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09 de Mar de 2021

Nacional

Al final algo tenía ese puesto de presidente

H aciendo eco de la máxima de Lord Acton de que el ‘poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente’, el entonces aspirante a ...

H aciendo eco de la máxima de Lord Acton de que el ‘poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente’, el entonces aspirante a la presidencia Ricardo Martinelli denunció en una entrevista en el 2007 que en Panamá ‘el presidente de la República es un rey absoluto… que hace y deshace lo que le da la gana’. Por esa razón, Martinelli dijo oponerse a la creación de una Sala Quinta, ya que ésta le daría tanto poder al Ejecutivo, que haría de todos los panameños ‘súbditos de un nuevo reinado’. Sin embargo, repasando la habilidad de los políticos de decir una cosa en campaña y hacer otra una vez electos, Martinelli advirtió que ‘algo debe tener ese puesto’ que hace que los que llegan a él se olviden rápidamente de sus promesas.

¡Cuán premonitorias resultaron dichas palabras! Si algo ha caracterizado el paso de Ricardo Martinelli por ‘ese puesto’ de presidente de la República, ha sido sus esfuerzos por acumular más poder en el Ejecutivo a expensas de las demás instituciones democráticas de Panamá. No es de extrañar, entonces, que los panameños hayan reaccionado con profunda indignación tras la manera represiva en que el gobierno lidió con las protestas de los indígenas ngäbe en el oeste del país. Vieron en dichos incidentes un patrón de creciente autoritarismo por parte del presidente Martinelli.

Panamá vive una de sus mayores crisis políticas desde el regreso a la democracia en 1989. Los fuertes enfrentamientos de los últimos días de la Policía con los indígenas ngäbe en la región occidental del país –que ya han dejado al menos dos muertos– son parte de un mayor clima de crispación política que tiene su origen en el creciente actuar autoritario del presidente.

Desde que llegó al poder en julio del 2009, no más empezando su mandato, Martinelli aprovechó la apertura de dos vacantes en la Corte Suprema para nombrar allegados suyos como magistrados, uno de los cuales es el actual presidente de la Corte. También ha puesto a exsubordinados o gente cercana al mando de instituciones claves como la Contraloría de la República y la Fiscalía General. Si bien Martinelli no violó la ley al realizar o promover los nombramientos, estos ciertamente atentan contra la independencia de dichas instituciones. Peor aún, a través del uso discrecional de partidas específicas, Martinelli ha logrado aumentar su bancada en la Asamblea Nacional de 13 a 36 diputados.

A esto se suman múltiples irregularidades en el manejo de fondos públicos. Los procesos de licitaciones públicas son comúnmente ignorados, y los contratos estatales son asignados a parientes y socios políticos.

Ahora, ante los hechos que azotaron el norte del país, los panameños han dado señales claras de que temen por el futuro de la democracia. Las memorias de los años en que el país vivía bajo la represión de una dictadura aún siguen frescas en las mentes de muchos. Por eso, hoy más que nunca se vuelve imperativo frenar el avance de iniciativas como la Sala Quinta que le darían aún más poder al presidente de la República. Martinelli tenía razón en el 2007. Por eso hay que ponerle freno a sus ínfulas autoritarias en el 2012.

ANALISTA POLÍTICAS PÚBLICAS AMÉRICA LATINA. CATO INSTITUTE