Muchas dudas en La Habana

¿QUÉ SE DISCUTE?. Lo que está acordado es clarísimo, dice el gobierno: hay un documento común, cuyo objetivo es llegar, ‘de manera expe...

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¿QUÉ SE DISCUTE?

Lo que está acordado es clarísimo, dice el gobierno: hay un documento común, cuyo objetivo es llegar, ‘de manera expedita y en el menor tiempo posible’ a un acuerdo que ponga fin al conflicto armado, a través de la discusión de cinco temas: desarrollo agrario integral, participación política, fin del conflicto, solución al problema de las drogas ilícitas y víctimas. Un momento, han dicho las Farc: el preámbulo de ese documento habla del papel de la sociedad, los derechos humanos, el desarrollo económico con justicia social y el desarrollo social con equidad y bienestar, y ‘cualquier punto que se aborde del acuerdo implica un desarrollo en el que se incluya considerar’ estos temas. Para ellas, la negociación debe ser en torno a cómo poner fin a las causas que generaron el conflicto (armado, social y político). Tras este cruce de declaraciones puede haber lógicas diferencias de interpretación del texto, materia de negociación.

UN LIMBO DE TRES MESES

El Acuerdo general para la terminación del conflicto se firmó el 26 de agosto, en La Habana. Que la negociación en torno a ese documento empiece casi tres meses después de haberlo suscrito, es sintomático. Más allá de a qué deba atribuirse esta tardanza, para una negociación que el gobierno aspira que dure ‘meses’, un trimestre no es de poca monta. Además, la demora ha surtido el paradójico efecto de añadir una inesperada fase de transición al proceso. En esa transición no solo salieron a flote diferencias de interpretación entre el gobierno y las Farc. La guerrilla aprovechó para llenar el espacio político con pronunciamientos que, desde hace una década, no tenían eco en los medios.

LOS TIEMPOS DE LA SELVA Y DE LA POLÍTICA

Una diferencia que puede volverse clave el año entrante, es en torno a los ritmos que las partes esperan imprimir a la negociación. Hay un evidente contraste entre los tiempos de la selva que manejan las Farc y las urgencias del tiempo político y de opinión en el que debe moverse el gobierno. Este ha hablado de un proceso de meses; las Farc han dicho que no ponen plazos al proceso y han dejado entrever que si ponerse de acuerdo en la agenda tomó año y medio, la negociación podría necesitar más.

TRES FASES Y UNA SOLA SOCIEDAD CIVIL

No deja de ser revelador, también, que la primera demora en el calendario acordado para iniciar negociaciones haya sido provocada por la discusión sobre cómo participará la sociedad civil. Se supone que esta era nula en la fase exploratoria, de conversaciones secretas; limitada durante la fase de negociación, y más directa en la tercera fase, la de implementación de los acuerdos que se logren, cuando la sociedad tendrá, entre otros, un papel en la verificación de los acuerdos. Ese es el ritmo previsto. Se acordó una agenda y en torno a ella se negociará cómo poner fin al conflicto. Si todo sale bien, una vez alcanzado el acuerdo final, las partes iniciarían el cumplimiento de sus compromisos: el gobierno, arrancando cambios y reformas, y las Farc, emprendiendo la dejación de armas y su reintegración a la vida civil. Un punto fuerte de debate ha surgido en torno a cómo participará la sociedad civil en la fase de negociación. Las Farc insisten en una participación más activa de la sociedad, eventualmente con el envío de delegados a La Habana.

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