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02 de Mar de 2021

Nacional

‘¡Me mataron a mi hijo, un niño! ¡Devuélvanmelo!’

El lunes a la noche Adriana despidió a su hijo con una recomendación: que tenga cuidado, que la cosa no estaba para andar tan tranquilo,...

El lunes a la noche Adriana despidió a su hijo con una recomendación: que tenga cuidado, que la cosa no estaba para andar tan tranquilo, que los antimotines andaban hambrientos por todos lados. Mauricio, un joven de 16 años que hasta ese día nunca se había preocupado por el peligro, la besó y salió a la casa de su amiga, a la que había prometido visitar. En un rato estaría de vuelta.

Adriana esperó. Los minutos y las horas pasaron pero ‘Lorenzo’, como ella todavía llama a su octavo hijo, nunca apareció. Ayer, rodeada de familiares, con el llanto que no la abandonaba y sentada en el patio de su casa de la barriada Nuevo San José de Las Lomas, no tenía consuelo: ‘¡Me mataron a mi hijo, me lo mataron! ¡Él era un niño, devuélvanmelo!’.

El brazo de uno de los ocho hijos que le quedan, Irving de 29 años, se aferró a la madre que aún no entiende cómo en cuestión de segundos se le puede quitar la vida a un ser inocente.

Mauricio Méndez fue la segunda víctima que falleció tras los disturbios que se han registrado en la provincia de Chiriquí. Testigos dicen que la Policía le tiró ‘a quemarropa’. El vocero de la Policía Nacional dijo ayer que agentes de la fuerza encontraron al muchacho ‘dentro de un vehículo con signos vitales y gran parte de su rostro desfigurado’. Y que en el carro vieron envases de combustible y restos de fuegos artificiales.

UN ROSTRO DESTROZADO

En el día de ayer circuló una foto de Mauricio con el rostro deshecho, como si un impacto poderoso hubiese achatado y despedazado todo el costado izquierdo. Algo muy parecido a lo que arroja una desagradable búsqueda en Google de los términos ‘fotos rostros escopetazos’.

Adriana, la madre, no lo duda. Tampoco los vecinos, amigos y familiares de Mauricio. Según testigos presentes en la manifestación, una unidad de la Policía Antidisturbios le robó la vida. Las fuentes, que pidieron reserva de nombre, coinciden en que el ‘tongo’ que le disparó lo hizo a quemarropa, desfigurándole la mandíbula.

Aseguran que la madrugada del martes las unidades ‘cargaban balas y no eran solo de goma’. Lo juran: ‘Tenemos las pruebas y las presentaremos’.

Incluso dicen que los policías penetraron en la manifestación camuflajeados, vestidos de civiles, que se subieron a la tienda de un chino y desde esa posición les disparaban.

Uno de los manifestantes que asistió a Mauricio cuando cayó en el suelo contó que la policía ni se inmutó ni los ayudó: ‘Fue un señor que estaba varado al borde de la calle que se compadeció de nosotros’.

Fue pasadas las doce de la madrugada del martes. Mauricio Méndez, de 16 años, fue trasladado hacia el Hospital Regional de David, donde murió. El resto de los manifestantes se mantuvo en vigilia hasta altas horas de la madrugada.

SIN CONSUELO

Afuera de la casa de color crema con ventanas ornamentales, Adriana llora la inesperada muerte de su ‘niño’. Todavía no lo puede creer, repite, si horas antes lo vio en la entrada de su casa ‘afilando su mocha (machete) para irse a trabajar al día siguiente en los cultivos de teca’. En medio de la tristeza que la envuelve, suelta preguntas sin parar: ¿por qué pasó? ¿Quién fue el culpable? ¿Se hará justicia? ¿Cuándo le devolverán el cadáver?

Describe a ‘Lorenzo’ como un buen muchacho que solo llegó hasta tercer grado. ‘Los maestros no lo querían porque era de lento aprendizaje’, explica. Así que desde muy niño, y a pesar de sus limitaciones, él siempre buscaba algo para ayudar a su familia en los gastos de la casa: ‘Desde muy pequeño aprendió a chapear (limpiar patios), era muy atento y colaborador’, recuerda como queriendo no soltar. Y agrega el dato que, ahora, no sabe si es una virtud o el atributo que le costó la vida: ‘Aprendió que en la vida hay que luchar para ganarse las cosas y entendió que ser de lento aprendizaje no era un impedimento’.