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26 de Oct de 2020

Nacional

El sicariato invade Panamá

PANAMÁ. Menos de 48 horas después de que el ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, anunciara la inversión de mil millones de dólares p...

PANAMÁ. Menos de 48 horas después de que el ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, anunciara la inversión de mil millones de dólares para disminuir los índices de violencia provenientes del crimen organizado, la ciudad capital fue testigo de otra muerte generada por vendettas entre grupos pandilleros. ‘Estos grupos resuelven sus diferencias no frente a un juez, sino con el uso de la fuerza letal’, afirma Severino Mejía, director del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá, en su artículo ‘La Criminalidad en Panamá ¿Una pandemia?’.

El escenario: un ‘diablo rojo’ de placa 8B-2566 de la ruta Tumba Muerto-Veranillo, abordado en Las Colinas de San Miguelito por Octavio Amaya Rueda, de 32 años, sin saber que allí encontraría la muerte en manos de un sicario. Minutos después, frente a la Universidad Latina, se oyó un disparo. El pasajero que iba sentado junto al hombre de 32 años se tiró hacia un lado, el chofer agachó la cabeza, la gente gritó. La conmoción facilitó la huida del joven sicario.

Un hombre motorizado esperaba por él afuera del bus. Nueve impactos de bala recibió la víctima, que fue trasladada al Hospital San Miguel Arcángel. Amaya Rueda fue declarado muerto a las 2:20 p.m. en el hospital.

La policía empezó un operativo para capturar a los sospechosos, que huyeron sin que nadie lograra identificarlos.

Esta historia no corresponde a un hecho aislado. Según los estándares de la OMS, en el año 2010 la tasa de homicidios en Panamá se mantuvo en más de 20 por cada 100 mil habitantes. Según los números, de 729 asesinatos se pudo determinar que en promedio se dieron dos homicidios por día y 60 por mes.

En el 2007 una historia parecida ocupó espacio en las páginas del diario El Siglo: la muerte de Luis Hermida Madrid en las afueras del edificio Metrópoli. En el 2009, La Estrella presentó un especial sobre el sicariato analizando las causas, móviles y cifras. En el 2011 parece que el fenómeno invade poco a poco las esferas de la sociedad panameña: de las calles a los buses; de la noche al día. Sin necesidad de esconderse ya entre las sombras nocturnas, la violencia permanece como una pandemia social difícil de controlar.

En palabras de Mejía: ‘hay una triada que debe estar bien aceitada para lograr los resultados óptimos: la Policía Nacional, los operadores de justicia y el sistema penitenciario’.