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28 de May de 2020

Nacional

Summit, el parque de las contradicciones

Hay senderos. Un reinado de verdes que estalla en 250 hectáreas de bosque espeso con especies tropicales y subtropicales del mundo enter...

Hay senderos. Un reinado de verdes que estalla en 250 hectáreas de bosque espeso con especies tropicales y subtropicales del mundo entero. Hay cocodrilos, monos arañas, gaviotas, ganzos, loros, venados. Más de 300 animales que conviven con el encierro y son el atractivo. Hay una promesa que no se cumple: el Águila Harpía, el ave nacional de Panamá que se promociona como el encanto principal, no está. Murió en mayo.

No es la única expectativa que no se concreta en una visita al Parque Municipal Summit. No, al menos, entre los panameños que lo disfrutaron en los tiempos de esplendor. Hoy, según los relatos de esa generación, este espacio no es ni la sombra de lo que supo ser. Los primerizos, esos que nunca antes habían puesto un pie en el jardín botánico y zoológico de Ancón, se maravillan con las intenciones de remodelación.

Es que eso es Summit: un juego de opuesto y sensaciones encontradas entre lo que fue y ya no es, entre lo que es y puede ser, entre lo que se promociona y lo que efectivamente se ve. Quienes saben de sus distintas etapas, desde el brillo de los 60 pasando por el deterioro de los 90, hasta llegar a la actual e incipiente reestructuración, pueden entenderlo.

ARRIBO Y PRIMER IMPRESIÓN

Llegar al parque es una odisea para aquellos que no tienen automóvil. Los buses Coopsaca de la ruta Gamboa pasan cada dos horas y siempre van muy llenos. Luego de eso y casi una hora de camino, con buena parte del paisaje verde que se abre dejando atrás el grisáceo de los edificios citadinos y el smog, por fin se llega.

Una vez aquí, se percibe la preocupación por mantenerlo limpio y mejorarlo. También el interés por poner en práctica la conservación que se predica: la electricidad es a través de paneles solares y los bohíos fueron construidos con madera reciclada de la zona canalera. Por allí se ven niños en los lugares para comer, los de entretenimiento y paseando entre las jaulas que la administración consiguió agrandar.

Pero, enseguida, la contradicción: en dos vueltas a pie, de 2 km cada una, la decepción marca el recorrido. La primera, en ‘Mundo Jaguar’. Se trata del proyecto que inauguró el municipio en julio de 2008 para habilitar 1,000 metros cuadrados de espacio natural que sirvan como hogar de este felino, a fin de conservar su especie a nivel regional y contribuir con la educación. Del promocionado propósito a la realidad hay una brecha: el pobre animal no deja de moverse entre los gritos de ‘¡gato! ¡gato!’ de los niños y los flashes de los visitantes. A veces se mete a su cueva, ajeno a la montonera de los braman desde las rejas.

Los monos araña, aunque intentan salirse del encierro, parecen pasarla mejor. Cuando alguien pasa cerca, saltan, se pegan de la reja, mueven sus colas, chillan, siguen al visitante hasta donde la malla de la jaula lo permite. Todo para llamar la atención de las personas al otro lado. Esas que les toman fotos, les hacen dos ‘monerías’ y luego siguen su camino. El chillido aumenta cuando la gente se aleja, es el llamado desesperado de estos animalitos que vuelven a acostarse.

Néstor Correa, el director del Summit, dice que están trabajando mucho para darle mejores condiciones de vida a los animales y por eso hay varias jaulas en remodelación. Algunas se desmantelarán, otras cambiarán su fachada y muchas serán agrandadas. ‘Precisamente hoy terminamos con el recinto del gallinazo rey que mañana será trasladado a su nuevo espacio’, comenta emocionado.

INDAGAR Y PREOCUPACIONES

Hay certezas: el Summint fue creado en 1923 por la Antigua Compañía del Canal de Panamá como granja experimental. O sea: para probar la capacidad de adaptación de diferentes especies al clima del istmo (ver aparte). Eso permitió que muchas especies en extinción estén preservadas. La firma del tratado Torrijos-Carter, la convirtió en la primera de las áreas bajo el dominio estadounidense en volver a ser sueño panameño.

Desde entonces, pasó por etapas de oro y oscuridad. Tocó fondo en los 90, cuando se sumió en un abandono total. Aunque trabajan por rescatarlo, y hasta crearon programas educativos, centros interactivos y montaron distintas actividades para las escuelas como Ferias Ambientales, hay dudas que siguen en pie.

Una es el desenlace del acuerdo firmado por el Consejo Municipal para negociación y contratación directa con la empresa Indal Caribe Group, S.A. para construir el Jurapark, un parque ‘científico-cultural’ con figuras de dinosaurios.

Otra es la jaula de 15 metros cuadrados en la que tienen alrededor de diez tipos distintos de aves: guacamayas, gaviotas, garzas, gansos, tropezándose a medio vuelo. Ante el hacinamiento surge la pregunta de cuánto es el presupuesto y si no hay posibilidad de crear un espacio acorde a sus necesidades.

Parece que, al menos por ahora, no. Por estar bajo la administración del municipio de Panamá, Summit recibe un presupuesto que le permite pagar el salario del personal y el mantenimiento. Un gran porcentaje de los empleados colabora de manera voluntaria sin remuneración. Cuenta también con lo que generan las entradas, que sirve para sufragar algunos costos.

Pero no alcanza, dicen. ‘Debemos cuidar lo que hay’, expresa una voluntaria. ‘Faltan cosas por hacer pero estamos trabajando en eso pese al atraso’, dice por su parte Correa.

EL FIN Y LA DECEPCIÓN

El Águila Arpía, ave nacional, que según el sitio Web del Municipio de Panamá es la mayor atracción de este histórico parque, no está. La jaula está vacía con un letrero que dice ‘remodelación’ y una foto del animal cazador, cuyas alas pueden medir hasta 200 centímetros. No lo dicen, pero murió en mayo.

El administrador del parque, Rolando Orobio, vaticina que en septiembre puede llegar un águila de 3 años llamada ‘Panamá’.

La Arpía es la segunda águila más grande del mundo y tiene una expectativa de 40 años de vida. Pero por la pérdida de su hábitat está en peligro de extinción. Cheyenne, la última águila del parque, murió de 52 años.

Pensar en ese encuentro es una de las más grandes emociones del recorrido. Mientras la guía del Centro Interactivo habla, todos esperan ver el vuelo que ya no será. Al ver la jaula vacía uno comprende lo de la remodelación. A simple vista, los 30 metros cuadrados son insuficientes para retener a semejante ave.

Así, el recorrido en este parque que ha pasado altas y bajas durante sus distintas administraciones, y que ahora intenta renacer como ave fénix, termina.

Me voy con el recuerdo de los animalitos desesperados, mezclado con el sabor que da la esperanza por saber que muchos de ellos son salvados de la muerte y la extinción. La misma esperanza de los voluntarios que día a día aparcan allí, dos horas de espera en la terminal, para colaborar con el mantenimiento del bosque suburbano al que dentro de dos meses llegará el Águila Arpía: Panamá.