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02 de Ago de 2021

Nacional

No hay dicha completa

COLOMBIA. Seis colombianos que durante los últimos años se estaban extinguiendo en la selva ahora están en sus casas. Pueden abrazar a...

COLOMBIA. Seis colombianos que durante los últimos años se estaban extinguiendo en la selva ahora están en sus casas. Pueden abrazar a sus seres queridos, dormir en camas limpias y comer decentemente. Esta es la prueba indiscutible de que la liberación unilateral que hicieron las Farc, facilitada por Piedad Córdoba y apoyada por el Comité Internacional de la Cruz Roja (Cicr) y el gobierno de Brasil, fue finalmente un éxito.

Pero estuvo cerca de fracasar por los errores cometidos por algunos de los protagonistas de esta delicada operación humanitaria. Muchas de estas fallas se pudieron cometer de buena fe, pero demuestran que quienes debían tener todo bajo control, descuidaron algunos frentes, que todos están con los nervios de punta, que hubo descoordinación tanto en el gobierno como en el grupo de la sociedad civil, y que la mesura es una escasa virtud de las partes del conflicto.

LOS SOBREVUELOS

Un primer error que cometió el gobierno fue realizar sobrevuelos militares por encima del helicóptero brasileño que transportaba la misión humanitaria hacia la zona acordada con la guerrilla.

El incidente ocurrió el domingo, cuando los garantes salieron por los tres policías y un soldado hacia las selvas del Caguán. El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, ha reiterado que el acuerdo con el Cicr era que no habría sobrevuelos por debajo de los 20.000 pies, y que el general Freddy Padilla de León habría autorizado operaciones aéreas por encima de esa altura como un “error de buena fe”.

Aunque el incidente se superó, el episodio deja muy mal parado al gobierno. Muy mal si intentaba ganar ventaja militar haciendo inteligencia en medio de una operación humanitaria. Peor aún, si se buscaba atemorizar con sus aviones a una guerrilla ya bastante paranoica por los golpes recibidos.

La única consecuencia fue resquebrajar aún más la confianza de las Farc y correr el riesgo de que los secuestrados no fueran liberados.

LA LLAMADA DE BOTERO

Y si el gobierno se equivocó con las operaciones aéreas, de parte de Jorge Enrique Botero, periodista y garante de la entrega, la metida de pata mayor.

En lugar de dejar que los jefes de la misión (el Cicr y Piedad Córdoba), dieran un tratamiento diplomático al asunto, se apresuró a contactar a Telesur en medio del operativo, e incluso, denunciando lo que veía, puso al aire a un guerrillero.

Para terminar de agravar las cosas, en la noche del domingo, Botero dijo ante los periodistas que tenía las pruebas grabadas y las publicaría esa misma noche. La actitud de Botero contrasta con la de Daniel Samper Pizano, también periodista y garante, quien se negó a hablar con los medios hasta que se consumaran las liberaciones.

Botero se subió al helicóptero con la doble camiseta de facilitador y periodista, pero con el compromiso de grabar sólo con fines documentales y no de sacar una 'chiva'. En el camino se le olvidó su rol de garante y se vistió de reportero de guerra, lo cual molestó al gobierno.

No es la primera vez que los periodistas son llamados a participar en este tipo de misiones humanitarias o de paz, por su credibilidad pública o porque suscitan confianza en las partes. Pero muchos han logrado hacerlo, sin mezclar el rol ciudadano con el de periodista.

Lo hizo, por ejemplo, la periodista Laura Restrepo durante el proceso de paz de Belisario Betancur, quien años después publicó un libro con las intimidades del proceso, cuando ya este estaba terminado y no ponía en riesgo su desarrollo.

LA CHIVA DE HOLLMAN MORRIS

Cuando los helicópteros de la misión humanitaria aterrizaron en la selva para traer de regreso a los tres policías y el soldado, todos se sorprendieron al ver que el periodista Hollman Morris, reconocido por sus impactantes reportajes en televisión, ya estaba en el lugar de los hechos, grabando todo.

Su presencia allí, aunque causó malestar en el gobierno, puede ser criticable y motivo de suspicacia, pero cualquier periodista donde hay libertad de prensa puede estar en el lugar de los hechos, y más aun si estos suscitan el interés nacional.

Pero quedan planteadas varias interrogantes propias de un debate ético. Por un lado, si el afán de la primicia le llevó a perder de vista que podía interferir en la liberación de cuatro rehenes. Por otro, si siendo él mismo parte de Colombianos por la Paz, no ponderó la posibilidad de convertirse —sin quererlo— en obstáculo para la compleja labor que estaba realizando Piedad Córdoba, quien se había comprometido a que no habría medios en la selva.

LA CULPA ES DEL MENSAJERO

Pero si bien Jorge Enrique Botero y Hollman Morris cometieron graves errores, la respuesta del gobierno, y en particular del Presidente, no pudo ser menos afortunada. Juan Manuel Santos dijo que Morris era “afín a las Farc”, y Uribe, que éste se “escuda en su condición de periodista para ser permisivo y cómplice del terrorismo”. Frases que, viniendo de figuras de tanto poder, dejan un peligroso estigma en los periodistas y arriesgan sus vidas en un país muy polarizado en temas humanitarios.

Como dicen los analistas, si el gobierno tiene pruebas contra ellos debe iniciar procesos judiciales, pero no hacer una afirmación de semejante gravedad. Lo ocurrido con estos dos periodistas hizo que el comisionado por la paz, Luis Carlos Restrepo, intentara bloquear a los medios en el aeropuerto de Villavicencio durante la liberación de Alan Jara.

La actitud de Restrepo revela el enojo del gobierno por no tener el control total de la información. Por suerte, miembros del gobierno rectificaron la decisión. Haber limitado el acceso de los medios o impedido a los recién liberados hablarle al país habría sido un grave error. Sobre todo porque los ciudadanos querían ver lo ocurría.

DESTITUCIONES, RENUNCIAS..

El caso Botero-Morris hizo que el Presidente, en uno de sus habituales arrebatos, les quitara las facultades de garante a Piedad Córdoba y su equipo, el domingo. Pero el lunes rectificó y aceptó que la senadora siguiera su labor, acompañaba apenas de la Cruz Roja y de la tripulación brasileña. Si bien no sorprende que Uribe estuviera incómodo con la operación porque siente —y no se equivoca— que las Farc ganan protagonismo, también desconcertó que perdiera de vista la importancia que ésta revestía para un país que clama por la libertad de los secuestrados.

Generalmente los fines humanitarios requieren sacrificios y concesiones. Pero vale la pena hacerlos si se trata de salvar vidas. Uribe entendió que sin Piedad no habría liberaciones y que eso sería un error mayor. Similar enmienda ocurrió con Luis Carlos Restrepo, quien renunció ofuscado porque se sintió desautorizado en Villavicencio. Si bien cualquier persona sometida a la presión de sucesos tan delicados puede perder los estribos, esto puede poner en riesgo operaciones donde la confianza, la prudencia y la calma son vitales.