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10 de Apr de 2021

Nacional

El día a día en la zona de conflicto de Barro Blanco

Indígenas Ngäbe Buglé, que se oponen a la hidroeléctrica, se mantienen en las inmediaciones de la obra, donde comparten con antidisturbios.

El día a día en la zona de conflicto de Barro Blanco
Clementina, cacica suplente del área Kodri, no abandona su puesto de vigilancia ni a la hora de comer.

Con la mirada que se pierde en el horizonte, Clementina Pérez señaló que lo que observa es un paisaje poco común: ‘una inmensa pared de 43 metros de alto’. Es la represa que se construye y que, una vez terminada, será la llamada Hidroeléctrica Barro Blanco. 


‘Llenarán de agua más de 200 hectáreas de terrenos que incluyen unas cuatro comunidades en el área de la comarca Ngäbe Buglé. Esto no es lo que yo quiero para mí ni para mi pueblo. Ellos vinieron y han destruido nuestro hábitat, nuestro ambiente... Han talado y han secado nuestro río’, narró con tristeza la cacica suplente del área Kodri.


Comiendo sin cuchara una ración de arroz con frijoles sobre un cartucho plástico que hacía las veces de un plato, la cacica comentó que lo más preciado que su pueblo pide al gobierno es que los dejen vivir en paz con todo el ambiente natural que Dios les regaló. ‘Pienso que pedir eso no es pecado, y no es nada para nuestros gobernantes. Nosotros estamos acostumbrados a comer así y con esto no le hacemos mal a nadie. ¿Por qué ellos nos quieren dañar a nosotros?’, cuestionó la líder. 


Esta es la historia de los indígenas que han reiniciado la lucha en contra del proyecto hidroeléctrico Barro Blanco, que se construye en las riveras del río Tabasará, en el corregimiento de Tolé, provincia de Chiriquí, teniendo por dieta café, arroz y frijoles para mantener la lucha. 


Los indígenas, que están apostados a unos 700 metros de la construcción del proyecto, a una sola voz pidieron respeto para su gente y exigen que les dejen vivir en paz. 


Para la cacica suplente de la región Kodri, si el Gobierno quisiera y tuviera la voluntad, podría resolver el problema, pues, según ella, nada está escrito en piedra: ‘Si existe la voluntad todo se puede arreglar’. 


Según la indígena, el avance mayor que se ve en la obra es la devastación de sus recursos naturales, el río Tabasará ha bajado notablemente su caudal, miles de especies acuáticas han muerto y, según ella, las altas temperaturas se deben al daño que han causado por la tala indiscriminada a las orillas del afluente. 


Para Clementina, los efectos del cambio climático son un peligro para la humanidad y aquí el gobierno debe poner atención. Por eso exigen la cancelación del proyecto hidroeléctrico en su totalidad. 


‘Exigimos ante la sociedad panameña que el río Tabasará sea libre, que se respete la dignidad del pueblo ngäbe buglé, que se respete la ecología. Es por eso por lo que la población se mantiene en la lucha en defensa de la biodiversidad cultural, de los recursos naturales y humanos, pues de todo esto depende la población panameña’, concluyó. 


Por un lado, la dirigencia indígena ha mantenido su posición de ‘‘suspender en su totalidad el proyecto hidroeléctrico’’, mientras los representantes de la empresa Generadora del Istmo, S. A. (Genisa), que construye la obra, intentan por todos los medios defender la hidroeléctrica y explicar sus bondades. 


En ese tira y jala, el gobierno trata de navegar sobre ambas aguas enturbiadas por recurrentes cierres de calles en las diferentes bases indígenas. 


Genisa ha insistido en que el proyecto cuenta con todos los permisos establecidos por la ley panameña, y asegura que se ubica fuera de la comarca Ngäbe Buglé y que solo 6.8 hectáreas en las áreas anexas resultarían afectadas, en caso de registrarse una inundación.

LA POLICÍA CUSTODIA EL ÁREA

Mientras los indígenas arman estrategias de lucha, unas dos escuadras de unidades antidisturbios de la Policía Nacional también se han trasladado al área del proyecto para custodiar los trabajos que se realizan y evitar que los indígenas se apoderen de la obra.



Para las unidades policiales, la estadía tampoco es tan fácil, ellos cocinan a orillas del camino y han construido rancherías para cubrirse del sol, pues los árboles a la orilla del río, que ahora parece una quebrada, han sido talados. No comentan nada, solo observan los pasos de quienes transitan por el lugar. 


En tanto, los grupos indígenas, que suman un par de docenas, se mantienen en los predios donde se desarrollan los trabajos del proyecto hidroeléctrico Barro Blanco. Hasta ayer llevan cuatro días agrupados en un campamento de palma que han improvisado para guarecerse del candente sol, mientras manifiestan que se mantendrán en el área hasta que el gobierno le exija a la empresa Genisa, que construye la obra, que respete la dignidad del pueblo ngäbe.