Europa del Este, el líder soviético Mijaíl Gorbachov anunció su visita oficial a Pekín el 15 de mayo de ese año para participar junto a Deng Xiaping —quien sucedió en el poder a Mao Tse-Tung tras su muerte en 1976— en la primera cumbre en tres décadas.

Gorbachov —cuya visita selló la reconciliación entre las dos potencias comunistas después de 40 años de desconfianza mutua y enfrentamientos armados— inició un proceso de transformaciones políticas y proclamó ante los líderes chinos que ‘las reformas económicas no funcionarán a no ser que estén respaldadas por una transformación radical del sistema político'.

Deng siguió el camino opuesto al de Gorvachov. La elección fue reprimir a los manifestantes de Tiananmen, para asegurar la estabilidad y continuidad del régimen.

Riesgo de perder hegemonía

Las primeras revelaciones de las decisiones de la cúpula comunista se conocieron a través de los Tiananmen Papers, publicados en el 2001. Se documentó que el movimiento de protesta alcanzó 400 ciudades, incluidas todas las capitales de provincias, y movilizó 100 millones de chinos. Eso aterrorizó al régimen y lo llevó a lanzar una brutal represión militar.

En ocasión del 30 aniversario de aquella masacre, la editorial New Century Press publicó El último secreto: los documentos definitivos de la represión del 4 de Junio.

El libro rescató actas de la reunión ampliada del Buró Político del PCCh en la que se respaldaron y legitimaron dos decisiones capitales. La de utilizar al Ejército Popular de Liberación (EPL) para aplastar la protesta y la de defenestrar al secretario general, Zhao Ziyang, quien promovió el diálogo con los manifestantes y se opuso al uso de la fuerza. Estuvo bajo arresto domiciliario durante 16 años hasta su muerte en el 2005.

Para Bao Pu, editor de New Century Press, hijo de un importante asesor del defenestrado Zhao, el ‘principal secreto' que revelan las actas de aquella reunión de cierre de filas es ‘el mecanismo que tiene el partido para que sus miembros dejen de lado sus propias creencias y convicciones morales y obedezcan al líder número uno'. Al final, todos olieron el peligro y se alinearon tras las decisiones de Deng. Nunca más se le permitiría a un movimiento popular tratar de debilitar el dominio del PCCh.

El actual líder chino, Xi Jinping, de acuerdo a analistas del diario El País, tiene la tarea de culminar las transformaciones para hacer de China el país grande y poderoso que ansiaba Deng. Pero se ha distanciado de su antecesor al aumentar la supremacía del PCCh sobre todos los aspectos de la sociedad, dando prioridad a la lealtad acrítica sobre la competencia o el debate democrático, y sustituyendo la tradicional modestia por un desmedido activismo internacional.

El asalto militar

Entre la noche del 3 de junio y la madrugada del 4 de junio se lanzó un asalto militar a gran escala sobre Tiananmen, con 300,000 soldados y tanques, apoyados por helicópteros y francotiradores. El EPL asumió el papel de una fuerza invasora en su propia capital.

En una reunión con los embajadores de Canadá y Reino Unido, posterior a la masacre, Li Zhiyun, jefe político de la Trigésima Octava División del EPL, aseguró que no habían disparado a nadie y que fueron ‘balas perdidas' las que acabaron con la vida de 200 personas, el saldo oficial.

Mensajes cifrados enviados a Londres horas después de la matanza de Tiananmen por el embajador británico Allan Donald, que participó en esa reunión, describieron otra versión de los hechos. Un miembro anónimo del Consejo de Estado del régimen chino, cuyo nombre fue borrado del texto por motivos de seguridad, le reveló a Donald que la masacre se cobró al menos 10,000 muertos.

Esas estimaciones se ajustan a las proporcionadas en 2014 por documentos desclasificados en los que Estados Unidos que cifró el número de muertos en 10,454 y los heridos en más de 40,000.

Según la fuente del embajador británico, los responsables directos de la masacre fueron los integrantes de la Vigésimo Séptima División del EPL, con sede en la región de Sanxhi, analfabetos en un 60% y considerados bárbaros. ‘No se les informó de nada durante 10 días y simplemente se les comunicó que iban a participar en un ejercicio televisado', describió el diplomático.

El EPL recibió luz verde para ejecutar la operación la noche del 3 de junio y ésta se desarrolló en cuatro fases, con la participación adicional del EPL de la región de Shenyang. En total, fueron ‘27 vehículos acorazados' los que abrieron fuego contra la multitud ‘antes de arrollarla', escribió Donald.

‘Los arrollaron una y otra vez hasta que hicieron un 'pastel de carne' con ellos. Los restos fueron recogidos por una excavadora, incinerados y tirados por el desagüe. A 1,000 supervivientes les dijeron que podían escapar antes de acribillarlos con ametralladoras desde posiciones fijas', según la información del embajador británico. Así se evaporó el sueño de reformas y democracia de toda una generación de chinos.

Acción políticamente correcta

En un sorprendente reconocimiento público en un reciente foro regional de seguridad en Singapur el actual ministro de Defensa chino, Wei Fenghe, declaró que ‘el incidente fue un disturbio político y el gobierno central tomó medidas para detenerlo, lo cual es la política correcta'. Afirmó que debido a esa acción ‘China ha disfrutado de estabilidad y desarrollo'.

Esa postura abonó la versión de que se trató de una conspiración occidental para debilitar y dividir a China, lo que justificó la represión militar como necesaria para la estabilidad y la prosperidad, y allanar el camino para el ascenso de China.

En la víspera del pasado 4 de junio, el tabloide estatal Global Times elogió la respuesta del régimen, calificándola como una ‘vacuna' para la sociedad china. ‘Tiananmen inmunizó a China contra las turbulencias, contra cualquier agitación política importante en el futuro'.

Cada año el régimen comunista aplica una mayor dosis de esa vacuna de olvido y pretende colocar una lápida cada vez más gruesa sobre los crímenes cometidos en Tiananmen.

Cuando se acerca el 4 de junio, la maquinaria de censura más grande del mundo duplica sus esfuerzos con su enorme red de algoritmos automáticos y millones de expurgadores humanos para limpiar de internet cualquier referencia directa o indirecta sobre la matanza que todavía conmueve a la humanidad.

El objetivo es que la generación pasada no recuerde, e impedir que la nueva generación tenga posibilidades de saber lo que pasó.

Inversión en estabilidad

China ha convertido la estabilidad en su principal objetivo. Destina recursos a su seguridad interna similares a su presupuesto de defensa. El gasto en seguridad interna fue de $197,000 millones en el 2017. Mientras que el presupuesto militar ese mismo año fue de $228,000 millones.

Ninguna manifestación dura demasiado ni alcanza grandes dimensiones: el control de las redes sociales y los sistemas de vigilancia urbana se encargan de neutralizarlo.

En 2016 China contaba con 176 millones de cámaras de vigilancia. Para 2022, según la compañía española de análisis de datos IDC, esa cifra podría llegar a los 2,760 millones, casi dos por persona.

No son solo cámaras. Las empresas y los centros de investigación chinos han apostado por tecnologías de reconocimiento facial, de voz o incluso de la forma de caminar. Combinan avances en inteligencia artificial para crear sistemas capaces de identificar amenazas contra la estabilidad del régimen.

La nueva ley de Ciberseguridad, que entró en vigor el año pasado, obliga a las empresas a almacenar todos sus datos sobre usuarios chinos y a tomar medidas para ‘interrumpir de inmediato la transmisión' de contenido prohibido.

A pesar del manto de censura y la autocensura, algunos en China intentaron publicar mensajes de recuerdo crípticos. Si bien los censores se apresuraron a eliminar las publicaciones en WeChat Moments, similar a Facebook, algunos lograron burlar esos controles. Hubo poemas, canciones y fotos de la plaza de Tiananmen en tiempos más felices, informó The New York Times.

Legado de Tiananmen

Sin duda el 4 de julio de 1989 fue uno de los días más oscuros de un siglo que tuvo muchos días oscuros.

Después de Tiananmen —y a contracorriente de la ola democratizadora en la mayor parte del bloque comunista, tras la caída del muro de Berlín aquel mismo año—, comentó El País, el Estado y la sociedad china acordaron un contrato social no escrito. Los ciudadanos se abstendrían de inmiscuirse en la política y el Estado les proporcionaría una vida lo mejor posible. Pocos creen en la necesidad de una democracia, y un número aún menor, lo manifiesta en público.

Al emplear la aplastante fuerza militar, el régimen chino no solo destrozó a los manifestantes sino a toda la nación y la postró en una sumisión total. La conmoción fue tan completa que la gente simplemente teme hablar de Tiananmen, ya no piensa más en potenciales reformas políticas, impulsadas desde abajo hacia arriba.

‘El legado de Tiananmen no es algo que pertenezca a China o al pueblo chino solo. Pertenece al mundo. El anhelo de los seres humanos por la libertad y la búsqueda de la verdad y la justicia no tienen fronteras. La represión militar del 4 de junio de 1989 violó el núcleo de nuestra humanidad compartida', opinó The Guardian .

‘Fue un momento verdaderamente importante y simbólico para la historia moderna de China —destacó—, y en muchos aspectos para el resto del mundo. Pero todavía está demasiado reciente. El significado real, el fantasma del 4 de junio en Tiananmen todavía se están revelando'.