En Panamá, el cáncer se ha convertido en una de las principales enfermedades que enfrentan los adultos mayores
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán deja a Netanyahu frente a su mayor derrota política y militar
- 16/06/2026 11:41
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️La guerra entre Israel e Irán parece encaminarse hacia su fin sin un vencedor claro sobre el terreno. Sin embargo, si existe un actor que emerge claramente debilitado del conflicto es el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Tras meses de enfrentamientos, miles de muertos, enormes costos económicos y una creciente presión internacional, el acuerdo impulsado por Estados Unidos y aceptado por Teherán deja al líder israelí lejos de los objetivos que justificaron la ofensiva militar iniciada a comienzos de año.
Para Netanyahu, la confrontación con Irán era mucho más que una operación militar. Representaba una oportunidad para reconfigurar el equilibrio regional, neutralizar definitivamente el programa nuclear iraní y reconstruir su imagen política tras el ataque del 7 de octubre de 2023, considerado uno de los mayores fracasos de seguridad en la historia de Israel.
Durante décadas, Netanyahu presentó a Irán como la principal amenaza para la existencia del Estado israelí.
El mandatario defendió repetidamente la necesidad de impedir que Teherán desarrollara capacidades nucleares y consideró que una victoria sobre la República Islámica transformaría el panorama estratégico de Medio Oriente.
El conflicto iniciado este año parecía ofrecerle la oportunidad de alcanzar ese objetivo.
Sin embargo, el resultado final dista considerablemente de las expectativas planteadas por el gobierno israelí.
A cuatro meses de unas elecciones que podrían definir su futuro político, Netanyahu enfrenta encuestas que muestran dificultades para mantener la actual coalición de gobierno, mientras sectores de la oposición cuestionan los resultados obtenidos tras meses de guerra.
Uno de los aspectos más delicados para el gobierno israelí es que el acuerdo promovido por Washington no resuelve ninguno de los principales temas que motivaron la ofensiva.
La cuestión nuclear iraní, presentada durante años como una amenaza existencial para Israel, seguirá siendo objeto de negociación durante los próximos 60 días.
El futuro de las reservas de uranio enriquecido continúa sin una solución definitiva y todavía no existe claridad sobre el mecanismo que permitirá reducir o controlar el material nuclear acumulado por Teherán.
Además, el memorando preliminar tampoco contempla restricciones al programa iraní de misiles balísticos ni compromisos relacionados con el apoyo de Teherán a grupos aliados en la región, dos asuntos que Israel consideraba fundamentales.
Para muchos analistas israelíes, estos elementos representan una señal de que los resultados obtenidos están lejos de justificar el costo político, económico y militar de la campaña.
Lejos de provocar el colapso del régimen iraní, como anticipaban algunos sectores al inicio del conflicto, la guerra terminó fortaleciendo la narrativa de resistencia promovida por las autoridades de Teherán.
La República Islámica sobrevivió a meses de bombardeos, a la muerte de importantes dirigentes y a una intensa presión internacional sin sufrir una transformación política significativa.
Además, el acuerdo abre la puerta al alivio de sanciones y al descongelamiento de miles de millones de dólares en activos iraníes retenidos en el extranjero.
Ese escenario podría proporcionar un importante respiro económico a un país que antes de la guerra enfrentaba una compleja situación financiera y social.
Otro de los efectos más significativos del conflicto ha sido el desgaste de la relación entre Netanyahu y el presidente estadounidense Donald Trump.
Durante años ambos líderes mantuvieron una estrecha alianza política y estratégica.
Netanyahu respaldó públicamente a Trump en múltiples ocasiones e incluso llegó a proponerlo para el Premio Nobel de la Paz.
Sin embargo, las diferencias sobre el rumbo del conflicto iraní terminaron provocando tensiones cada vez más visibles entre ambos dirigentes.
A medida que Washington avanzó hacia una solución negociada con Teherán, las prioridades estadounidenses comenzaron a distanciarse de las aspiraciones israelíes.
Lo que inicialmente parecía una alianza sólida terminó transformándose en una relación marcada por desacuerdos públicos y crecientes diferencias estratégicas.
La imagen de un “nuevo Medio Oriente” que Netanyahu prometió durante los primeros meses de la guerra parece hoy mucho más difícil de materializar.
Hamás mantiene presencia en Gaza, Hezbolá continúa siendo un actor relevante en el Líbano y el régimen iraní conserva capacidad de influencia regional.
Mientras tanto, Israel enfrenta crecientes cuestionamientos internacionales por las consecuencias humanitarias de sus operaciones militares y por las investigaciones abiertas en instancias judiciales internacionales.
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán no supone necesariamente una victoria para Teherán ni una derrota absoluta para Israel. Sin embargo, sí representa un desenlace muy distinto al que Netanyahu prometió a la sociedad israelí cuando impulsó una guerra que debía redefinir el equilibrio de poder en la región.
Hoy, con el conflicto acercándose a su final, el principal desafío del primer ministro no parece estar en Teherán, sino en convencer a los israelíes de que la campaña logró los resultados que durante meses aseguró que estaban al alcance de la mano.