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23 de Apr de 2021

Nacional

Las islas de la Bahía: más que turismo de playa

Habían ocultado los 31 fardos entre unas maderas desvencijadas. Llevaban tres días acosados por los operativos que la Fuerza Naval hondu...

Habían ocultado los 31 fardos entre unas maderas desvencijadas. Llevaban tres días acosados por los operativos que la Fuerza Naval hondureña estaba realizando en La Mosquitia, en el Caribe, para encontrar los 775 kilos de cocaína que habían llegado a Caratasca. Las pistas apuntaban a los hermanos Kork Anderson y Antonino Oscarealis Wrist Lucas, originarios de Roatán, enclave principal de las Islas de la Bahía.

Habían ocultado la lancha de dos motores, cada uno de 200 caballos de fuerza y 25 pies de largo en Cayos Vivorillo, una zona marítima con muchos islotes que los narcotraficantes usan para ocultarse. Llevaban, por si acaso, unos ocho barriles de combustible. Ellos, también por si acaso, no portaban documentos.

‘Fue un operativo intenso de búsqueda que logró buenos resultados’, dijo el ministro de Defensa, Marlon Pascua, que informó que la droga sería traslada a Islas de la Bahía, al norte de Honduras, y luego a Estados Unidos. Pero Pascua sabe que lo más probable es que los hermanos queden en libertad y sin cargos. Él mismo reconoce que ‘normalmente estas personas son puestas en libertad por malos procedimientos’.

Al igual que en Panamá, los Cayos Vivorillo, con escasa vigilancia policial y militar, son un punto obligado del tránsito caribeño de la droga. En la zona hay más de diez cayos, islotes y bancos de arena ubicados en la provincia de Gracias a Dios, fronteriza con Nicaragua.

Por Honduras pasa el 79% de la cocaína que llega a México desde Sudamérica, según las autoridades. En los últimos meses los narcotraficantes han cambiado sus rutas para introducir drogas a Honduras para luego trasladarla a Estados Unidos. Aquí se forma lo que el Departamento de Estado de EEUU conoce como el triángulo de la droga.

La ruta costera esparce las vías de acceso marítimas, y dentro de Honduras no descartan la existencia de minicarteles de la droga en Roatán (la isla más grande), Útila y Guanaja, en el Mar Caribe; y al sur con Nicaragua. Honduras ha pasado de ser puente de los narcos, a constituirse en un depósito de la droga.

Bajo el pretexto de promover el turismo, las Islas de la Bahía se han quedado sin dueño. La presencia policial se convierte en ausencia, y gran parte del tráfico de droga que viene por las rutas marítimas, desemboca en ellas sin sufrir ningún tipo de acoso como sucede en otras zonas.

En estas tres islas está concentrado el 90% de la flota pesquera hondureña, según fuentes oficiales. Los pescadores han aprendido a canjear en alta mar los mariscos y langostas que pescan por la droga que viene de Colombia, particularmente de las islas de San Andrés.

Según analistas, los pescadores regresan a las Islas de la Bahía sin el producto pescado, pero con mucha droga. Esta droga empieza a ser utilizada como moneda de pago. En la medida que la droga se utilice para pagar en especie los servicios del traficante local, se producen esos flujos pequeños, pero a la vez importantes, de droga que circula dentro del territorio nacional, estimulando el consumo local.

El esquema es similar a otros países de la región: una zona desatendida, una población olvidada y agitada por la pobreza, y un mercado turístico muy interesante. De acuerdo con el CEINCO, el Centro de información de las Fuerzas Armadas, en La Mosquitia la mayor parte de la población apoya, participa y encubre esta actividad. Pero las autoridades no pueden criminalizar la pobreza.

La compra de tierras es el siguiente síntoma. Con pasaporte colombiano, algunos sospechosos de narcotráfico están comprando propiedades en los departamentos de Gracias a Dios, Colón y en toda la zona del litoral atlántico hondureño. Hasta las agencias de bienes raíces norteamericanas promueven la venta de propiedades en las playas de las Islas de la Bahía sin ningún control sobre el origen del dinero.