San Miguelito entre la basura: el problema que Revisalud nunca resolvió

  • 12/01/2026 00:00
Una caída de más del 50% en la recolección, vertederos a cielo abierto y una alerta sanitaria expusieron el fracaso del modelo concesionado en el distrito

El deficiente servicio de recolección de basura en el distrito de San Miguelito dejó de ser una queja ciudadana para convertirse en una crisis institucional provocada por la empresa concesionaria, Recicladora Vida y Salud (Revisalud S.A.).

Aunque ya no existen pequeños cerros de basura en las esquinas del sector, debido a la intervención del gobierno central y la Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario (AAUD), que desde su llegada ha recolectado alrededor de 1.253 toneladas de desechos sólidos, no siempre fue así.

A pocos días para su salida y tras casi 25 años operando el servicio, Revisalud no solo ha demostrado una incapacidad estructural para manejar los residuos del distrito, sino que, según un informe oficial de la Alcaldía de San Miguelito al que tuvo acceso exclusivo La Estrella de Panamá, fue la principal responsable del colapso sanitario registrado entre finales de 2024 e inicios de 2025.

La acumulación masiva de basura no fue producto del azar ni únicamente del incremento estacional de residuos, sino el resultado directo de una reducción anticipada, negligente e injustificada de las operaciones de Revisalud, acompañada por el incumplimiento reiterado de sus obligaciones contractuales y legales.

Los registros oficiales de recolección confirman que la empresa comenzó a retirarse del servicio desde finales de noviembre, precisamente cuando el distrito entra en su periodo de mayor generación de desechos.

Las cifras evidencian la gravedad del abandono. Entre el 24 y el 30 de noviembre ya se habían acumulado 2.588 toneladas de basura.

Para la semana del 1 al 7 de diciembre la cifra se había duplicado a 5.352 toneladas; del 8 al 14 de diciembre ascendió a 7.910; del 15 al 21 de diciembre alcanzó 10.892 y para el cierre del mes, del 22 al 31 de diciembre, la acumulación llegó a 14.251 toneladas.

Esta progresión explosiva nunca pudo ser revertida porque Revisalud, lejos de reforzar su operación, la redujo.

Ante el colapso del servicio concesionado, la Alcaldía de San Miguelito tuvo que intervenir de emergencia mediante la llamada Misión Limpieza, un programa permanente de contingencia que incluye brigadas municipales, limpieza comunitaria y la aplicación del reglamento de aseo, sustituyendo de facto a la empresa que debía garantizar el servicio.

El análisis comparativo entre la Alcaldía y Revisalud revela una conducta aún más grave: la empresa redujo su capacidad operativa justamente cuando la crisis alcanzaba su punto más crítico.

En 2025, Revisalud recolectó 8.308 toneladas frente a 10.199 toneladas en 2024, es decir, más de 1.800 toneladas menos en el periodo más sensible del año.

La caída fue dramática en la cuarta semana, cuando la empresa pasó de casi 3.000 toneladas recolectadas en 2024 a apenas 1.396 toneladas en 2025, una reducción superior al 50 %, mientras la basura ya invadía calles, comercios, centros educativos y barriadas enteras.

Los informes técnicos indican que desde la tercera semana de noviembre Revisalud cayó a un promedio de apenas 1.599 toneladas semanales, muy por debajo de su promedio histórico de 2.166 toneladas.

Esta reducción deliberada explica por qué el sistema colapsó a partir del 1 de diciembre y por qué nunca fue posible recuperar el equilibrio operativo.

Tarifas aumentan tras pésimo servicio

Además, la empresa dejó de cumplir con las rutas, horarios y frecuencias de recolección establecidos en el contrato de concesión y pasó a operar bajo un esquema improvisado de atención a demanda, abandonando su plan operativo aprobado.

En la práctica, esto significó que grandes sectores del distrito quedaron sin servicio regular, obligando a que la contingencia municipal se convirtiera en la única respuesta efectiva para miles de residentes.

Mientras en 2024 el abandono comenzó el 7 de diciembre, el año pasado Revisalud se retiró desde mediados de noviembre, adelantando la crisis y multiplicando sus impactos.

Pero mientras los habitantes del distrito enfrentaban calles llenas de basura, malos olores y riesgos sanitarios, muchos recibieron en diciembre recibos con montos que corresponden al cobro anticipado de los días restantes de enero.

En sectores como Río Palomo, por ejemplo, la tasa mensual de aseo de $3.66 pasó a $5.86 en diciembre, una diferencia de $1.83 atribuida al cobro adelantado de los últimos 18 días del contrato, una medida que, de acuerdo con el Municipio, no fue consultada ni autorizada.

Aun así, el colapso de la recolección de basura en las comunidades en los meses pasados fue tan severo que quedó documentado por múltiples instancias oficiales.

El Juzgado Administrativo de Aseo verificó la acumulación de desechos en vías públicas; el sistema 311 recibió y acumuló innumerables quejas ciudadanas sin respuesta; y la Dirección Regional de Salud del Ministerio de Salud identificó vertederos a cielo abierto en al menos ocho corregimientos del distrito, incluyendo Belisario Frías, Omar Torrijos, Arnulfo Arias Madrid, Belisario Porras, Amelia Denis de Icaza, Victoriano Lorenzo, Mateo Iturralde y zonas de José Domingo Espinar.

También se levantaron evidencias en escuelas, mercados, comercios y viviendas, respaldadas por fotografías, videos y denuncias ciudadanas que coincidieron con los informes técnicos.

Lejos de contener la emergencia, Revisalud permitió y provocó la proliferación de vertederos improvisados en zonas residenciales, comerciales y escolares.

Esta negligencia tuvo consecuencias sanitarias graves. Se documentó la presencia de ratas, moscas, gusanos y aves carroñeras, así como el vertimiento de lixiviados hacia drenajes y cuerpos de agua, con riesgo real de contaminación del agua potable.

La situación obligó al Ministerio de Salud a declarar Estado de Alerta Sanitaria mediante la Resolución N.° 003 del 25 de enero de 2024. Estos hechos constituyen una infracción directa al artículo 72 de la Ley 267 de 2021, que prohíbe el manejo inadecuado de residuos y el vertimiento de lixiviados al ambiente.

A esto se suma una cadena de incumplimientos contractuales y técnicos. Revisalud no contaba con equipos suficientes ni adecuados, violó las especificaciones técnicas exigidas por la ley y por el Contrato de Concesión N.° 001-2001, y acumuló múltiples notas formales de incumplimiento emitidas por la Alcaldía.

El Ministerio de Salud (Minsa) incluso recomendó evaluar la rescisión del contrato. La empresa tampoco atendió eficazmente las quejas de la ciudadanía, dejando denuncias acumuladas sin respuesta pese a la coincidencia entre los reportes ciudadanos y los hallazgos técnicos oficiales.

Como agravante, el 18 de febrero de 2025, personal de Revisalud se negó a recibir una citación y providencia administrativa durante una inspección, obstaculizando el proceso sancionador, y posteriormente presentó un incidente fuera de tiempo que fue rechazado por improcedente.

¿Hay solución?

Mientras tanto, el Municipio de San Miguelito avanza en el proceso para una nueva concesión, valorada en $315.2 millones por 20 años, y en una contratación transitoria de tres empresas por aproximadamente $3.8 millones para cubrir el servicio entre enero y julio de 2026.

Las firmas seleccionadas son Volquetes y Transporte Corro, Roca Atlántica, S.A. y Eco Septic Panamá Corp.

Pero de acuerdo a las consultas de La Decana, en el Sistema de Seguimiento, Control, Acceso y Fiscalización de Documentos (Scafid) de la Contraloría General de la República, todavía no existe un avance notable en estas contrataciones.

Ante esto, los concejales han exigido que Revisalud cumpla con todas sus obligaciones hasta el último día de vigencia del contrato, en medio de reclamos ciudadanos cada vez más intensos.

Sin embargo, los datos operativos, los informes técnicos, las evidencias de campo y la declaratoria de alerta sanitaria presentadas por la Alcaldía confirman que la crisis de basura en San Miguelito no fue un accidente ni una contingencia inevitable.

Esto es el resultado directo del abandono operativo, la reducción deliberada del servicio y la negligencia sistemática de Revisalud, una empresa que falló precisamente cuando la población más necesitaba que cumpliera con su obligación básica: recoger la basura.

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