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26 de Jun de 2022

Nacional

¿Quién protege a los animales del hombre?

Micaela tiene una cicatriz que va de la base del cuello, le recorre la espalda y termina en el coxis. La marca que cubre gran parte de s...

Micaela tiene una cicatriz que va de la base del cuello, le recorre la espalda y termina en el coxis. La marca que cubre gran parte de su cuerpo es el resultado de una operación que le hicieron para retirarle la piel que se le quemó luego de que le tiraran agua hirviendo. Durante varios meses, Micaela estuvo en proceso de recuperación, cubierta con vendajes que tapaban su herida y que a cada rato debía cambiarse porque sangraba constantemente.

Cuando estas cosas le suceden a una persona, lo más seguro es que ocupe la portada de algún tabloide o por lo menos una nota de un buen tamaño, la cual –por el impacto de la información– desencadenará todo un debate sobre la violencia de género. Esto sin contar que seguramente el agresor será rápidamente arrestado y condenado.

Pero si resultara que Micaela no es un ser humano, sino que es una perra de esas que, despectivamente, llaman ‘tinaqueras’, ¿la indignación sería la misma o impactaría tanto el hecho? ¿Se sabría quién pudo llevar a cabo semejante acción y sería castigado? ¿Qué tipo de castigo llevaría?

La Ley 70 del 2012, conocida como la ‘Ley de los animales’, en su artículo 16 indica: ‘quienes causen lesiones o la muerte de un animal doméstico serán sancionados con multa de quinientos balboas (B/.500) a mil balboas (B/.1,000) y con trabajo comunitario’. La misma ley, unos párrafos antes, especifica que ‘la muerte o lesión grave por actos de crueldad causada a un animal doméstico utilizado como mascota será sancionada según lo establecido en el artículo 421 del Código Penal’.

El contenido de este artículo dice que el castigo para quien cometa un crimen en contra de un animal doméstico pagará con entre ‘100 a 200 días de multa o de trabajo comunitario’.

LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES

La semana pasada se hizo saber que Panamá se suscribió a la Declaración Universal sobre el Bienestar Animal (DUBA). Se trata de un ‘pacto que busca que todos los países de la Organización de las Naciones Unidas reconozcan que los animales también sienten y sufren y que, por tanto, deben ser protegidos de cualquier maltrato a través de una ley oficial que lo regule’, se publicó en la página Prensa Bella Vista

En la web de La Estrella se informó que el canciller Fernando Núñez Fábrega, en una carta dirigida a la Sociedad Mundial para la Protección Animal (WSPA por sus siglas en inglés), quienes encabezan la iniciativa del DUBA, aseguró que la adhesión al pacto ‘será un avance hacia una sociedad más justa para seres humanos, el ambiente y los animales’. A lo declarado, el ministro de Relaciones Exteriores añadió que esta acción es un ‘compromiso de Panamá con los animales en el marco del desarrollo sostenible’.

Unas semanas antes de la firma de este tratado, el diputado Víctor Juliao, quien en 2012 presentara el proyecto que culminó con la aprobación de la Ley 70, llevó a la Asamblea Nacional otra propuesta: modificar el artículo 421 del Código Penal para que en vez de castigar con días de multa a los agresores o asesinos de algún animal doméstico, se les castigue con cárcel de seis meses a cinco años.

El propio Juliao comentó en su momento que las sanciones estipuladas en la Ley 70 eran ‘penas que en nada frenan la barbarie contra los animales (...) lo que permite a los criminales y torturadores de mascotas continuar con sus actitudes inhumanas’.

En un comunicado que envió la Asamblea Nacional en donde se informa de la propuesta del diputado del CD, se menciona que la reforma al artículo 421 del Código Penal tuvo como principal motivador: ‘la muerte por dos impactos de bala de un perro bautizado con el nombre de James Bond, y el de un canino quemado con agua caliente por una mujer porque el animal intentó aparearse con su mascota’.

‘CHOCO’

¿Pero cuántos casos como el de ‘James Bond’ han habido sin que nadie lo sepa?

‘Chocolate’ parece una perra normal. A simple vista nadie nota que tiene una cicatriz que le divide la parte superior del pecho. La forma más fácil de explicarlo: es como si lo tuviera dividido en canal.

El primer hogar de ‘Choco’, como la llaman cariñosamente sus dueños, fue en Tocumen. Ahí vivía en el garaje de una casa. Para que no se escapara, la cachorra (en ese entonces tenía menos de un año) era amarrada. Por alguna razón que nunca se sabrá, su dueño en vez de amarrarla con una correa para perros, una soga o cualquier otro tipo de cuerda, usaba alambre de púas.

Un día el animal huyó de su casa. En su esfuerzo por soltarse el amarre terminó incrustándose el alambre en todo el pecho. Al parecer no fue impedimento para que abandonara su casa. Sin embargo, cuando estaba en pleno escape, un vehículo la atropelló.

‘Choco’ no murió gracias a la intervención de miembros de la Fundación Laika, quienes le consiguieron atención veterinaria y un hogar permanente. Hoy la canina tiene unos 13 años.

LOS DEFENSORES DE LOS ANIMALES

Karina Bazán es una de las caras de la Fundación Ángeles de los Animales, al hablar con ella sobre el tema del maltrato animal, la protección a las mascotas y el marco legal que existe, comenta: ‘La ley ayuda mucho, pero las personas no se atreven a denunciar. Sin denuncias, no puede hacerse justicia’.

Cuando se le pregunta cuánto han bajado las cifras del maltrato y violencia a los animales, Bazán indica que no hay forma de medirlo ni compararlo con el pasado: ‘No hay cifras que puedan determinar si ha bajado o no, ya que antes, por no contar con ley, los reportes y denuncias eran muy escasos. Lo que sí podemos decir es que al más personas conocer de la ley, asumimos que las personas se privan un poco de actuar tan a la ligera’.

Bibiana Rodríguez, coordinadora general de la Fundación San Francisco de Asís, comenta que gracias a la Ley 70 ‘actualmente hay más conciencia (sobre el maltrato animal); sin embargo, la falta de divulgación de la ley nos lleva a que existan todavía muchas personas que no la conocen. Esta es una gran herramienta para las personas que sufren el maltrato a los animales y con ella hemos logrado que los maltratadores reciban penas para estos actos. Eso ha sido un gran avance’.

SIETE VIDAS NO ALCANZAN

‘Hermosura’ era un felino que le hacía honor a su nombre: grande, de frondoso pelaje amarillo con blanco y rayas naranjas .

Sus primeros años los pasó en la calle, hasta que, un día, lo adoptaron.

Una de las primeras cosas que sus dueños observaron, es que ‘Hermosura’ tenía algo extraño en su oreja.

Aprovechando que iban a esterilizar al gato, el veterinario le revisó la masa que tenía en su oreja izquierda. No era un tumor, sino un objeto extraño a su cuerpo: un balín pellets que alguien le disparó, seguramente, para matarlo.

Y así como ‘Hermosura’, hay muchas historias similares. ‘Camilo’, por ejemplo. Una mañana, una carro se detuvo frente a una de las casas que hay en la calle 113 A de Campo Lindbergh. El conductor del vehículo bajó la ventana y tiró una bolsa cerrada a una de las casas. Subió el vidrio y se fue.

Dentro de la bolsa estaba ‘Camilo’. Lo que no sabía el conductor (o quizás sí, siempre será una duda) es que en la casa donde lanzó a ‘Camilo’, vivían tres rottweiler. Juan, un jardinero que trabaja en el área, vio la escena. Lleno de curiosidad, y adelantándose a lo que hubiese sido un trágico final, tomó la bolsa.

EL ABANDONO

Quien deja a un animal sin protección será castigado con una cifra entre $100 y $500, además de trabajo comunitario, advierte la Ley 70 de 2012.

Cuando la familia de ‘Azabache’ la dejó en su antigua residencia, esta penalización no existía. A lo mejor un castigo como éste los hubiese hecho pensar dos veces.

Un día los dueños de ‘Azabache’ se fueron de su casa. Al principio nadie se percató ; sin embargo, los vecinos notaron algo extraño cuando los recibos de luz, agua y teléfono se empezaron a acumular.

Durante las primeras semanas, quienes vivían al lado de la casa donde estaba ‘Azabache’, al no saber si habían dejado al can ahí de manera temporal hasta que terminara la mudanza y se asentaran completamente, no se interesaron mucho en el tema. Sin embargo, cuando notaron que avanzaba el calendario y nadie le llevaba alimento ni agua al animal, empezaron las especulaciones. Durante varios meses, los vecinos le tiraban bolsas con hueso rojo, pollo o lo que fuera para alimentar a la anciana perra (para cuando la dejaron en la orfandad, se cree que tenía entre 10 y 12 años).

Al final, un 31 de diciembre, un vecino se la llevó a su casa. Como la reja de la casa tenía candado, el ‘secuestrador’ lo que hizo fue llamar a la perra, meter los brazos por los barrotes y pasarla por encima del portón.

NEGLIGENCIA DE LAS AUTORIDADES

Cuando se le pregunta a los activistas sobre cómo colabora el Gobierno las respuestas no son muy alentadoras.

Bibiana Rodríguez dice: ‘Tanto como hablar del Gobierno es mucho pedir; pero sí siento que cada vez el tema despierta mayor interés en la rama política y eso es siempre una buena noticia’.

Karina Bazán, por otro lado, cuenta que ‘estamos luchando con corregidores que no quieren prestarle la importancia a la Ley. Hicimos capacitación a los corregidores del Municipio de Panamá, y estos tienen un poco más de voluntad y conocimiento. Sin embargo, en lugares como Arraiján y La Chorrera nos hemos topado con corregidores y jefes de corregidores que tienen cero dominio sobre el tema y cero voluntad de querer ayudar. Nos dijeron simplemente que ellos no toman denuncias de maltrato animal, debido a un incidente confuso de un corregidor que tomó una denuncia cuando era delito, no falta. En fin, no hubo manera humana de hacerlos entender que ellos son quienes deben tomar las denuncias de maltrato animal general y que, cuando se causa lesión grave o muerte, entonces es con la DIJ que se debe proceder’.

En palabras de Bazán, esta actitud de los corregidores lo que logra es desmotivar ‘a las pocas personas que se atreven a poner la denuncia, ya que no hay apoyo ni responsabilidad’. A pesar de esto, la defensora de los animales resalta la labor municipal: ‘El Municipio de Panamá firmó un convenio para esterilizaciones mensuales, lo que evita la sobrepoblación, maltrato y abandono. Esta iniciativa es parte de la solución y prevención’.

PERRO AL BARRANCO

Sí, todos los anteriores son casos ocurridos antes del 2012. ¿Ha cambiado algo luego de la aprobación de la Ley que no hay ejemplos posteriores a la fecha? Al contrario, muestras sobran:

Marisol publicó la semana pasada en su cuenta de Facebook que buscaban hogar para una perra que unos vecinos en Colón rescataron de un barranco. ¿Cómo fue a dar el can hasta allá? Muy fácil: alguien la tiró hacia abajo.

Cuenta Marisol que, según los muchachos, escucharon ruidos en la calle y se asomaron a ver qué pasaba. Al mirar hacia afuera pudieron ver a un tipo que pateaba a un perro. El sujeto pateó al canino hasta que este cayó. Luego se fue.

Los muchachos lograron salvar a la mascota y la llevaron al veterinario. En estos momentos se encuentra bien de salud, pero busca un hogar. Al preguntarle si pudieron identificar al agresor o tomar la placa de su vehículo, comenta que ‘en ese momento estaban más atentos en salvar a la perrita que en atrapar al tipo’.

ASUNTO DE CIVISMO

Rodríguez opina que ‘el respeto hacia cualquier ser vivo debería ser un asunto de sentido común; pero como dice el dicho: ‘el sentido común es el menos común de los sentidos’. Definitivamente es un tema que debe empezar en casa’.

A la misma pregunta de si la protección y cuidado de los animales es un tema gubernamental o social, Karina Bazán añade: ‘El tema de protección, respeto y convivencia armoniosa entre el humano y los animales es un tema de todos. Nosotros decimos que el animal de la calle es el que más dueños tiene: tú, yo, el gobierno, las ONGs y todos los panameños. Así mismo, los padres, los colegios, los gobiernos y las ONGs debemos hacer campañas educativas para prevenir el maltrato animal y promover la convivencia armoniosa con los seres que comparten nuestro espacio’.

Pero no todo el panorama es oscuro, la coordinadora de la Fundación San Francisco de Asís, Bibiana Rodríguez comenta que ‘la gran noticia es que los niños de ahora vienen con el ‘chip ambientalista’ programado y está en los padres y profesores evitar que lo pierdan con los años. Estos niños tienen grandes cosas que enseñarnos y es el momento en que los adultos debemos empezar a escuchar’.