28 de Sep de 2021

Mundo

El científico que redujo el hambre en China, despedido como un héroe

Yuan consiguió acabar con algunas de las necesidades alimentarias de la nación más poblada del mundo

Yuan Longping
El científico chino Yuan Longping muestra un cultivo experimental de arroz híbrido.EFE

China despidió este lunes como a un héroe al científico Yuan Longping, que contribuyó a sacar a millones de personas del hambre en los años setenta con su arroz híbrido y que falleció el pasado sábado a los 90 años.

Nacido el 7 de septiembre de 1930 en Pekín, Yuan consiguió acabar con algunas de las necesidades alimentarias de la nación más poblada del mundo, además de proveer de comida "a una quinta parte de la población mundial", según describe la prensa local, pese a contar con menos del nueve por ciento de la tierra cultivable del planeta.

El descubrimiento, en 1970, de un tipo de arroz silvestre en la isla meridional de Hainan fue el primer paso en sus pesquisas, que culminaron cuando logró cruzar dicha especie con otras dos para cultivar la primera variante híbrida del cereal.

Gracias a este hallazgo, la producción de arroz se elevó en un 20 % a lo largo de aquella década, lo cual sirvió para alimentar a unos 70 millones de personas más al año en China.

Yuan logró también que el área de siembra acumulada de arroz excediera los 16 millones de hectáreas con una producción total de 658.000 millones de kilos del grano en 2018, casi cinco veces más que en 1949, según la agencia estatal Xinhua.

Sus innovaciones llegaron algunos años después de la aciaga campaña del Gran Salto Adelante (1958-61) de la época maoísta, dirigida a transformar la tradicional economía agraria a través de la colectivización y a impulsar la producción del acero y que provocó una hambruna que causó la muerte de millones de personas.

"He visto escenas desgarradoras de personas muriendo de hambre en el camino", dijo el propio Yuan, citado por Xinhua, sobre aquellos años de fallecimientos por inanición en el país asiático.

DESPEDIDA CON TODOS LOS HONORES

A lo largo de los años, Yuan continuó trabajando sobre nuevas cepas y creando estrategias para mejorar su "súper-arroz" hasta producir 15 toneladas por hectárea en 2014, hazañas que le valieron, cinco años más tarde, la Medalla de la República, el mayor honor concedido en China, por su contribución a la seguridad alimentaria, al desarrollo científico de la agricultura y al aumento de la producción mundial de comida.

En sus últimos años, Yuan logró desarrollar una variedad baja en cadmio que pudo reducir en 90 por ciento la cantidad promedio del metal presente en el grano en áreas que sufren contaminación.

Sus más de cinco décadas de investigaciones le convirtieron a en un rostro familiar en China --su reconocimiento en el país le supuso el honor de ser elegido como uno de los portadores de la antorcha olímpica de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008-- y en los últimos días han sido muchos los ciudadanos chinos que le han rendido tributo.

"Hemos venido desde muy lejos para despedirnos de él. He venido con mi hijo para que aprenda de su importancia", comentó a la cadena CCTV una mujer que acudió a la capilla ardiente en la ciudad de Changsha, en el centro del país, donde falleció.

Las aglomeraciones para despedirse del "abuelo Yuan" provocaron hoy kilométricos atascos en esta localidad, lo que llevó a muchas personas a bajar de los vehículos para continuar a pie hasta el velatorio para despedirse, relata la prensa local.

"China y mucha otra gente en el mundo pudo llenar su cuenco de arroz gracias a él", afirmó otro ciudadano al diario China Daily.

Pero Yuan no ha trascendido sólo por acabar con la escasez que durante tantos años amenazó a China: sus esfuerzos en la lucha contra la hambruna tuvieron ambiciones globales y, desde la década de los 80, prestó ayuda y capacidad a unos 30 países de África, América y Asia para que mejoraran el rendimiento de sus cultivos de arroz.

"El arroz híbrido nació en China pero le pertenece a toda la humanidad", afirmó Yuan en una ocasión respecto a su hallazgo.

Por: Jesús Centeno