Una reunión con Trump, un aviso que nunca llegó y la caída del canciller de Costa Rica

Manuel Tovar estaba en Nueva York, al frente de la delegación costarricense ante Naciones Unidas, cuando Laura Fernández decidió destituirlo. La Estrella de Panamá tuvo acceso a la convocatoria original de la reunión del Escudo de las Américas: Donald Trump no figuraba inicialmente entre la agenda, quien convocaba era Rubio. Su nombre apareció después. Para la Presidencia, el problema fue lo que ocurrió a partir de ese momento

Manuel Tovar llegó a Nueva York como canciller de Costa Rica y jefe de la delegación de su país ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Este jueves dejó de serlo.

La presidenta Laura Fernández ordenó su destitución inmediata, apenas 139 días después de haberlo nombrado, por no haberle informado de una reunión del Escudo de las Américas en la que terminó participando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su salida lo convierte en el canciller costarricense que menos tiempo ha permanecido en el cargo desde la fundación de la Segunda República, en 1948.

Pero la secuencia que terminó con su caída comenzó antes de que Trump entrara en escena.

La Estrella de Panamá tuvo acceso a la tarjeta de convocatoria distribuida para la reunión del martes 22 de septiembre. En la programación original estaba previsto que el encuentro fuera encabezado por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. El presidente no aparecía en esa primera agenda.

Horas antes de la cita hubo un cambio.

La programación fue actualizada y Trump apareció con una intervención prevista para las 2:15 de la tarde, durante 30 minutos.

Una fuente de Naciones Unidas explicó a este diario que Costa Rica, como todos los países convocados, no conocían inicialmente que el mandatario estadounidense participaría, circunstancia que permite entender por qué Laura Fernández no fue advertida desde el momento en que se cursó la primera convocatoria.

El problema, según fuentes de la Presidencia costarricense consultadas por La Estrella de Panamá, vino después.

Cuando la agenda cambió, tampoco llegó a Casa Presidencial un aviso urgente de que Tovar entraría a una reunión con Trump, una consulta sobre alguna prioridad que Fernández quisiera transmitir ni una llamada posterior para explicarle lo sucedido.

La presidenta terminó enterándose por los medios, de acuerdo con esas fuentes.

“No hubo un ‘urgente, entro a reunión con Trump’ o un ‘¿alguna prioridad?’, ni siquiera una llamada posterior”, explicó una fuente conocedora de lo ocurrido.

Ese silencio terminó pesando más que la propia reunión.

Fernández defendió este jueves su decisión y sostuvo que existen “errores que no se pueden pasar por alto”. También se disculpó públicamente con la embajadora de Estados Unidos en Costa Rica, Melinda Hildebrand, por no haber participado en la sesión. Presidencia responsabilizó a Tovar de no trasladar oportunamente la información sobre la cita.

La Cancillería costarricense, sin embargo, sí informó después del encuentro que Tovar había encabezado la delegación del país en el Escudo de las Américas. En ese comunicado ya se identificaba a Trump como participante y se detallaban los asuntos tratados durante la reunión.

La controversia tiene un antecedente que añade otra capa al episodio.

Fernández había decidido desde julio que no viajaría a la Asamblea General. En una entrevista concedida, a La Nación el 21 de ese mes explicó que prefería permanecer en Costa Rica atendiendo asuntos de seguridad y proyectos de inversión y que había tomado esa decisión junto con Tovar y su equipo. La representación del país quedaría, por tanto, en manos del canciller.

Tras su destitución, el exministro evitó abrir una disputa pública con la presidenta. En un mensaje difundido este jueves calificó como “el honor más grande” de su vida profesional haber servido como ministro de Comercio Exterior y canciller, agradeció a Fernández la oportunidad y dijo asumir el momento “con mucha paz”.

También dejó constancia de lo que, a su juicio, estaba en juego durante su presencia en Naciones Unidas: la candidatura de la costarricense Rebeca Grynspan a la Secretaría General del organismo.

Tovar escribió que la Semana de Alto Nivel reflejaba la importancia del momento internacional y destacó “la posibilidad real” de asegurar esa elección.

Su despedida fue sobria. No hubo reproches. La crisis había quedado instalada desde San José.

Una reunión con los aliados de Washington

El encuentro que terminó desencadenando la salida de Tovar formaba parte del Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada este año por Washington para articular a gobiernos del hemisferio en asuntos de seguridad, crimen organizado y narcotráfico.

Trump acudió personalmente a la sesión y volvió a endurecer su discurso frente a los carteles. Ante los representantes latinoamericanos, ofreció respaldo estadounidense para enfrentarlos y defendió una acción regional más coordinada contra las organizaciones criminales.

Panamá también acudió al encuentro. La delegación estuvo encabezada por el canciller Javier Martínez-Acha, mientras el presidente José Raúl Mulino atendía otros compromisos de su agenda en Nueva York. Según información conocida por La Estrella de Panamá, Martínez-Acha intervino como primer orador a solicitud de Rubio.

Panamá forma parte del Escudo de las Américas desde marzo, cuando Mulino participó en el lanzamiento de la iniciativa promovida por Trump.

Tovar y Panamá

Para el país, sin embargo, Manuel Tovar no era un nombre nuevo. Mucho antes de llegar a la Cancillería costarricense, había sido uno de los principales interlocutores de una relación bilateral marcada en los últimos años por un prolongado conflicto comercial.

Tovar asumió el Ministerio de Comercio Exterior de Costa Rica en mayo de 2022. Apenas dos meses después ya tenía sobre su escritorio el diferendo con Panamá. En julio de ese año se reunió con el entonces ministro panameño Federico Alfaro en un intento por encontrar una salida a las restricciones aplicadas a productos costarricenses, entre ellos lácteos, carnes, piña, banano, plátano y fresas. La conversación terminó sin acuerdo.

Comercio Exterior de Costa Rica anunció entonces que daba por agotada aquella vía ministerial y que concentraría sus esfuerzos en el litigio abierto ante la Organización Mundial del Comercio. Esa era la posición del Gobierno costarricense, que calificaba las restricciones panameñas como injustificadas.

El expediente había llegado formalmente a la OMC en enero de 2021.

Costa Rica cuestionó ante el organismo medidas adoptadas por Panamá sobre la importación de varios productos agropecuarios. El proceso avanzó hasta que Panamá notificó, el 24 de enero de 2025, su decisión de apelar determinadas cuestiones jurídicas del informe emitido por el grupo especial. La apelación permanece afectada por la falta de funcionamiento del Órgano de Apelación de la OMC.

El conflicto sobrevivió al cambio de gobiernos.

Y con la llegada de Laura Fernández a la Presidencia, en mayo de este año, adquirió un tono más político.

Apenas comenzaba su administración cuando Fernández convirtió públicamente el diferendo con Panamá en una prioridad. Anunció que trasladaría el asunto a Tovar, quien acababa de pasar de Comercio Exterior a Relaciones Exteriores, para que activara mecanismos diplomáticos y “acciones internacionales”. La nueva mandataria elevó el tono pocos días después.

Dijo que no permitiría que productores costarricenses siguieran afectados por lo que su Gobierno consideraba bloqueos carentes de sustento legal y anunció que utilizaría los mecanismos disponibles para defender al sector agropecuario.

La Cancillería rechazó que el diferendo pudiera presentarse como una actuación unilateral del país y alegó que empresas panameñas también enfrentaban restricciones en el mercado costarricense.

La controversia dejó entonces de moverse únicamente entre técnicos y ministerios de Comercio. Llegó directamente a los presidentes. El 21 de mayo, Mulino dijo estar sorprendido por las declaraciones de Fernández. Defendió la reciprocidad en las relaciones entre ambos países y sostuvo que su obligación era proteger también los intereses panameños. “Es un tema importante para Costa Rica, pero también lo es para Panamá”, señaló.

El presidente panameño introdujo además otro elemento en el pulso bilateral.

Costa Rica había solicitado un mayor acceso a la compra de energía eléctrica procedente de Panamá. Mulino anunció que esa petición sería evaluada antes de cualquier autorización, en medio precisamente del intercambio por las restricciones comerciales.

En apenas dos semanas de gobierno, una disputa que llevaba años abierta había escalado desde los ministerios hasta los despachos presidenciales.

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