Temas Especiales

14 de May de 2021

Nacional

Semblanza del dictador (I)

Cuatro hombres fuertes compartieron 21 años de dictadura, desde 1968: Boris Martínez, Omar Torrijos, Rubén Paredes y Manuel Noriega. San...

Cuatro hombres fuertes compartieron 21 años de dictadura, desde 1968: Boris Martínez, Omar Torrijos, Rubén Paredes y Manuel Noriega. Sanjur los conoció a todos, y sobre cada uno ha descrito hechos inéditos en su nuevo libro ‘Panamá, veinte años después’.

El reinado de Martínez fue fugaz. Se describió en una entrega anterior, el abanico de diferencias de criterio, que gravitaron en la relación de Sanjur con el primer dictador que gobernó Panamá desde 1968. Sanjur usa el término ‘terror’ para describir la atmósfera que se vivía bajo el gobierno de Martínez. Prohibiciones como la de asistir a actos por invitación de los norteamericanos, vedar la entrada de ellos a los cuarteles, destituciones por simples comentarios que no eran del agrado del jefe, en fin, era toda un cúmulo de diferencias que fueron distanciando a Sanjur del estilo de Martínez. Este fue expulsado del país en 1969. Lo sucedió Torrijos hasta el día de su muerte en 1981.

Sanjur rememora haber conocido al Tnte Omar Torrijos a fines de 1955, cuando regresó a Panamá, luego de graduarse y prestar servicios en el Ejército de Venezuela. Generosamente, Torrijos fue a recibirlo al Aeropuerto de Tocumen cuando era patrullero. Pronto –recuerda-- engancharon una buena amistad. Pero él narra una anécdota que puede haber abierto la primera fisura en esa (hasta entonces) buena relación. Un día viajaban juntos en un automóvil y una camioneta los rebasó a alta velocidad. Torrijos ordenó a Sanjur seguirla para sancionar al conductor. Ese conductor se hizo el desentendido, sólo hasta que escuchó dos disparos. Torrijos los había detonado al aire, logrando que el prófugo parara el vehículo. Lo condujo hasta el Cuartel de Tocumen y allí Sanjur comenzó --sin saberlo aún-- a ver quién era realmente Omar Torrijos. Sigue narrando que, al llegar al Cuartel, el conductor clamaba por un perdón. Sanjur permanecía en el carro mientras los observaba argumentar. Pero no los escuchaba.

Extrañamente notó, que Torrijos lo señaló a la distancia, ante la mirada perpleja del conductor arrepentido. La historia hubiera llegado hasta este punto, de no ser porque un día después, Sanjur se presentó a la Comandancia y escuchó a un abogado reclamando airado que un capitán de la Misión Militar de Venezuela, había ordenado al Tnte. Torrijos imponer una boleta de tránsito a un panameño. Eso era inadmisible, bramaba el letrado. Entonces Sanjur no tardó en comprender. Aquel día, cuando Torrijos lo señalaba, había sido por algo y ahora vendría a saber qué era. Sanjur --sabiéndose inocente-- ofreció sus aclaraciones, pero después no contuvo su disgusto; y en la primera oportunidad que encontró para hacerlo, reclamó a Torrijos. Este, simplemente justificó su conducta alegando que lo hizo para no ceder ‘a la solicitud de perdón que le hacía el chofer’.

Diríase que el anterior fue un primer trazo para dibujar el rostro real, de quien inicialmente pareció ser su amigo. Pero Sanjur tuvo oportunidad de alargar el trazo inicial y conocerlo más. Ambos trabajaron en Colón, donde Torrijos fungía como mayor, y Sanjur, como capitán. El autor recuerda que en la ciudad atlántica trabajó afanosamente elaborando un nuevo plan de vigilancia, para el control de los atracos y robos que pululaban en la ciudad. Se logró mermar la delincuencia, dice orgulloso; no obstante, considera que tal plan no fue del agrado de su jefe Torrijos. Tal vez los siguientes hechos respondan a la pregunta ¿Por qué? Sanjur recuerda que en una ocasión se frustró un contrabando de Whiskey escocés, pero Torrijos ‘arregló’ después para que no se produjeran detenciones. Ello fue minando la moral de Sanjur quien, un día, optó por viajar a Panamá, y solicitar su traslado. Así fue a dar a la unidad de Panamá Viejo. Otras remembranzas de Sanjur no ayudan a evocar el Omar Torrijos que sus amigos acostumbran a describir. Por ejemplo, la reiterada imagen de un Torrijos compasivo y empático con los humildes, zozobra ante otra anécdota. Resulta ser --cuenta Sanjur-- que el grupo 470 de Inteligencia militar, había organizado una caminata-cacería para un Coronel del Ejército de los EU en las proximidades de Pacora. Se acordó como punto de reunión, el Cuartel de Tocumen cuyo jefe, para entonces, era el capitán Omar Torrijos. En atención a los huéspedes, él ordenó servir café a un indiecito preso. Cuando lo hacía, el solícito aborigen perdió un escalón al bajar por las escaleras y rodó por ellas cuesta abajo. ‘Paco’ González del 470 y Sanjur, corrieron a socorrerlo, al igual que el Coronel agasajado, mientras que el capitán Torrijos se desgajaba en carcajadas. Sanjur dice que más tarde supieron que el pequeño preso se había calzado unos zapatos que rebasaban la medida de sus pies y eso lo llevó al accidente de la escalera.

Sanjur narra también otra anécdota que raya en los linderos del racismo. El recuerda haber hecho el favor a una conocida de Colón, de traer (en su viaje de regreso a Panamá) a su sobrina. En el camino se topó con Torrijos y otra persona. Ambos vieron a su improvisada acompañante. Más tarde supo que el cometario Torrijos al otro que lo acompañaba, fue: ‘¿Te fijaste como anda este bajando de categoría, con esa negritilla en su carro?’.

Las descripciones no terminan allí. Sanjur también cita las palabras de un cercano colaborador de Torrijos --el sargento Bolívar Trejos-- quien lo describe como un ‘maestro de la manipulación’. Le atribuye además, conductas de extorsionador de prostitutas para dejarlas seguir operando, bajo la modalidad de lo que por entonces se conocía como ‘rebusca’.

Sanjur tiene mucho más que contar y lo hace en ‘Panamá, veinte años después’.