07 de Dic de 2021

Nacional

Un proceso de superación personal

"El jefe era muy dado a educarse, a aprender. Era como una esponja, le gustaba leer los libros que estaban de moda"

‘El jefe era muy dado a educarse, a aprender. Era como una esponja, le gustaba leer los libros que estaban de moda. Si uno de los grandes estadistas publicaba un libro, entonces él lo quería leer. Él pedía libros o se los ofrecían. Y él se leía todo, para actualizarse, para saber lo que pasaba en el mundo y cómo actuaban y pensaban los líderes mundiales’, relata Guadalupe Gorgas, asistente de Rómulo Escobar Bethancourt durante la época de negociación de los tratados y quien, luego, trabajó personalmente con Torrijos como su secretaria. ‘Él no era estrecho de mente. No sé cómo había sido antes, pero supongo que todo va evolucionando según el momento. Al estar rodeado de intelectuales, Torrijos no quería quedarse atrás, se rodeaba de gente que quería aprender y preguntaba sobre todo lo que le interesaba. Leía mucho, siempre leía. Buscaba con quién discutir sobre lo que leía y aprendía. Cuando hablaba con figuras como Felipe González, de España, o Gabriel García Márquez, él no se quería quedar atrás. En eso era muy celoso’, comenta Gorgas, quien añade: ‘Siendo medio ‘cholón’, no tan educado, al tener que alternar con todos estos presidentes, con su parte folclórica y su forma de hablar, eso fue una gran cosa que superó, que lo llevó a mantenerse a esos niveles cuando los demás eran tipos de grandes universidades. Eso tiene un gran valor. La gente no lo veía, pero El Viejo se trataba de preparar para llegar a esos niveles’.

Explica Omar Jaén Suárez que, a pesar de que siempre hubo un ministro de Relaciones Exteriores, cargo que, en la etapa final de las negociaciones, recaería en Nicolás González Revilla, ‘el General Torrijos asumirá, en la práctica, la jefatura superior de la política exterior y de todo el proceso negociador por parte de Panamá’. Considera el historiador que todo el esfuerzo diplomático del dictador panameño hacen que este ‘se convierta en una personalidad internacional de primer plano’.

Gorgas comenta, también, que ‘aunque varios de los muchachos (los negociadores) eran más preparados que él, guardaban sus distancia. Por más preparación que tuvieran, la línea la establecía él y, por más preparación que tuvieran, la línea era solo la que él indicaba’. Gorgas considera que ‘el simple hecho de que él (Torrijos) llevara la batuta, ante todos estos tipos que estaban graduados, que eran negociadores, abogados, y con una larga trayectoria, ya era un gran logro’.