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22 de May de 2022

Nacional

Controladores y pilotos en la mira

BOGOTÁ, COLOMBIA. El pasado 22 de enero, cuando el presidente de Colombia, Álvaro Uribe visitó Panamá, le agradeció a su homólogo Ricard...

BOGOTÁ, COLOMBIA. El pasado 22 de enero, cuando el presidente de Colombia, Álvaro Uribe visitó Panamá, le agradeció a su homólogo Ricardo Martinelli su apoyo en una de las operaciones más complejas realizadas contra el narcotráfico en la última década, la llamada “Operación "Fronteras", a la cual Panamá hizo un gran aporte. Desarrollada durante dos años por las autoridades de varios países, en ella fueron capturados en distintas ciudades de Colombia 22 narcotraficantes pedidos en extradición por los Estados Unidos. Al menos 15 de los capturados, a los cuales se les siguió el rastro por varios meses en sus recorridos por Centroamérica, estuvieron en repetidas ocasiones en hoteles, restaurantes y centros comerciales de Ciudad de Panamá.

La Estrella tuvo acceso a los informes de inteligencia realizados por Colombia y Estados Unidos sobre la operación, donde se consignan viajes desde Honduras, Nicaragua y Guatemala hacia Panamá de los llamados “pilotos de la mafia", encargados por los carteles de México y Colombia, de llevar droga hacia Centroamérica.

Según funcionarios de la DEA en Bogotá, uno de los principales detenidos, Julio Hernando Moya Buitrago estuvo tres veces en ciudad de Panamá entre agosto de 2009 y enero de este año. Aunque podrían ser viajes rutinarios, la DEA piensa otra cosa. "Tenemos elementos suficientes para concluir que varios de esos pilotos narcotraficantes se reunieron con pilotos y controladores panameños con el fin de reclutarlos para su organización. A varios de esos panameños ya los tenemos en la mira", reveló el investigador.

LA SEGUNDA ETAPA

El siguiente paso en la ofensiva tiene como fin descubrir los pilotos particulares panameños y los expertos en aeronáutica comprometidos con el manejo de las rutas aéreas para trasladar la droga. Agentes de inteligencia de la policía colombiana, que trabajaron de la mano con las autoridades de los Estados Unidos, le confirmaron a La Estrella que tienen grabaciones de conversaciones entre pilotos panameños y pilotos colombianos, en las cuales se organiza la salida de vuelos clandestinos desde Panamá, los cuales habrían salido durante varios años de pistas clandestinas ubicadas en Chiriquí y cerca a la frontera con Colombia, en Darién. Allí se habrían abastecido decenas de aviones que luego siguieron hacia otros países de Centroamérica. No descartan que también se hayan realizado vuelos desde la terminal de Albrook, disfrazados con la fachada de viajes de negocios, pero que en realidad correspondían a aeronaves cargadas con cocaína.

Ante el cúmulo de evidencias, Colombia y Estados Unidos pidieron colaboración al gobierno de Martinelli, apoyo ratificado por el gobierno panameño al ministro de Defensa de Colombia, Gabriel Silva, durante su reciente visita a Panamá.

La DEA también tiene datos, provenientes de varios infiltrados en la organización, que aseguran que miembros de esa red, hoy capturados, hicieron negocios en Panamá para guardar entre 15 y 20 millones de dólares, producto de esas operaciones. "Eso ya lo saben las autoridades financieras panameñas que se han declarado dispuestas a ayudar para obtener toda la información posible", dijo un agente de la agencia norteamericana.

También se indaga en los registros migratorios panameños cómo fue posible que al menos 15 de esas personas, buscadas internacionalmente por las autoridades, entraran por tierra desde Costa Rica a Panamá y tomaran aviones para regresar a Colombia. "Es evidente que alguien les debió ayudar porque muchos presentaban papeles y pasaportes falsos y a muchos ya los estábamos buscando", agregó la fuente de inteligencia norteamericana.

Por todo esto, para los investigadores, Panamá es pieza clave en ese complejo rompecabezas de droga, mafia y crimen desvelado con la “Operación Fronteras” y cuya penetración es aún impredecible.