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¿Por qué protesta la generación Z en Europa? El malestar detrás de las movilizaciones
- 20/10/2026 10:46
Albania, España, Francia, Bélgica e Italia. En los últimos meses, el panorama internacional se ha visto copado por las protestas ciudadanas en Europa, encabezadas principalmente por la generación Z (aquellos nacidos entre 1995 y 2009). Sus reivindicaciones giran en torno a las consecuencias del desmantelamiento del Estado del bienestar, producto de las medidas de austeridad adoptadas durante la década de 2010, cuando el Viejo Continente atravesaba una de las peores crisis económicas de su historia.
Esas consecuencias se reflejan, por ejemplo, en las demandas de los estudiantes franceses de los suburbios, quienes exigen infraestructuras dignas para poder educarse, o en las dificultades para acceder a una vivienda en España debido a los altos costos del alquiler, pese a haberse esforzado durante su vida escolar y universitaria con la promesa de un buen futuro por delante.
Una de las características que tradicionalmente se le reconocen a la generación Z es su preocupación por los temas identitarios y por cuestiones más subjetivas, como la salud mental, según aseguró el politólogo Harry Brown Araúz, del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales. Sin embargo, apuntó que lo que se observa en las protestas actuales, especialmente en Francia y España, es un cambio significativo en las preocupaciones que movilizan a los jóvenes.
“Ahora, el centro de las reivindicaciones está relacionado, sobre todo, con cuestiones materiales y con las condiciones de bienestar de esta generación y de la sociedad en general. (...) Creo que aquí se observa un cambio importante: los jóvenes se han encontrado con que las condiciones de futuro y las promesas de progreso asociadas a los Estados de bienestar no son tan concretas ni tan reales como habían imaginado o como les habían hecho creer. Existe una distancia entre las expectativas que se les transmitieron y las oportunidades que realmente encuentran para construir sus vidas”, dijo.
Brown Araúz también señaló que estas manifestaciones son un síntoma de los problemas que enfrentan las democracias, incluso aquellas que pueden considerarse avanzadas, para absorber y canalizar las reivindicaciones de la ciudadanía.
“El cuestionamiento que están planteando los estudiantes, los agricultores y los obreros en Francia, así como la población española, con los jóvenes y las mujeres a la cabeza, va más allá de los dirigentes políticos. Lo que está en discusión es el funcionamiento del sistema en su conjunto y, particularmente, la participación de las élites económicas en la configuración del modelo de país y de sociedad en el que vive la población”, agregó.
Al ser consultado sobre si la insatisfacción política en Europa podría tener un efecto de contagio en América, el especialista precisó que los contextos económicos, políticos y sociales pueden ser diferentes. Brown Araúz agregó que las redes sociales desempeñan un papel importante, ya que permiten que la población conozca lo que ocurre en otras partes del mundo, siga las movilizaciones y se identifique con las demandas de quienes salen a las calles.
“Esa exposición puede generar solidaridad e incluso animar a otras personas a expresar su propio descontento. Sin embargo, una cosa es observar las protestas y sentirse identificado con ellas, y otra muy distinta es que se produzca una movilización de dimensiones similares en otro país. Para que eso ocurra, deben confluir una serie de factores internos y articularse los actores políticos y sociales capaces de convertir el malestar en una acción colectiva. (...) Las redes sociales pueden contribuir a difundir las ideas y las experiencias, pero no sustituyen las condiciones necesarias para que una protesta se desarrolle”, manifestó. Asimismo, señaló que este tipo de movilizaciones no se reproduce de forma automática, sino que surge orgánicamente, dependiendo de las circunstancias en las que vivan los ciudadanos.
En su libro ‘Si ardemos’, el periodista Vincent Bevins sostuvo que la efervescencia que en su día generaron movimientos de protesta de la década de 2010, como la Primavera Árabe, las protestas de los indignados en España y las manifestaciones antigubernamentales en Hong Kong (China), se desinfló como resultado de una ‘revolución perdida’. Esto se debió a que, según el autor, el fracaso de estos movimientos sociales en alcanzar sus objetivos condujo incluso a un ‘historial de fracasos, reveses y cataclismos’.
No obstante, Brown Araúz pidió no subestimar la huella histórica de las protestas sociales de gran magnitud ni su capacidad para dejar un precedente en la historia democrática de sus países. Al mismo tiempo, señaló que, si bien los cambios a los que aspiran los manifestantes no se producirían de manera inmediata, estos movimientos son capaces de abrir espacios para ampliar la democratización de la palabra.
“Es posible que la época de las grandes revoluciones haya quedado atrás, al menos en la forma en que se entendían durante el siglo pasado, y que los cambios sociales y políticos se produzcan ahora de manera más gradual. Sin embargo, eso no significa que las movilizaciones hayan sido inútiles ni que sus consecuencias deban medirse exclusivamente por los resultados inmediatos. Creo que ninguna sociedad vuelve a ser exactamente la misma después de experimentar movilizaciones como las de la Primavera Árabe, el 15M en España, las protestas actuales en Francia o las que tuvieron lugar en Panamá en 2023. Estos movimientos dejan huellas, modifican la manera en que la población entiende sus derechos y contribuyen a introducir nuevas demandas en la discusión pública”, concluyó.