El primer recorrido de prueba del monorriel, desde Patio y Talleres hasta Ciudad del Futuro, se registró la tarde del lunes 13 de abril, con esta prueba...
- 18/09/2010 02:00
Me enteré por amigos que se están vendiendo recientemente ejemplares de la Constitución en librerías de la isla de Cuba, algo que me parece una idea excelente para que los ciudadanos conozcan los deberes y derechos que ésta les otorga.
Eso me dio la idea de acudir a la que tenía guardada en mi librero. Entonces me sorprendí con una frase que aparece en el Artículo 32 del Capítulo II, el que habla sobre la ciudadanía. Resulta que la Ley de Leyes —de obligatorio cumplimiento por todos los cubanos— dice que ‘No se admitirá la doble ciudadanía. En consecuencia, cuando se adquiera una ciudadanía extranjera, se perderá la cubana’. El artículo parece claro, pero la interpretación de las autoridades es sorprendente.
Cuando los nacidos en Cuba adquieren otra ciudadanía, los obligan a mantener la cubana al exigirles un pasaporte nacional como condición para entrar o salir de la isla. Las cosas se han puesto aun más complicadas a partir de la Ley de la Memoria Histórica, aprobada por Madrid, gracias a la cual alrededor de 200 mil cubanos, nietos de españoles, podrán obtener la ciudadanía de la ‘Madre Patria’. Entonces, si se respeta el espíritu y la letra de la Constitución de la República, todos estos nuevos europeos deberían perder la ciudadanía cubana y abandonar la isla o vivir en ella con los mismos derechos y deberes de cualquier otro extranjero. Esto tendría evidentes ventajas para ellos, por ejemplo, no necesitarían pagar U$150 por una Carta de Invitación para poder salir del país, se les permitiría comprar automóviles legalmente y tendrían acceso a Internet en su domicilio.
Claro que también estarían obligados a pagar la Salud Pública y la Educación, no podrían tener propiedades inmobiliarias (salvo en los nuevos campos de golf) y perderían la posibilidad de ocupar cargos políticos y de gobierno. Incluso éstos también tendrían vetado el acceso al Partido Comunista (PCC) porque en el Artículo 1 de sus estatutos se especifica que los militantes deben ser ciudadanos cubanos, lo que provocaría la separación de miles de personas. Si entre los miembros del PC cubano se mantiene el porcentaje de nietos de españoles que existe en el resto de la sociedad, la organización política se vería obligada a dejar fuera de sus filas a más de 10 mil adherentes.
Sé que podría parecer una simple especulación pero he comprobado que en las bases se empezó a separar a los miembros que confiesen que ya son españoles o que están tramitando la ciudadanía de sus antepasados. He hablado con varios militantes que fueron excluidos de las filas del Partido por este motivo y coinciden en que el proceso se produce sin agresiones, pero siempre obligándolos a elegir entre la militancia comunista y la ciudadanía española. Finalmente, todos con los que hablé terminaron dejando el Partido. Uno de ellos me confesó que fue un alivio abandonar las filas sin grandes conflictos pero los demás afirman que optaron por la ciudadanía solo por motivos económicos y la facilidad para viajar.
Otros se sienten muy marginados. Uno de ellos dedicó su vida a trabajar por la Revolución. Hoy habita una casa muy humilde, no tiene automóvil y depende de una ínfima jubilación para comer, a pesar de lo cual continúa defendiendo las mismas ideas.
Con ello pienso que existe un conflicto legal. Si estos nuevos españoles son obligados a usar pasaporte cubano para viajar es porque se les considera ciudadanos de Cuba y por lo tanto, deberían mantener todos sus derechos, entre otros el de ser militantes del PC. Tengo incluso la impresión de que existe un conflicto legal. Si estos nuevos españoles son obligados a usar pasaporte cubano para viajar es porque se les considera ciudadanos de Cuba y por lo tanto deberían mantener todos sus derechos, entre otros el de ser militantes del PC.
Es paradójico que esto genere tanto conflicto político en un país en el que el principal jefe militar de la lucha por la independencia fue dominicano y uno de los más destacados líderes de la revolución de 1959 era argentino, El Che Guevara.
¿Y entonces qué? Pregunta el ciudadano común. ¿Somos o no somos? Se perderán partidarios y defensores por absurdas y burocráticas medidas en tiempos modernos.