22 de Feb de 2020

Nacional

La Purificación de un Estado

PANAMÁ. El caso de Heliodoro Portugal fue reabierto a finales de 2001 después de que el laboratorio de ADN del Departamento de Defensa ...

PANAMÁ. El caso de Heliodoro Portugal fue reabierto a finales de 2001 después de que el laboratorio de ADN del Departamento de Defensa de los Estados Unidos confirmó que los restos encontrados en el cuartel antiguo de la Guardia Nacional en Tocumen eran del desaparecido dirigente laboral.

El fiscal Rolando Rodríguez tomo declaraciones a varios ex-militares. Nadie sabía nada. Algunos ni declararon. Melbourne Walker, preso por la desaparición de Héctor Gallego, evitó acudir a numerosas citas con la excusa de que su presión era alta, o quizás baja, o que sufría ataques de taquicardia. Es una maravilla como los que desprecian los derechos humanos de otros, buscan llorando, respeto para los suyos.

Rodríguez tomó declaraciones también a algunos que sobrevivieron al cariño que Omar Torrijos dispensaba en sus sitios de tortura, incluyendo personas mencionadas en la primera entrega de esta serie.

Al fin Ricardo Garibaldo, jefe del cuartel de Tocumen en 1971 cuando Portugal fue visto allí, fue llamado a juicio. El tribunal falló en sobreseerlo basado en una decisión de 1990 de que había pasado demasiado tiempo.

En 2003 César Pereira Burgos de la Sala Penal de la Corte Suprema revocó esta decisión. Panamá había ratificado la Convención Sobre Personas Desaparecidas, y ella prohíbe la prescripción de aquel delito. Llamaron a Garibaldo a juicio en 2006. Parecía que por fin Portugal tendría justicia, pero un día antes de que la corte fuera a dictar sentencia, el acusado murió de un infarto.

En enero del 2007 La Corte Interamericana de Derechos Humanos aceptó una demanda, "Heliodoro Portugal versus Panamá", que tenía su origen en una denuncia puesta por el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) y Patria Portugal. En agosto 2008 la Corte fallo contra Panamá y sentenció al estado, entre otras penas, a celebrar un “acto público de reconocimiento de responsabilidad” por haber violado los derechos humanos de Heliodoro Portugal y su familia.

Políticos hábiles hubiesen sacado ventaja de la sentencia, aceptándola de buena gana y haciendo del acto público un momento de reconciliación nacional. Al leer en voz alta toda la letra menuda (pidiendo prestado la metáfora del presidente), se podía haber virado la página. Balbina hubiera subido unos puntitos.

Pero, como dicen los rusos, no se puede pedir a un oso que toque el violín. El PRD nació en los cuarteles y su contraseña sigue siendo, “¡Ni un paso atrás!” Así que, el gobierno celebró el acto sin publicidad ni invitaciones en un saloncito del Ministerio de Gobierno. La Estrella supo la noche anterior por accidente. Supongo que fue así con los demás medios.

No había ni agenda ni protocolo, ni lugares reservados para los representantes de los órganos del Estado y de la familia Portugal. Cada uno se sentaba donde le daba la gana. No tuvo oportunidad Patria Portugal de reconocer, a nombre de su padre desaparecido, y de las demás víctimas de la dictadura, el gesto tardío del Estado. El Ministro de gobierno y Justicia, Dilio Arcia, ceñudo como alguien que toma purgante, pronunció unas palabras, entre las cuales no figuró “perdón” ni “disculpa”. Cuando terminó, y fue bien rápido, alguien dijo, “Muchas gracias,” y eso fue todo, ¡se acabó!.

“Se veía,” dijo Miguel Antonio Bernal, “que los del gobierno actuaron forzadamente. Decían con sus caras, 'Hacemos esto por obligación de la sentencia, pero no nos arrepentimos de nada, y si tuvieramos la oportunidad de regresar a aquellos años haríamos con Portugal exactamente lo mismo.'

El gobierno, entonces, mostró sus debilidades, pero en verdad el gobierno importa muy poco. El estado cumplió la sentencia, y, antes de cumplirla, el estado la hizo posible.

Ramón Fonseca Mora, un panameño particular, descubrió los restos de Heliodoro Portugal, pero la Comisión de la Verdad, una dependencia del estado, comenzó la investigación de su desaparición, y el Ministerio Público, otra dependencia, la profundizó. La Corte Interamericana disponía de testigos y evidencias gracias al Estado panameño.

Esto no es una paradoja. Al hacer posible la sentencia para luego cumplirla, el Estado panameño no se ha condenado, como la actitud del gobierno sugiere.

Pasaron cosas horribles en Panamá en el tiempo de los tiranos. Mancharon el estado panameño de sangre y lágrimas. Ahora, a pesar de la pobreza de espíritu del gobierno, el Estado ha logrado purificarse. Ha reconocido, diga lo que diga Balbina Herrera, que sí había dictadura en Panamá, que fue una sola y nada cariñosa.

Para Jorge Federico Lee, el abogado panameño que el gobierno escogió para representar el estado frente a la Corte Interamericana, la sentencia es “trascendente.” Para Ana Matilde Gómez, Procuradora General de la República, "es un hecho histórico que rompe un paradigma, 'entonos los sentidos!'

La paradoja es que Heliodoro Portugal, rebelde marxista, fue el agente de esta gracia.