‘No me temblará el pulso para enfrentar al crimen organizado’: Laura Fernández

La nueva mandataria costarricense tomó posesión ante delegaciones de 71 países, en una ceremonia a la que asistió el presidente Mulino, junto a otros líderes de la región y el rey de España

Costa Rica inauguró este viernes una nueva etapa política con la toma de posesión de Laura Fernández Delgado, quien asumió como la presidenta número 50 del país y apenas la segunda mujer en alcanzar el cargo en la historia costarricense.

La ceremonia, celebrada en el Estadio Nacional de San José ante miles de personas, reunió a delegaciones de 71 países y 18 organismos internacionales. Entre los asistentes estuvieron el presidente panameño, José Raúl Mulino; el rey Felipe VI; y los mandatarios Bernardo Arévalo, de Guatemala; Luis Abinader, de República Dominicana; e Isaac Herzog, de Israel.

Fernández, de 39 años y dirigente del derechista Partido Pueblo Soberano, llegó al poder reivindicándose como la continuidad del proyecto político impulsado por el expresidente Rodrigo Chaves Robles, de quien fue ministra de la Presidencia.

“Soy la heredera de ese cambio. Y lo digo sin titubeos”, afirmó durante un discurso marcado por referencias religiosas, promesas de endurecimiento contra el crimen organizado y críticas al aparato estatal.

La nueva presidenta aseguró que gobernará con una política “que deja de hablar y empieza a resolver” y advirtió que no permitirá el retorno de “las viejas prácticas” políticas.

“A quienes pensaron que podían recuperar privilegios (...) les digo que están muy equivocados. No dejaré ningún espacio a retrocesos”, sostuvo.

Uno de los momentos más contundentes de su intervención llegó al abordar la seguridad pública, uno de los principales desafíos que enfrenta Costa Rica tras el aumento de homicidios y la expansión del narcotráfico en los últimos años.

“No me temblará el pulso para enfrentar al crimen organizado desde el gobierno”, declaró Fernández, quien anunció la ampliación del Centro Penitenciario La Reforma —descrito por el oficialismo como una “megacárcel” inspirada en el modelo salvadoreño— y la construcción de un centro de monitoreo policial de alta tecnología.

En política exterior, ratificó la vocación democrática y pacífica de Costa Rica, aunque subrayó la necesidad de fortalecer alianzas internacionales y abrir nuevos mercados.

“Fortaleceremos alianzas, abriremos mercados y llevaremos al mundo lo mejor de nosotros”, expresó.

La presencia del presidente Mulino en la investidura ocurre en un contexto de creciente coordinación regional en temas como migración, seguridad y comercio entre Panamá y Costa Rica, dos países que mantienen una relación estratégica dentro de Centroamérica.

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