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05 de Jun de 2020

Nacional

Panamá, el reino del nepotismo

Mireya Moscoso nombró a su hermano Franklin en la Embajada griega. Martín Torrijos al tío Roberto Díaz Herrera en el servicio exterior. ...

Mireya Moscoso nombró a su hermano Franklin en la Embajada griega. Martín Torrijos al tío Roberto Díaz Herrera en el servicio exterior. Fiel a la tradición de dar preferencia a parientes para las concesiones o empleos públicos, el actual presidente Ricardo Martinelli colocó al menos 30 allegados a él, a la primera dama, a ministros y diputados, en cargos diplomáticos.

Este fenómeno se llama nepotismo y en los países que se rigen por la meritocracia es considerado una práctica corrupta. Una costumbre que en Panamá no es nueva y han aplicado el PRD, el Panameñismo, ahora el Cambio Democrático y, según especialistas, se lleva el 30% del presupuesto de la nación.

DESDE LA RAÍZ

Mientras naciones como Ecuador, México y Perú, penalizan el nepotismo por el daño que representa la administración sin transparencia de los recursos estatales, en Panamá los gobernantes insisten en aplicarlo en sus diferentes versiones: otorgando empleos a familiares y favoreciendo a amigos o personas allegadas. Ejemplos sobran.

Mireya Moscoso, ya lo dijimos, durante su período presidencial nombró a familiares. Lo mismo que Martín Torrijos. Una fiesta que han montado varios mandatarios y parece estar inscripta a fuego en el ADN panameño: desde la época colonial, la clase dominante utiliza sus nexos e influencias. ‘Panamá es un país pequeño y todos nos conocemos’, escribe la antropóloga Brittmarie Janson Pérez*. El pequeño círculo de apellidos controla del Estado.

A pesar de que el artículo 41 del capítulo Quinto del Código de Ética de los servidores Públicos dice que deben ‘abstenerse de beneficiar con nombramientos en puestos públicos a su cónyuge, pareja de unión consensual u otros parientes dentro del tercer grado de consanguinidad o segundo de afinidad’ y establece sanciones -desde la amonestación verbal hasta la destitución-, estos casos pasaron al olvido.

El nepotismo ‘se ha vuelto parte de nuestra cultura política. La gente común no ve la práctica como algo extraño y delictivo sino como algo normal. Incluso llegan a considerar que es correcto’, explicó el sociólogo Iván Quintero. Hay quienes plantean que si estuvieran en el poder, harían lo mismo.

Con estos precedentes de impunidad, el gobierno de Ricardo Martinelli repitió el patrón de corrupción en los nombramientos de fucionarios públicos. Al menos 30 personas allegadas a él, a la primera dama, a ministros y diputados, han sido nombrados en cargos diplomáticos en esta administración.

El Presidente no se conforma con ser el único de su árbol genealógico que representa a Panamá en el extranjero. Su primo, Güido Martinelli, es el embajador en Italia, con más de 6 mil 485 dólares en gastos de representación. No podemos dejar de mencionar a su sobrino Álvaro Dutari, Cónsul General en Houston, Texas.

Además, Marta Linares de Martinelli, la primera dama de la Nación, tiene a su hermano Carlos Linares como actual embajador en Perú, con más de 4 mil dólares en gastos de representación (reconocidos en planilla). Sus dos hijos, Pamela y Álvaro Linares, sobrinos de la señora de Martinelli, son cónsules en Perú y Barcelona.

RAMIFICACIONES DEL PODER

Giselle Burillo, ministra de Autoridad de la Pequeña y Mediana Empresa (AMPYME), y Gioconda de Bianchini, ex jefa de auditoría interna de importadora Ricamar y actual contralora, se suman a la lista en el árbol genealógico de allegados al presidente, nombrados en los cargos de poder. Y el periodista deportivo, Al Rolando Bianchini, hijo de Gioconda, suma una ramita con un consulado en Argentina. ¿Qué capacidades diplomáticas tiene el periodista deportivo para ejercer este consulado?

Burillo, por su parte, cuenta con la fortuna de tener a sus dos hijos nombrados en el servicio extranjero: Vittorio Calcagno Burillo es Cónsul General de Amberes Bélgica y Giselle Calcagno Burillo es Asistente Administrativa del consulado panameño en Miami. Los muchachos son muy r esponsables y dedicados a su trabajo. Por eso obtuvieron estos importantes cargos, explica la ministra de Ampyme. Y añade que: ‘Ninguno ha estado envuelto en escándalos, representado dignamente al país’. Orgullo de madre por el que está convencida de que sus hijos tienen las capacidades para ejercer estos cargos y que ‘a la juventud se le debe permitir trabajar y desarrollarse, sin importar el nombre de sus padres’.

Para los especialistas en administración pública, la ministra tiene razón: ‘No es cuestionable que se nombren familiares y amigos si tienen una carta profesional que los respalde y entran en un proceso de competencia’, recalcó Hughes.

Si el elegido acredita méritos suficientes para el cargo, el fenómeno será solo una suspicacia. La fortuna de estar en el momento correcto al lado de la persona correcta. El problema real es que se utilicen los cargos de poder para nombrar personas que no tienen competencias, por el simple hecho de ser amigos o parientes, habiendo profesionales idóneos que sí cumplen con los requisitos para ejercer gestiones integrales.

TIERRA DE ABONO.

El Ministerio de Relaciones Exteriores es la cartera que resuelve la situación laboral y económica de quienes guardan algún grado de consanguinidad o amistad con los mandatarios. Esta planilla suele tener personal que, entre salarios y gastos de representación, resulta muy bien pagado.

No solo Martinelli, Linares, Burillo y Bianchini aparecen en la lista. El ministro Jose Raúl Mulino no escapó de la fiebre de no mbrar familiares y su hermano, José Javier Mulino, es Embajador en Costa Rica. En este caso, dispone de más de 3 mil 200 dólares de gastos de representación. Felicia, la hermana de Jimmy Papadimitriu, es Embajadora y Cónsul General de Grecia. Según el listado de recursos humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores, su salario es de mil 500 dólares mensuales, pero no recibe dinero por gastos de representación, como sus pares.

Para el abogado y docente Miguel Antonio Bernal estas paradojas se presentan porque ‘las relaciones de parentesco y amistad empañan la transparencia’. Por eso el nepotismo comprende conflictos de intereses que dificultan la legitimidad en las gestiones de quienes lo practican.

Otros nombres relucen en las listas del Ministerio de Relaciones Exteriores: María Teresa Juliao, aAgregada Cultural en la Embajada en Paraguay, resulta ser la hermana del diputado oficialista Victor Juliao. La hija del diputado Rogelio Baruco, Linnette Baruco, es Cónsul General de New Orleans. El hijo del expresidente de la Asamblea de Diputados, que tiene el mismo nombre de su padre, Héctor Aparicio, ejerce el cargo de Embajador en Israel. Carla Afú, hija del diputado del CD Carlos Afú, está nombrada como Cónsul General de Gran Canarias en España, con un salario de mil 500 dólares, siempre según lo reconocido por planilla, más 3 mil en gastos de representación. Asumió el cargo luego de que su primo, Italo Afú, fuera removido. El consulado de Gran Canarias queda en familia.

Y así sucesivamente, el árbol genealógico del nepotismo se ramifica, evidenciando los apellidos de poder en las planillas oficiales, que al revisarlas conducen a la pregunta: ¿Están todas estas personas en capacidad de desempeñar sus cargos diplomáticos? ¿Estarían dispuestos los no aptos a dejar sus cargos y apostar a la trasparencia?

DENUNCIAR PARA LIMPIAR

El vox pop que corre por los pasillos de las oficinas públicas llegó hasta ‘Mi Panamá Transparente’ en forma de denuncia ciudadana, evidenciando el flagelo en instituciones como La Caja de Seguro Social (CSS), el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) y el Ministerio de Salud (MINSA), cuyas planillas acogen apellidos del poder, sumando ramitas al árbol de la corrupción.

Resulta que el Ministerio de Relaciones Exteriores no es el único que practica el nepotismo y este fenómeno ha invadido otros espacios públicos. La gente lo sabe y calla porque la cultura de la corrupción ha calado las instituciones panameñas hasta el límite del silencio. Y como no está tipificado, entonces... ¿Qué queda?

Para algunas personas hay que cortar este fenómeno de raíz. ‘Evaluar a esta gente, empezando desde la cabeza, y destituirla si es necesario’, dice una funcionaria del MINSA, que prefiere no revelar su nombre. Y no se trata de destituir porque sí, por tener nexos con los gobernantes. ‘No sería justo negarle el empleo a alguien que quizá tenga la capacidad profesional solo por ser hijo, familiar o amigo de una persona que ocupa un cargo de poder’, recalca Hughes. Sino de hacer una evaluación a conciencia de quiénes están capacitados y quiénes no, para resarcir el daño ético que acarrea para el país, apunta Bernal.

Tiene que ver con podar el escenario de contratación pública y trabajar con personas que administren con seriedad y transparencia los recursos estatales, ‘independientemente del origen de sus padres’, como lo expresó la misma Burillo. Independientemente de la sombra del árbol que los cobija.