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29 de Nov de 2020

Nacional

Aunque tenía cuerpo de niño siempre se sintió Bárbara

Ella es Bárbara. Toda la vida se sintió como Bárbara aunque la llamaran como a un niño. Por eso desde que pudo, y por todos los medios, ...

Ella es Bárbara. Toda la vida se sintió como Bárbara aunque la llamaran como a un niño. Por eso desde que pudo, y por todos los medios, demostró que no quería serlo. Jugaba a las muñecas, prefería la compañía femenina y se disfrazaba de niña confesando lo que era obvio, lo que nadie dudaba en el barrio ni en la escuela ni en la casa. Se sentía Bárbara sin que nadie la nombrara. Hasta que a los 19 años, además de sentirse, se llamó Bárbara, gracias a un amigo que la bautizó así.

TRANS-FORMACIÓN

A Delia, la mamá, de vez en cuando se le escapa el masculino: él, pero no ahora. Ahora habla de Bárbara en femenino, reivindicando la elección de su hija.

—Es la mejor hija que una madre podría tener. Me ayuda, se preocupa por mi enfermedad, está pendiente. Es mi gran compañera. Me la mandó dios.

—¿Qué pensó cuando se enteró de que ella es trans?

—El primer tiempo estaba mal, me deprimí. Estaba preocupada porque por donde yo vivo los rechazan, cuando yo montaba el bus con ella veía cómo la gente la miraba. Después lo pensé, lo analicé, lo conversé con ella y lo acepté.

El primer tiempo, del que habla Delia, no fue al principio. Fue durante las semanas posteriores al bochinche de los vecinos. Bárbara había empezado a travestirse mucho antes, a escondidas, en los juegos infantiles con los tacones de mamá, en las fiestas juveniles. Se cambiaba donde los amigos y salía. La primera vez que lo hizo en público, fue para una fiesta: falda jeans y blusa, tacones altísimos, que son su debilidad. Mucho maquillaje. Todos sus amigos lo sabían.

DE NIÑO A NIÑA

—A los 14 años empecé el proceso con hormonas, a inyectarme. Fue difícil adaptarme pero poco a poco lo superé. A los 22 años empecé a vestirme de mujer: jeans, botas altas, anteojos negros, cuenta Bárbara—, y explica que ese fue el desenlace lógico de aceptar una identidad que la acompañó desde que nació. "Toda la vida me sentí mujer, siempre fui mujer".

Desde chica le gustaba más jugar con niñas que con niños. ‘Con mis hermanitas, vecinitas, amiguitas, nos maquillábamos’, recuerda con una gran sonrisa dibujada en su rostro de facciones femeninas: ‘mi mamá salía a trabajar y yo corría a ponerme sus tacones y a envolverme en sábanas’, dice ‘siempre me gustó lo femenino, era bien amanerado’, continúa riendo. En buen panameño: era bien prendida mucho antes de llamarse Bárbara.

Por eso en la familia no fue tan dramático verla en ese rol. El papá fue el único que se demoró en aceptarlo, y por una época le gritaba todos los días que había dañado el apellido. Pero aunque él quería un gran varón, como dice la canción de Willie Colón, finalmente comprendió que Bárbara, aunque no haya sido mujer biológica, tampoco es hombre. Es transexual o transgenerista.

Sus hermanas, los hermanos, la mamá y hasta el papá, con todo y demora para aceptarlo, siempre lo supieron: el niño no representaba el nombre y el cuerpo que le había tocado. Bárbara tuvo suerte en eso con su familia con su familia. Muchas personas no son tan afortunadas.

LA CULPA

A pesar de la aceptación de su identidad sexual, Bárbara no escapó del estigma y comparte con otros y otras, que vivieron la experiencia de salir del clóset, ese sentimiento común e injusto llamado culpa.

Sobre todo en la época de separación de sus padres. ‘Yo sentía lo peor. Culpa porque pensaba que se habían separado por mí y eso fue bastante triste’. Instantes dolorosos del proceso de aceptación que han sido elaborados. ‘Ahora normal’, dice. El tiempo pasó y ella se identificó plenamente con su identidad de género.

‘ Aunque mucha gente no está acostumbrada a vernos, siento que me he ganado respeto por mi activismo y a pesar de los duros momentos sigo levantando el estandarte de la diversidad’.

Hay una pausa que trae un recuerdo: un instante en que sintió morir, dice al recordar el episodio en que la apresaron por ‘cambio de fisonomía’. Una figura que inventó la corregiduría para perseguir a los trans. ¿Cuál es la razón legal para ello?

No existe. Hay en cambio razones socioculturales, lo que los especialistas llaman ‘transfobia’. Esa fobia que llevó a Bárbara a la fuerza a un calabozo donde la obligaron a desvestirse, la insultaron, la maltrataron física y verbalmente, y la encerraron durante ocho días: dormía en el mismo piso donde hacía todo lo demás, recuerda.

Del ia pensó lo peor. Pagó la fianza, iba a la comisaría, pedía verla, que la dejaran pasarle comida y medicamentos para la fiebre, pero no. "Está caído el sistema", le decían. Con esa excusa la dejaron adentro un día más y otro y otro. ‘Estaba desesperada, tenía una angustia muy grande’, dice la madre, ‘es feo ver gente que rechaza a tu hijo y lo agrede sin conocerlo. Eso duele’, continúa. ‘Las personas que no entienden las diferencias de la humanidad son las que están mal, no mi hija’.