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23 de Apr de 2021

Nacional

El polizón del barril

Panamá ha querido revivir constantemente las glorias de Vasco Núñez de Balboa, quizá el más célebre personaje de su historia. El hecho d...

Panamá ha querido revivir constantemente las glorias de Vasco Núñez de Balboa, quizá el más célebre personaje de su historia. El hecho de haber sido el Istmo el teatro del fasto acontecimiento que inmortalizó el nombre del audaz aventurero hispano: el descubrimiento del Mar del Sur u Océano Pacífico desde las faldas de las cordilleras darienitas, de cuyo suceso se cumplen el 25 de septiembre de este año cinco siglos, es motivo suficiente para la solicitud con que la Nación procura glorificar el inmortal conquistador, y le consagre su moneda grabando en ella la gallarda esfigie de guerrero.

Como la mayor parte de los conquistadores de América, Vasco Núñez de Balboa, era español, nació en Jerez de los Caballeros hacia el año de 1475, descendiente de una noble familia leonesa establecida en Extremadura. Por su origen de hidalgo desempeñó cuando niño las funciones de paje de Don Pedro Portocarrero.

ESPÍRITU Y TEMPLE

Más su espíritu aventurero e inquieto no le permitió resistir a la tentación de correr el albur de la conquista y el deseo de hacer fortuna en las tierras de aventura del Nuevo Mundo, y se alistó en 1501 –tenía apenas 26 años de edad– en la expedición de Rodrigo de Bastidas, en cuya compañía exploró el golfo de Urabá.

Tuvo Balboa, después de esta expedición, el propósito de radicarse en Santo Domingo y al efecto dedicó al comercio y al cultivo de la tierra los escasos recursos logrados en su expedición por la tierra firme, pero habiéndose ido mal en sus especulaciones, pronto se vio arruinado y cargado de deudas, no quedándole otro medio para hacer llevadera la vida, que tentar fortuna de nuevo en la primera oportunidad que se le presentara.

La ocasión no estuvo lejos, pues pronto el Bachiller Martín Fernández de Enciso, teniente de Alonso de Ojeda, preparó una expedición de auxilio para socorrer a su jefe, gobernador a la sazón en Nueva Andalucía (Colombia), a la que pretendió agregarse Balboa, más temerosos sus acreedores de perderlo, se opusieron a su embarque para el Continente.

Tal contratiempo no opacó temerario del joven hidalgo, sino que sirvió para azuzar su ingenio, y, en efecto, burlando el espionaje de sus acreedores, escondido en un barril vacío escapó de la isla en uno de los barcos de Enciso, no apareciendo sino cuando la flotilla estaba en alta mar.

La sorpresa y el disgusto del Bachiller Enciso al conocer la superchería de Balboa fueron grandes y anunció indignado que lo abandonaría en una isla desierta, pero los ruegos de los tripulantes por una parte, y la actitud agresiva del joven polizón –famoso espadachín– por la otra, influyeron en el cambio de determinación del jefe de la expedición, quien lo admitió en ella como soldado. Por otro lado, el intruso era conocedor de la costa adonde se dirigían y sus indicaciones podían ser de mucha utilidad.

EL GRAN MEDIADOR

Pronto tuvo ocasión Balboa de corresponder a la tolerancia de Enciso cuando al llegar a San Sebastián de Urabá, que Ojeda había abandonado poco antes, encontraron la población destruida por los indios y a éstos en actitud belicosa, dispuestos a impedir el desembarco de los españoles a quienes hostilizaron sin darles punto de reposo.

Por consejos de Balboa, que conocía perfectamente aquella comarca pues la había explorado diez años antes con Bastidas, de cuya expedición, como se tiene dicho, fue miembro, los expedicionarios se trasladaron al otro lado del golfo, en la costa istmeña, región de mejor clima y donde los indígenas parecían menos belicosos.

Sin embargo, alarmados éstos con la aproximación de aquellos hombres extraños se prepararon en número de 500 con su cacique Cemaco a la cabeza, a hacer resistencia a la invasión, y pronto la batalla se trabó con resultados favorables para los españoles, quienes dieron el nombre de Santa María La Antigua al caserío conquistado, en acción de gracia a la Virgen de esta advocación por su triunfo sobre los indios.

El éxito de la empresa mediante la cual, después del triunfo relatado los españoles gozaron de relativo bienestar, redundó en grande prestigio para Vasco Núñez de Balboa, prestigio que supo aprovechar para suplantar con la suya la autoridad de Enciso, quien se mostraba déspota y avaro, aduciendo como razones para desconocer la jurisdicción del Bachiller, el estar la colonia implantada en terrenos bajo el partido de Nicuesa, Gobernador de Veraguas, y fuera, por tanto, del de Ojeda, y Enciso.

Poco a poco, Balboa inteligente y astuto, supo captarse el interés y la adhesión de sus compañeros entre los cuales formó un bando poderoso adicto a su persona y se hizo elegir alcalde en unión de un compañero llamado Martin Samudio.

Mientras tanto, a Santa María arribó una flotilla al mando de Rodrigo Colmenares que buscaba a Nicuesa y con representantes de los colonos de Santa María partió de nuevo para ofrecer a este Jefe el mando de ella.

Colmenares y los comisionados del Darién, encontraron al fin en Nombre de Dios a Nicuesa, a quien pusieron al tanto de los acontecimientos de la colonia, para las exaltaciones y la soberbia de este funcionario que amenazó con castigos y otras sanciones a los vecinos de Santa María tan pronto se hiciera cargo del gobierno, previnieron a los que le fueron a buscar, quienes a su vez, adelantándose al gobernador hicieron presente a sus compañeros del Darién los peligros que corrían al dar el mando de Nicuesa, y de aquí nació la determinación en todos de embarcar a dicho funcionario con 17 seguidores fieles en un navío desmantelado y falto de provisiones que se perdió en la inmensidad del océano, dando así fin a la carrera aventurera del infortunado caballero.

AL MANDO DE LA EXPEDICIÓN

Quitado de en medio el obstáculo que representaba Nicuesa, se procedió a procesar al Bachiller Enciso, confiscándole los bienes y expulsándolo del Darién. Balboa entonces asumió el mando absoluto de la colonia y procedió a efectuar las exploraciones por la tierra, en las cuales venció unas veces, y otras ganó por el agasajo y los donativos, a los Caciques vecinos, entre los cuales figuraban como más poderosos Ponca, Careta y Comagre, de quienes tuvo por primera vez informaciones sobre el Perú.

Con la halagadora noticia que le diera Panquiaco, hijo de Comagre, acerca de la existencia de un mar más allá de la cordillera, a través del cual había que pasar para llegar a la región donde el oro abundaba tanto que las vajillas de uso de los naturales eran de este precioso metal. Balboa regresó a Santa María y envió comisionados a Santo Domingo para que consiguieran auxilios con los cuales reforzar la colonia y llevar a cabo la audaz empresa que le obsesionaba, de descubrir y explotar el mar Austral desconocido.

Desesperado por la tardanza del socorro esperado, y preocupado por las noticias que le llegaron de las indisposiciones que Enciso le hiciera en la Corte, con los escasos recursos con que contaba resolvió al fin emprender la ardua empresa de llegar hasta el Océano, motivo de sus anhelos.

En efecto, el 1° de septiembre de 1513 emprendió la marcha a través de una naturaleza bravía que le anteponía tropiezos sin cuento; sosteniendo combates constantes con los indígenas que a su paso encontraba, y enfrentándose a las enfermedades y otros contratiempos que contribuían a obstaculizar su avance, hasta que al fin, el 25 del mismo mes, desde las últimas estribaciones de la cordillera del Chucunaque pudo gozar de la fruición de su triunfo con el espectáculo que se presentó ante la vista, de un dilatado horizonte donde la línea de las aguas del nuevo y desconocido mar, se destacaba en Contananza como una promisión de nuevas aventuras y de ensueños realizados.

El júbilo de la expedición no tuvo límites. Se cantó un Te Deum en acción de gracias por el éxito de la empresa por el ciengo Andrés Vera, capellán de los expedicionarios, se levantaron monumentos de piedra y se grabaron las cortezas de los árboles para conmemorar el trascendental y grande acontecimiento.

El 29 del mismo mes, revestido de su armadura, y llevando en una mano la espada y en la otra el pendón de Castilla, tomó posesión del océano en nombre de los soberanos españoles.

Por otro camino, y no sin haber explorado antes el Golfo que bautizó de San Miguel; haber avizorado a distancia el archipiélago llamado de Las Perlas por la abundancia de éstas en sus alrededores; y reconocido parte de la costa sur, retornó Balboa a Santa María el 19 de enero de 1514, cargado con un rico botín en oro, perlas, tela y otros artículos de algodón, amén de la gloria de su trascendental descubrimiento que llevaría a la inmortalidad su nombre de esforzado conquistador.

UN NUEVO ENVIADO

Fue el primer cuidado de Balboa al volver a la colonia, enviar mensajeros a la Corte a dar cuenta de su proeza a los Reyes, para quienes seleccionó presentes de oro, perlas y otros objetos valiosos, pero las indisposiciones de sus enemigos habían hallado eco desfavorable en las determinaciones de los soberanos castellanos, quienes nombraron gobernador del Darién, llamado Castilla de Oro, a Pedro Arias de Avila.

Caballero de Segovia, quien arribó a Santa María a fines de julio del mismo año para hacerse cargo de su gobierno. A pesar del recibimiento cortés y la sumisión de Balboa a la autoridad del nuevo mandatario, éste predispuesto en su contra le persiguió sistemáticamente reduciéndolo pronto a la impotencia y la miseria.

Mejor informados los Soberanos castellanos y complacidos por la hazaña venturosa de Vasco Núñez de Balboa, enviaron a éste el título de Adelantado del Mar del Sur y el nombramiento de gobernador de las Provincias de Coiba y Panamá, con su cción sin embargo, a la autoridad de Pedrarias, quien no perdonándole las simpatías de que gozaba entre los soldados españoles y entre los indígenas sometidos, le hizo blanco de su odio hasta llevarlo injustamente al patíbulo.

No valieron en el ánimo del cruel Gobernador las advertencias de Fray Juan de Quevedo, primer obispo del Darién, que acompañaba a Pedrarias; ni los ruegos de su esposa Doña Isabel de Bobadilla; ni la solicitud del adelantado en el servicio de cuantas comisiones le encomendaron; ni el parentesco espiritual que unía a los dos gobernadores pues por mediación del obispo, Balboa se comprometió a la hija mayor de su perseguidor, Doña María de Peñalosa, residente en España, para armonizar sus aspiraciones con las del futuro yerno, y, antes bien, con el transcurso de los días su odio se hizo cada vez más acentuado, azuzado por el Bachiller Enciso, que había regresado al Darién con el cargo del Alguacil Mayor de la Colonia, y por otros malquerientes que hacían al valeroso descubridor víctima de la envidia.

Pretextando una conspiración patrocinada por el Adelantado del mar del Sur para evadirse de su autoridad y formar en el Sur un gobierno independiente, Pedrarias hizo abrir por el Licenciado Espinosa un proceso por rebelión contra el Adelantado y cuatro de sus amigos calificados como cómplices, y los hizo condenar a la pena capital.

La crucidad del inicuo gobernador llegó hasta contemplar, oculto tras un tabiado, la ejecución del que reputaba su enemigo, ordenar luego que las cabezas de los ajusticiados fueran expuestas en sendas plena a la curiosidad pública de los habitantes de Hacia, donde consumó su injusticia.

Así acabó su brillante carrera el humilde hidalgo de Jerez de los Caballeros, que impelido por la penuria y en alas del ardor de su ánimo aventurero, se lanzara al Nuevo Mundo en pos de las glorias que fueron al fin propicias a sus anhelos de conquista y de renombre.

Si tuvo defectos, si fue cruel con Nicuesa e injusto con Enciso, otro más por principio de conservación que por desmedida sed de riqueza y ambición de mando. A su medro y a su conveniencia personal antepuso siempre el servicio del Rey y la gloria de la Patria.

Sus defectos pudieron ser grandes, pero sus virtudes los superaron, y la sangre vertida en el deshonroso patíbulo, al lavar los primeros, contribuyó a enaltecer al héroe de la conquista istmeña y al descubridor afortunado del Grande Océano.

Panamá, en conmemoración de la hazaña de Balboa, erigió un monumento frente al teatro de la portentosa proeza que dio renombre al arrojado soldado como al país que fue tumba de sus despojos y pedestal de su grandeza. Así revive, como el fénix, de la oscuridad donde el victimario Pedrarias quiso sumirlo, el nombre inmortal del Adelantado del Mar del Sur.