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26 de Nov de 2020

Nacional

La ‘nochemala’: invasión EEUU

Cuando el domingo 17 de diciembre de 1989 el presidente de Estados Unidos George H. W. Bush decide invadir Panamá y sacar a Manuel Anton...

Cuando el domingo 17 de diciembre de 1989 el presidente de Estados Unidos George H. W. Bush decide invadir Panamá y sacar a Manuel Antonio Noriega del poder del país del Canal que comunica el Atlántico con el Pacífico y con bases militares estratégicas, muy pocos en Panamá consideraban creíble esa posibilidad.

Se corrían rumores de un posible ataque del Comando Sur acantonado en el país, pero para muchos una invasión de este tipo en tiempos modernos era cosa del pasado.

Un día antes, sábado 16 de diciembre, un subteniente de EEUU, Robert Paz, había muerto en un incidente confuso en la Avenida de Los Mártires, bajo el fuego de ametralladoras de militares panameños. Fue el primer incidente importante tras el ascenso formal al poder absoluto de Manuel Antonio Noriega en Panamá como jefe de Estado, el viernes 16 de diciembre. Noriega había ‘declarado la guerra a Estados Unidos’. Ese era el escenario.

En las últimas horas del martes 19 de diciembre, como a las 11:30 p.m., se escuchan los primeros estruendos de lo que se convirtió en una lluvia de explosiones en la ciudad de Panamá. A medida que avanzaba la media noche, los fuertes impactos se sentían con más fuerza. Los residentes en El Chorrillo fueron los primeros testigos de la invasión.

Ver vehículos militares del ejército estadounidense circulando por las calles de Panamá daba señales de que el fin de la dictadura llegaba de forma violenta. Era la primera guerra que varias generaciones de panameños verían.

No pasó mucho tiempo cuando la noticia fue confirmada por el propio presidente Bush, quien anunció en una cadena nacional que las fuerzas militares estadounidenses habían invadido Panamá y tenían como objetivo capturar a Noriega para proteger los intereses de la nación del Norte.

A la acción militar le llamaron Operación Causa Justa. Cientos o miles de panameños –aún se debate el número— murieron víctimas del bombardeo. Ni siquiera una comisión creada para este fin pudo determinar el número de muertos.

NORIEGA AL DESCUBIERTO

El 7 de junio de 1987 el coronel Roberto Díaz Herrera, seis días después de que lo jubilaran, decide convocar a una conferencia de prensa que estremeció los cimientos del Estado Mayor y del país. En sus declaraciones, Díaz Herrera acusó a Noriega de ser aliado de los grandes carteles de la droga que operaban en ese tiempo y de haber convertido a Panamá en una dictadura.

Hoy, 24 años después, en su casa ubicada en Costa del Este y con su archirrival en El Renacer, cuenta lo que pasó aquel día: ‘No fue un día en el que Díaz Herrera se levantó y dijo voy a hablar y a decir todo lo que me dé la gana porque no formo ya parte de la comandancia’.

Recuerda que desde el asesinato del médico revolucionario de Chitré Hugo Spadafora Franco, ocurrido en 1985, a quien describe como ‘su amigo’, no estaba conforme con algunas cosas que sucedían en la administración del Estado y la comandancia.

Dice que el último día en que vio al general fue el 25 de mayo de 1987, cuando Noriega lo llamó a su oficina. ‘Cuando entro, estaba toda la plana mayor. Estaba con todos mis nervios en tensión. Me senté donde me correspondía dentro del salón. Como segundo al mando me sentaba a la izquierda y él a la derecha, pero Noriega no se sentó en el sofá y se colocó en una silla. Entonces me dice: ‘Roberto, te he mandado a llamar porque andas hablando vainas por ahí a los oficiales’. Y yo hasta allí lo dejé y le dije que se callara, que él había ensuciado todo lo que (Omar) Torrijos había hecho, que esto era una sucursal de los carteles’.

1987, AÑO DE PROTESTAS CIVILISTAS

Aquellas declaraciones vinieron a confirmar lo que los opositores sabían. De hecho, eso le dio más fuerza al movimiento opositor al gobierno y se formalizó la llamada Cruzada Civilista Nacional, que de ahí en adelante encabezaría la lucha, con pañuelos blancos, pitos, pailas y protestas pacíficas. El mundo entero supo, entonces, que era Noriega el verdadero poder.

También desde Estados Unidos, un grupo de panameños exiliados hacían lo mismo, recurrían a cuanto medio podían allá. Desde hacer lobby en el Senado a la espera de que un senador estadounidense escuchara sus ruegos de ayuda a denunciar lo que ocurría en el país del Canal. La idea era demostrar a la opinión pública que el hombre en Panamá de EEUU, la ficha clave en su estrategia de inteligencia y seguridad, era un corrupto.

En septiembre de 1987, a Noriega se le trató de buscar una salida pacífica, que posteriormente se denominó ‘Plan Blandón’, que consistía en el retiro de Noriega y parte de los oficiales que ya para 1988 habrían completado la edad de 25 años de servicio, pero el plan fracasó, ya que Noriega se enteró de que los fiscales en EEUU le adelantaban un proceso por narcotráfico.

Esa no fue la única ocasión en que se negoció con Noriega. Más tarde, en marzo de 1988 , llegaron Mike Kozak y William Walker, enviados por el Departamento de Estado con otra oferta para que abandonara el poder. La propuesta consistía en un asilo en España y una promesa de no solicitar su extradición. Ese intento también fracasó porque no se incluía el cierre del proceso judicial que se había abierto en su contra.

Pasada la administración del demócrata Ronald Reagan (enero 1981 – enero 1989), entra el republicano George Bush.

1989 FIN DE LA DICTADURA MILITAR

Tres fechas podrían ser las que ayudaron a decidir por una salida rápida de Noriega de Panamá. La primera, el 3 de octubre de 1989, cuando un grupo de hombres armados pertenecientes a las Fuerzas de Defensa, a cargo del mayor Moisés Giroldi, de la Compañía Urracá, intentan derrocar al general y fracasan. Giroldi, junto a Edgardo Sandoval y otros militares, terminan siendo ejecutados por órdenes del Noriega.

El otro acontecimiento fue el decreto del 15 de diciembre de 1989 con que la Asamblea de Representantes declara a Manuel Antonio Noriega como jefe de Estado y este le declara la guerra a EEUU.

El otro hecho significativo fue el incidente del día siguiente al ascenso de Noriega entre los soldados de EEUU y los militares panameños, donde el subteniente Paz pierde la vida alcanzado por el fuego de una AK-47 y el infante de marina Richard Haddad fue herido en el pie.

Algunos allegados a Noriega aseguran que éste era de los que pensaban que Estados Unidos no se atrevería a invadir un país a las puertas del siglo XXI. Todavía el día 20 de diciembre, a la medianoche cuando sonaban las primeras bombas, Noriega no entendía la magnitud de lo que se le venía encima.

Huyendo de un lugar a otro como un fugitivo, Noriega pasó por muchas residencias en el área cercana a la vía Tocumen. Hasta el 24 de diciembre cuando contacta, a través de un amigo, a la Nunciatura Apostólica para que le brindara refugio, ya que ese es un territorio del Vaticano y EEUU no se buscaría un conflicto internacional. Acordó que el nuncio, José Sebastián Laboa, lo recogiera en el restaurante de comida rápida Dairy Queen, ubicado en Campo Limbergh en las inmediaciones de Juan Díaz. Laboa envió al padre Javier Villanueva, quien fue el encargado de llevarlo a la Nunciatura, sede diplomática donde se habían refugiado varios perseguidos por el propio Noriega.

El hombre que decía que había inventado el miedo tuvo que entregarse el 3 de enero de 1990 ante la justicia de EEUU ante el temor de que las manifestaciones alrededor de la Nunciatura terminaran violentamente.

22 AÑOS FUERA DE PANAMÁ

Después de dos años y cuatro meses de estar recluido en una cárcel de Miami, EEUU, en abril de 1992 Noriega es juzgado por un Tribunal estadounidense que lo declaró culpable de ocho de 10 de los cargos por narcotráfico y blanqueo de dinero por los que le acusaba un tribunal de Miami.

La escena del veredicto final del primer juicio que enfrentaba Noriega fue descrita por el diario español El País, en su edición del 10 de abril, así: ‘Noriega no expresó ninguna emoción al escuchar el veredicto, pero dos filas detrás de él sus tres hijas, Thais, Sandra y Lorena, lloraban. Su esposa, Felicidad, también estaba allí por primera vez desde que fue sorprendida robando botones en una tienda de Miami, y al igual que Noriega ocultó muy bien su decepción. En cambio, en el bando contrario todo fueron sonrisas y abrazos para los tres fiscales que se hicieron cargo de la acusación del Gobierno, especialmente después de cinco tensos días en los que la indecisión del jurado parecía favorecer a Noriega’ .

Fue condenado a 40 años de prisión, pero la pena posteriormente se rebajó a 30 años y luego a 20.

Mientras el exgeneral seguía pagando su condena en EEUU, en Panamá los procesos judiciales en su contra continuaban. El 20 de octubre de 1993, un Tribunal panameño lo condenaba a 20 años de cárcel por el asesinato y decapitación del médico opositor Hugo Spadafora, ocurrido en 1985.

A sus 61 años, Noriega enfrentó otro juicio, esta vez en Francia. El 1 de julio de 1999, Noriega es juzgado en ausencia por el Tribunal Correccional de París. En este proceso judicial fue condenado a 10 años de prisión por blanqueo de dinero procedente de la droga. También fue condenado al pago de una multa de 11.2 millones de euros ($11.6 millones). La sentencia al exdictador iba acompañada de una orden de detención internacional, que no se pudo hacer efectiva debido a que gozaba del estado de prisionero de guerra en EEUU, donde también pagaba una condena.

Tras varios intentos de extradición a Francia, y de haber pasado 17 años en una prisión en Miami, por fin en 2009 la justicia estadounidense autorizó al gobierno de EEUU dar luz verde para la extradición a Francia, un país que le reclamaba para juzgarle por blanqueo de dinero a través de bancos locales.

En abril de 2010, el exdictador panameño llegó a Francia para continuar con su condena, pero pasado un año, el 11 de diciembre de 2011, Manuel Antonio Noriega vuelve a Panamá para continuar con su cadena de condenas en el Centro Penitenciario El Renacer, en donde permanece hasta hoy 20 de diciembre de 2013, a la espera de que un Tribunal panameño le conceda casa por cárcel y de que se establezca la fecha para el juicio por la desaparición del sindicalista Heliodoro Portugal.