Moisés Cohen, presidente del Consejo de Servicios Internacionales de Panamá, desglosa la importancia de la Ley de Sustancia Económica como la llave para...
- 05/12/2013 01:00
La clase política emergida del sistema occidental viene siendo desastrosa para la humanidad. Sus raíces, fundamentadas en el enriquecimiento, han demostrado su incapacidad para lograr soluciones de justicia y equidad. La solidaridad la entienden como limosnas a través del clientelismo y la compra de conciencias. No podemos continuar siendo sordos, ciegos e indolentes ante tanta tragedia humana. No se puede continuar convirtiéndose en mercenarios de la guerra y el intelecto.
Si con el llamado capitalismo, cuyo perverso brazo son las llamadas derechas, la humanidad no hubiese padecido tanto, no hubiese hambruna, epidemias y muertes por desnutrición; no existieran sistemas de salud y educación precarios e impagables; no existiera discriminación por raza o condición social. Si fuera exitoso, con tantos siglos de existencia –desde la proclamación de las repúblicas y la ‘independencia’—, no habrían pobres, mendigos ni miseria, no se hubiesen llegado al lastimoso y cruel estado, aun de las potencias.
En todas ellas hay gente con hambre, de estómago y de justicia, sin futuro para jóvenes y sin presente para viejos. Han tenido todas las oportunidades, pero prefieren continuar saqueando a los negros en África y a los latinos en Indoamérica. A eso llaman ‘democracia’. Es imposible que los gobiernos de países emergentes, que luchan contra tantas conspiraciones, puedan lograr los cambios político-económicos, institucionales y morales en un solo período de gobierno (4 a 5 años), cuando además arrastran un lastre de siglos con gobiernos que provienen de la misma gente que se disfraza de diferentes colores y partidos, pero con idénticos intereses y mezquindades, no son magos. Quienes atacan o desestabilizan a estos gobiernos defienden otros intereses, no los de sus pueblos. Estos viudos del poder quieren volver para continuar gozando de todos los privilegios que les garantiza el poder político. Muchos otros los atacan guiándose por campañas desinformadoras. No han visitado, antes ni ahora, esos países. No han contactado frente a frente a sus millones de pobladores marginales. No conocen ni analizan estadísticas reales en inversiones prioritarias. No han visto las miles de viviendas confortables nuevas, no cajetitas de fósforo insalubres y sin privacidad. No han visitado los nuevos hospitales, bien equipados y la atención de salud en Ecuador, Venezuela, Bolivia y Argentina que contrastan con los de Colombia, Méjico, Chile, Panamá y, aún, de la UE y EEUU.
Todo esto lo denuncia también el Papa Francisco, a quien, como he dicho, no dudo que tratarán de eliminar.
ANALISTA