07 de Dic de 2021

Nacional

Los meses amargos entre la firma y la aprobación de los tratados

Una vez colocadas las rúbricas de Carter y Torrijos, los tratados debían ser aprobados en Panamá y EEUU.

Los meses amargos entre la firma y la aprobación de los tratados
Omar Torrijos y James Carter en la OEA, Washington, el 7 de septiembre de 1977 para firmar los tratados. Los acompañaron los negociadores y presidentes de la región.

El momento cumbre. Así considera Adolfo Ahumada, parte del equipo negociador de los tratados Torrijos-Carter, lo sucedido el 7 de septiembre de 1977, en el salón Las Américas de la Organización de Estados Americanos, en Washington, Estados Unidos.

‘Ese día fue la firma de los tratados. Ahí se concretaba la voluntad de los mandatarios de ambos países. Lo sucedido ahí tiene una gran trascendencia histórica’, expresa con emoción, aun hoy, a casi cuatro décadas de sucedido el hecho, Ahumada, empero, no duda en reconocer, que tras esto ‘vino un periodo muy complicado, muy difícil, la etapa de la ratificación que, no hay por qué negarlo, fue una etapa muy angustiosa’, señala el hoy miembro de la junta directiva del Canal.

Una vez que el estadounidense, Carter, y el panameño, Torrijos, estamparon sus rúbricas en los tratados del Canal, era necesario que sus respectivos países aprobaran los documentos. El primero en hacerlo fue Panamá a través de un plebiscito (ver nota relacionada, Un tratado que levantó el rechazo de parte de la población ), celebrado el 23 de octubre de 1977. Al año siguiente, en abril de 1978, los senadores votarían para determinar si aprobaban o no los tratados.

Aunque en ambos territorios se ratificaron los tratados, el pacto entró en vigencia hasta el 1 de octubre de 1979 Entre estas dos fechas– el 7 de septiembre de 1977 y octubre de 1979– se dio un intenso trabajo de convencimiento, así como uno que otro obstáculo, tan arduo y difícil como las propias negociaciones.

CONTRA LAS MAYORÍAS

‘Cuando se empezó con el proceso de ratificación, el presidente Carter no contaba con la mayoría, dos tercios del senado, para lograr la aprobación de los Tratados’, explica Adolfo Ahumada.

En un artículo titulado ‘Historia de las negociaciones de los tratados Torrijos-Carter’, Omar Jaén, quien también estuvo en el equipo negociador panameño, comenta que, a pesar de haber pasado las audiencias de varios comités de la cámara alta del Congreso (el Judicial, el de Relaciones Exteriores, el de Marina Mercante y Pesquerías, y, por último, el de Servicios Armados) y que se recomendara su aprobación, ‘alrededor del 50% de la opinión pública estadounidense adversaba los Tratados mientras que sólo un 29% los aprobaba’.

Carter, comenta el exministro Ahumada, ‘tuvo que desempeñarse a fondo y conversar con cada uno de los senadores, tanto demócratas como republicanos, para lograr los votos’.

El historiador Omar Jaén también detalla que ‘los esfuerzos pro-Tratados los realizaban variados grupos políticos, empresariales, religiosos, sindicales, comunitarios, cuyos blancos finales eran los senadores demócratas y republicanos en quienes cundía toda clase de dudas y temores’. El también geógrafo menciona que ‘la campaña comprendía una no importante, sino crucial, visita de senadores a Panamá’.

TORRIJOS Y LOS SENADORES

Ahumada destaca que ‘Omar Torrijos hizo un esfuerzo interno. Los senadores de EEUU viajaban a Panamá a conocer a Torrijos, a conocer la situación de Panamá y a conversar con los administrativos del Canal, para conocer, en el terreno, la realidad’.

Sobre estas visitas de los estadounidenses, Ricardo de la Espriella, expresidente de Panamá, comenta: ‘Él (Omar Torrijos) pidió que vinieran todos los senadores que quisieran, y él los recibía, les explicaba la situación y los enfrentaba. El propio Omar los llevaba y les mostraba la colonia; es decir, las bases militares, la zona, donde se manejaban por sus propias leyes’.

Entre el 9 de noviembre de 1977, cuando llegó el primer grupo de políticos, hasta el 27 de enero de 1978, cuando arribó el último, visitaron el istmo un total de 41 senadores.

Adolfo Ahumada resalta que estas visitas sirvieron porque ‘Torrijos pudo convencer a los senadores de que las aspiraciones de Panamá eran las correctas, eso a pesar de que la mayoría de los senadores tenían reservas, a nivel personal, sobre la naturaleza del gobierno panameño y si Panamá tendría la suficiente responsabilidad como para manejar el Canal eficientemente. Que Torrijos haya cumplido su papel tan eficientemente ayudó al presidente Carter en el proceso de ratificación’.

UN ÚLTIMO OBSTÁCULO

‘La enmienda les daba la oportunidad a los gringos de que entraran a cuando les daba la gana, pero una cosa es que ellos pudieran entrar y otra es que estuvieran adentro’, comenta De la Espriella sobre el último suceso que, casi, lleva al traste: La enmienda DeConcini.

Cuando parecía que las cosas iban ya sin tropiezos, apareció un nuevo escollo: El senador republicano Dennis DeConcini, quien, explica Omar Jaén, ‘veinticuatro horas antes de la votación plantea una enmienda mediante la cual Estados Unidos tendría derecho para estacionar fuerzas militares en Panamá después del año 2000 y para intervenir con el objeto de salvaguardar la vía interoceánica’.

Angel Luis de la Calle, corresponsal del diario El País de España para América Latina, publicó una nota el 13 de mayo de 1978 que indica: ‘Para la mayoría, esta enmienda es la que de forma más descarada consagra la posibilidad intervencionista de Estados Unidos en Panamá’. Según De la Calle, esta enmienda era ‘lesiva a la soberanía y a la dignidad nacional’, además de que las modificaciones convertían a los tratados en algo ‘ enteramente distinto a lo que originalmente fueron negociados’.

POR UNA CABEZA

La propuesta del senador DeConcini, tras reuniones de última hora y una agitada actividad diplomática, tuvo que ser aprobada y, si bien se pasaron , como dice Jaén Suárez, de forma ‘suavizada’ bajo el nombre de ‘resoluciones’ en vez de ‘enmiendas’, no se logró completamente disipar el rechazo.

Pese a esto, todo el lobby de Carter en Estados Unidos y de Torrijos en Panamá surtió efectos y permitió que ambos tratados, el de Neutralidad primero, el 16 de marzo, y el Torrijos-Carter, el 18 de abril, fueran aprobados. Los documentos necesitaban ser respaldados por dos tercios del senado. Al final, el margen de las votaciones, en ambas ocasiones fue, 68 a favor y 32 en contra; es decir, se obtuvo el mínimo necesario apenas por un voto.

ENTRADA EN VIGENCIA

El 16 de junio de 1978 se realizó en Panamá un evento multitudinario en el gimnasio, en ese entonces llamado Nuevo Panamá (hoy ‘Arena Roberto Durán’) en el que Torrijos y Carter, bajo la mirada de los presidentes de Colombia, Venezuela, Costa Rica; México y Jamaica, observaron cómo Carter y Torrijos intercambiaban los instrumentos de ratificación de los dos tratados.

Comenta Jaén Suárez que todavía después de este evento se continuaron dando todo tipo de conversaciones que se mantuvieron ‘hasta la puesta en vigencia de los Tratados el 1 de octubre de 1979, y aún más allá’.

TRATADO IMPERFECTO

‘Mucha gente se opuso por política a los Tratados, otros, así como él, por algunas de sus condiciones’, comenta Ricardo de la Espriella. El exgerente del Banco Nacional, menciona que ‘dos veces Torrijos denunció el tratado’ y añade que el militar estaba claro de lo que molestaba a la gente. ‘En una ocasión comentó: ‘Hay panameños que se oponen, porque 23 años es un tiempo larguísimo. Desafortunadamente no lo pudo ver’.

Que el tratado no era del todo popular, y que habían cosas, como el Tratado de Neutralidad y los cambios hechos por la enmienda DeConcini, que opacaban el logro panameño.

El propio Torrijos se lo hizo saber al presidente Carter el 7 de septiembre de 1977 en el discurso que dio en la ceremonia de la firma:

‘Quiero manifestarle que este Tratado que firmaremos, y que deroga el que ningún panameño firmó, no goza de un total consenso en nuestro pueblo. Porque 23 años acordados como período de transición son 8 mil 395 días. Porque permanecen por este tiempo bases militares que convierten a mi país en un posible objetivo estratégico de represalia, y porque estamos pactando un Tratado de neutralidad que nos coloca bajo el paraguas defensivo del Pentágono. Pacto éste que, de no ser administrado juiciosamente por las futuras generaciones, puede convertirse en un instrumento de permanente intervención’. Cuenta quien también fuera vicepresidente de Panamá que Torrijos comentó en alguna ocasión, a modo de disculpa: ‘Nada es perfecto, pero mucha gente quería un tratado perfecto. Esto es lo que he podido conseguir, y esto es mejor que nada, porque le hemos puesto fecha para que nos devuelvan el Canal y se vayan del todo de aquí’. Nuevamente, Ricardo de la Espriella, así como cuando contó como reaccionó el General durante las votaciones en el senado, debe hacer una pausa. Se le ha quebrado la voz. Él, de la Espriella, ahora, como si emulara a Torrijos, 37 años después de firmados los tratados, y a 33 de la muerte del militar, solo alcanza a comentar: ‘Es una cosa muy emotiva’.