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15 de Jan de 2021

Nacional

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El 11 de octubre de 1968, una camarilla de militares de la Guardia Nacional, rompió el orden constitucional con un golpe de estado. De e...

El 11 de octubre de 1968, una camarilla de militares de la Guardia Nacional, rompió el orden constitucional con un golpe de estado. De ese grupo formaba parte Omar Torrijos Herrera, que liderizó el nuevo orden impuesto hasta su muerte en 1981, el cual fue continuado por Manuel Antonio Noriega que, a su vez, fue depuesto con la invasión de Estados Unidos a Panamá el 20 de diciembre de 1989.

En un ambiente de terror los militares desataron una oleada de persecución contra todos aquellos que osaran siquiera criticar el nuevo régimen impuesto, de exilios, detenciones arbitrarias, de torturas en las cárceles y lugares de detención, de asesinatos y de desapariciones forzadas. Todas las direcciones de la vida nacional quedaron en manos de los militares. El Informe de la Comisión de la Verdad de Panamá, presentado el 18 de abril de 2002, señaló la cantidad de 110 casos entre asesinados y detenidos-desaparecidos ocurridos durante la dictadura, la mayor cantidad de los cuales tuvieron lugar en los primeros años. Y es necesario señalar que por el tiempo, la ausencia de recursos, la falta de apoyo real de la Procuraduría de la Nación, la falta de protección a testigos y el código de silencio las investigaciones no llegaron a ser exhaustivas, de manera que son materia pendiente en la justicia panameña.

La impunidad es la nota fuerte en Panamá en términos de las consecuencias fatales de la dictadura, cuando resultaba imposible exigir justicia, abrir expedientes y preguntar por los desaparecidos.

Como respuesta, la indiferencia, las presiones sicológicas, las amenazas, el olvido. Posterior a la invasión que defenestró el régimen militar, la situación no ha variado mucho: los reclamos de los familiares de las víctimas no son atendidos, no hay esmero real en cuanto a las excavaciones y búsqueda de los restos humanos ni en la reapertura de expedientes y seguimiento de casos.

Por otro lado, existe permanentemente una corriente que busca "cubrir con un velo" los trágicos acontecimientos y las dolorosas consecuencias de este tiempo oscuro de Panamá, ponderando los "logros" de Torrijos, dedicándole su nombre a escuelas, cooperativas, bibliotecas, calles, avenidas, centros de recreación, etc., en todo el territorio nacional. ¿Qué le enseñan a los niños que asisten a una biblioteca sobre las bondades de Torrijos? Obviamente, le niegan esa realidad.