Temas Especiales

04 de Dec de 2020

Nacional

Panamá homenajeó a Arnulfo Arias Madrid

PALABRA. La exmandataria de la República, Mireya Moscoso, alzó en la tarde su voz de satisfacción. Dio el punto final a la histórica jo...

PALABRA. La exmandataria de la República, Mireya Moscoso, alzó en la tarde su voz de satisfacción. Dio el punto final a la histórica jornada del traslado de los restos del tres veces presidente de Panamá, Arnulfo Arias Madrid, con un discurso que desnudó sus últimos deseos, los del prohombre.

‘Me siento satisfecha porque cumplí la meta. Él quería que sus restos reposaran en la tierra del cacique Nomé, como le llamaba al lugar que lo vio nacer’, relataba con suma agudez.

Nomé, contó, no sólo lo vio nacer. Lo vio amar su río, el Zaratí, y erguirse en el mundo político. Justo el que hizo inmortalizar su nombre.

Y la doctrina arnulfista —la que empezó hace 80 años con el Movimiento de Acción Comunal y que hoy es el panameñismo- se reunió en su plenitud para dar el adiós. O para el reencuentro.

Y no solo ellos. Las calles de la ciudad de Penonomé se vistieron ayer del emblema patrio para recibir a los restos de Arias Madrid. El recibimiento fue apoteósico. Más de tres mil panameñistas acudieron a los alrededores de la Avenida Juan Demóstenes para rendirle honores a su líder.

El cortejo fúnebre ya había recorrido más de 140 kilómetros desde la iglesia Catedral, en San Felipe. Pasó por Arraiján, La Chorrera, Capira, Chame y San Carlos. Allí a pocos se les vio salir.

Pero una vez arribó al Hotel Dos Continentes, en Penonomé, todo cambió. Primero, un grupo de panameñistas, portando la bandera de su partido y visiblemente emocionados, gritaban con júbilo ‘¡Viva Arnulfo! ¡Volveremos!’.

Antes, otros gritaban mensajes a favor de la candidatura de Juan Carlos Varela, pero personal de protocolo les pidió callar.

Atrás del cortejo fúnebre siempre estuvo Moscoso, su hijo, Ricardo Gruber, y el exmandatario de El Salvador Francisco Flores. También estaban el vicepresidente Juan Carlos Varela, y una fila de ministros durante la administración Moscoso: José Miguel Alemán, Fernando Gracia, Alejandro Pérez y Eduardo Quirós.

También acompañaron a Moscoso los expresidentes latinoamericanos Rafael Ángel Calderón (Costa Rica) Fernando De La Rúa (Argentina), Francisco Flores (El Salvador) y Abdalá Bucarám (Ecuador).

Sorpresivamente, justo al frente del almacén El Flash, se incorporó la primera dama, Marta Linares de Martinelli, acompañada de Aníbal Galindo, el diputado de Antón, René Hernández; el secretario general de la Asamblea, Roberto Proll, y la esposa del gobernador de Coclé, Nisla Urrutia. Fueron las únicas figuras de gobierno. Tras la controversia que levantó la invitación de Moscoso al presidente Ricardo Martinelli, nadie más quiso ir.

INICIA LA CEREMONIA

Pasadas las tres y media de la tarde, comenzó la eucaristía oficiada por el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa; el nuncio apostólico, Andrés Carrascosa, y el obispo de Coclé, Uriah Ashley.

Durante la homilía, monseñor Ashley envió un mensaje claro: ‘El que aspira a ser más que los demás se hará el servidor de todos’. Un mensaje directo a la labor que, entrevió, deben ejercer los políticos.

Culminado el oficio, el barítono Ricardo Velásquez fue quien le dio el toque nostálgico cuando entonó la canción ‘Madrid... Madrid’, la melodía preferida de Arias Madrid.

EL SITIO FINAL

Dos horas después, el cortejo fúnebre partió hacia el Museo Hermanos Arias Madrid, una histórica estructura levantada en la localidad de Las Mendozas de Penonomé. Toda una multitud seguía el carro bomba 155, que trasladó los restos del fundador del panameñismo desde su exhumación el viernes en el Jardín de Paz.

El protocolo común se rompió. Quienes habían ido en nombre del gobierno se retiraron. Por tanto, no hubo discurso de ningún personero oficial, tal cual lo había anunciado el secretario de Comunicación del Estado, Luis Eduardo Camacho. Sólo la viuda, Mireya Moscoso, habló.

EL DISCURSO DE LA EXPRESIDENTA

Moscoso reveló las interioridades del hombre con el que vivió 25 años, y quien enfrentó de cara a la dictadura militar que lo derrocó en 1968.

Leyó un poco de los diarios que Arias Madrid en el exilio escribía. De cómo entendió los intereses que se mueven detrás del mundo político y qué quería para su país.

‘En su diario de 1941, mientras estuvo en el exilio en Buenos Aires (Argentina), sentado en un parque escribe: ¿Qué pasó? ¿Por qué si yo solo quería traer bien a mi país?... traer esas experiencias adquiridas durante mis estudios en Europa y aplicarlos en Panamá para el desarrollo del pueblo. ¿Qué hice mal para que sucediera esto?’.

—¿Hay posibilidad de que se publiquen los diarios de Arias Madrid?— preguntaron los medios.

—Hay muchas cosas que no se pueden revelar, pero estaría dispuesta si fuera con una persona de confianza— respondió la exmandataria.

Ella siguió hasta el mausoleo que se levantó a un lado del museo, para echar tierra al féretro de Arias. Eran pasadas las seis de la tarde. Aún habían muchos seguidores cerca. Moscoso tomó una rosa roja, como las que su esposo le regalaba, y la lanzó con sus restos.

Y de paso advirtió. ‘Están equivocados quienes piensan que se siguen doctrinas de muertos’.

(Con información de Ricardo Fernández e Ismael Gordón Guerrel)