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02 de Apr de 2020

Nacional

De espalda al turismo

COLÓN. ¿Se puede promover el turismo en una ciudad cercada por la violencia? Los expertos señalan que es sumamente difícil.

COLÓN. ¿Se puede promover el turismo en una ciudad cercada por la violencia? Los expertos señalan que es sumamente difícil.

Esta es la realidad de Colón. Los turistas desembarcan, pero muy pocos se arriesgan a recorrer la ciudad, porque el peligro acecha en cada esquina. Si usted piensa que va a encontrar turistas dispersos por las calles como ocurre en Isla Colón, Boquete o San Felipe se equivoca. Si no existiera la Zona Libre los hoteles estarían vacíos.

Han pasado 10 años desde que el primer crucero atracó en puerto colonense y desde entonces unos dos millones de turistas han llegado a esta ciudad, sin que se perciba algún impacto en la provincia.

La ciudad sigue tan lúgubre como siempre, sólo que sus calles cada día son más peligrosas. Está literalmente tomada por la delincuencia.

En 10 años no se ha hecho nada para abrir la ciudad al turismo y son otros lo que se benefician de esta actividad.

La ciudad de Colón, luego de Panamá es la que más turistas recibe, tiene dos puertos de crucero y un Home Port, pero los visitantes prefieren hacer sus compras en los centros comerciales de Panamá o visitar una aldea Emberá en el río Chagres antes que recorrer las calles de Colón.

Y como resultado, el comercio, los buhoneros y los propios ciudadanos siguen siendo meros espectadores, convidados de piedra en esta danza de millones.

MOVIMIENTO LENTO

Para Dhana de Cox, coordinadora de Eventos y Banquetes del Hotel Radisson Colón, la actividad turística en la ciudad “es un poco lenta”. Aunque el hotel se mantiene lleno porque su principal clientela son los compradores de la Zona Libre.

Se estima que 140 mil compradores visitan la zona franca al año y el Radisson es el hotel más próximo. Pero si viviera de la actividad turística ya hubiese tenido de cerrar. Cox sostiene que “los clientes se quejan mucho y temen venir a Colón por el problema de la seguridad y van directo a la Zona Libre y se regresan a Panamá”.

Una situación parecida experimenta el Hotel Melía, que se reparte el pastel de la Zona Libre de Colón.

Magaly Ríos, gerente de ventas, detalla que la ocupación ronda el 60%, pero considera que se le puede sacar más provecho al turismo, “pero hay que empezar con nosotros mismos, con la conciencia de los colonenses y hay que meterle la mano al casco de la ciudad”.

Pero quien mejor reseñó la situación del turismo en Colón fue el presidente del Sindicato de Buhoneros, Darío St. Justin, quien detalló que “los turistas bajan de los cruceros y por arte de magia desaparecen y no dejan ningún ingreso a los colonense”.

La nueva temporada de cruceros inició el pasado mes, pero no hay nada que indique que la situación vaya a mejorar. Se estima que más de 150 cruceros llegarán a puertos panameños, con unas 300 mil persona a bordo que se gastarán en promedio 125 dólares cada uno. La temporada se extiende hasta el próximo mes de abril.

Para la gerente de la Terminal de Cruceros del Puerto de Cristóbal, Liza Ballesteros, la llegada de los turistas beneficia a mucha gente, incluyendo buhoneros, el transporte, los casinos, las Zona Libre de Colón y el comercio.

LA DEBILIDAD

Los cruceros permanecen en puertos panameños entre 10 y 12 horas. Y si en Colón hubiese más organización las cosas serían más fáciles y se le pudiera sacar un mayor provecho, advierte Ballesteros.

Augusto Terrecina, gerente del Puerto de Cruceros Colón 2000, dijo que lo más difícil ya está hecho que era lograr que los turistas llegaran a Colón, le queda a la comunidad organizarse y desarrollar lugares dentro de la ciudad de Colón, donde los turistas puedan ir, porque actualmente no lo hay, detalló.

Esta preocupación también es compartida por las nuevas autoridades. El gerente de la Zona Libre de Colón, Leopoldo Benedetti, considera que hasta ahora, el Home Port no está dando los resultados que se esperaban a la ciudad de Colón, porque, según dijo, los turistas son hospedados en la ciudad capital desde donde son transportados directamente al crucero, pasando por alto Colón.

Pero Benedetti espera que esta situación cambie cuando se construya el nuevo aeropuerto, pues los turistas podrán llegar directamente a Colón y esperar allí la salida del crucero, que parte cada semana del Homo Port, ubicado en Colón.

NO TODOS PIERDEN

En medio de esta poco alentadora situación, Atilano Flaco es un ejemplo de con organización y la debida planificación se le puede sacar provecho a la actividad turística. No es colonense, pero vive de los turísticas que llegan a Colón.

Hace dos años llegó a Colón, proveniente de Darién y fundó una aldea en el margen del río Chagres. Por residir en la cuenca hidrográfica del Canal le está prohibido la tala de árboles y en consecuencia no puede dedicarse a la agricultura de subsistencia tal como lo hacía en El Real.

Debido a eso se convirtió en promotor turístico junto al resto de las 15 familias que residen en la aldea. Ahora reciben hasta 60 turistas diarios, que pagan hasta 40 dólares cada uno, por conocer las costumbres, bailes y la cocina del Emberá panameño.

Trabajan en combinación con los operadores portuarios y los promotores turísticos.

Recogen a los visitantes en los puertos de cruceros y ellos mismos le realizan toda la travesía. “Nosotros vivimos del turismo”, sostiene Flaco, y además, no causamos ningún daño al medio ambiente, ni a la cuenca canalera.

La pregunta que queda en el aire es ¿por qué estos indígenas han logrado convertir el turismo en una forma de ganarse la vida y los colonenses no? Liza Ballesteros del Puerto de Cruceros de Cristóbal sostiene que “el meollo del asunto es la falta de planificación de la comunidad y de las autoridades”.