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15 de Apr de 2021

Nacional

Un aeropuerto encajonado

PANAMÁ. Concebido por los estadounidenses afincados en las riberas del Canal de Panamá en 1924, sus desarrolladores jamás pensaron en el...

PANAMÁ. Concebido por los estadounidenses afincados en las riberas del Canal de Panamá en 1924, sus desarrolladores jamás pensaron en el crecimiento urbanístico y comercial en las inmediaciones de lo que hoy ocupa el centro aéreo de viajes domésticos.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos sólo utilizaron Albrook Field como pista para helicópteros, en medio del crecimiento de la ciudad a espaldas de esta zona y de las operaciones del Canal.

No fue hasta 1997 cuando en la administración de Ernesto Pérez Balladares se decidió utilizar este bien revertido para trasladar allí las instalaciones del Marcos A. Gelabert, considerada para entonces como ‘la mejor opción’.

¿Las razones? Era necesario reubicarlo por la limitante de espacio y el crecimiento urbanístico que presentaba el sector de Paitilla, hoy Punta Pacífica.

Para entonces, los especialistas en desarrollo urbano proyectaban a Paitilla como un polo de desarrollo habitacional de proyectos de alto costo, como en efecto lo es actualmente.

Con el paso de los años, la historia se repite. John Bennett, quien dos veces estuvo al frente de la Dirección de Aeronáutica Civil, ve con preocupación el crecimiento urbanístico de los últimos años en las inmediaciones de Albrook, algo muy similar a lo ocurrido en Paitilla durante los 90.

Bennett sugiere que las autoridades hagan un estudio que les permita identificar las ventajas y desventajas que actualmente presenta la infraestructura. ‘Lo más probable es que se requiera de una reubicación,’ explicó.

Considera que uno de los mayores obstáculos que siempre ha presentado el actual aeropuerto es su ubicación, rodeado de altos relieves del Parque Metropolitano y del Cerro Ancón.

‘Esa terminal está enquistada en un área de desarrollo que pronto afectará el crecimiento portuario. También impide el desarrollo de instrumentos de navegación, que se refiere a la reducida visibilidad que tienen los pilotos para el aterrizaje, aspectos que lo llevan a aumentar sus limitantes para la operación, igual o peor que en su anterior ubicación’.

Completamente encajonado por su ubicación y por el alto crecimiento residencial, comercial y marítimo, el Marcos A. Gelabert podría ocasionar una tragedia aérea sin parangón en la historia aeronáutica, hecho que aún se está a tiempo de evitar.

Esta realidad no es ajena para el actual director de la Autoridad de Aeronáutica Civil (AAC), Rafael Bárcenas, un joven empresario amante de la navegación aérea.

Para él, esta realidad colisiona con la imposibilidad logística y presupuestaria de volver a trasladar el aeropuerto por el entorno que ahora presenta. ‘Se lo puedo garantizar que no se va a trasladar bajo ninguna circunstancia’, dijo en forma tajante tras ser cuestionado sobre los niveles de riesgos que hoy presenta el aeropuerto de Albrook.

Al contrario, las operaciones en el Gelabert se amplían con una inversión de 13 millones de dólares en mejoras. ‘Estamos por construir 43 nuevos hangares por la gran cantidad de solicitudes privadas de naves’. Actualmente cuentan con unos 100 hangares que son insuficientes para la creciente demanda.