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- 23/01/2026 16:14
Roma se convirtió en el epicentro de la moda y la emoción con la llegada de Donatella Versace y Pierpaolo Piccioli, quienes acudieron a la capital italiana para rendir un último homenaje a Valentino Garavani, uno de los nombres más influyentes y eternos de la alta costura.
En un gesto que no pasó desapercibido y que rápidamente se volvió tema de conversación en la industria, Donatella Versace dejó de lado el negro tradicional del luto para vestir Rojo Valentino, el color que marcó la identidad y el legado del diseñador romano. Un acto cargado de simbolismo que fue leído como una declaración silenciosa de respeto, admiración y hermandad creativa.
Lejos de ser una elección estética casual, el look de Donatella fue interpretado como uno de los homenajes más poderosos que un diseñador puede rendir a otro: despedirse vistiendo su herencia, honrando su historia y celebrando su influencia imborrable en la moda mundial.
A su lado, Pierpaolo Piccioli —figura clave en la evolución contemporánea de la casa Valentino— acompañó el momento con sobriedad y elegancia, reforzando la sensación de que no se trataba solo de una despedida, sino de un reconocimiento colectivo al genio creativo que definió generaciones.
Roma, testigo del adiós, fue también escenario de un mensaje claro: el legado de Valentino Garavani no se despide, se transforma en eternidad.