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21 de Jan de 2020

Nacional

La fe del pobre

La venta de chances clandestinos es un negocio que florece en los barrios populares. No se tiene un estimado de vendedores ni ganancias

Nu evo México y Puerto El Caño son barrios populares ubicados en el corregimiento de Sabanitas. Casi que provoca escalofríos ver a los diablos rojos girar en los cerrados ángulos, que son flanqueados por aterradores barrancos. En esas mismas esquinas donde se ve la fantasmagórica imagen de la trompa del bus coqueteando con el arriesgado precipicio están apostadas las tiendas de los ‘chinitos’, comercios que se ocupan de suplir las necesidades de sus clientes con productos que van desde arroz hasta detergentes y escobas; pero como buenos empresarios han tenido ‘visión’. Allí, donde se compra la leche, también se atiende a la ‘esperanza del pobre’.

‘Hoy es domingo, el día de la esperanza del pobre’, gritó un hombre, al mirar cómo la fila de la esquina izquierda crecía. En el otro lado permanecían unos cuantos niños. Aunque sus estómagos rugían, no les quedaba de otra que esperar que la china Rosa (nombre ficticio, como los demás que serán citados) terminara de atender a esos clientes.

‘Veinte 16, veinte 30, veinte 06, veinte 34 y veinte 48’, pedía Florencia, al tiempo que metía la mano por la reja de metal y ponía $20 en el mostrador. Los números fueron anotados en el cuaderno, la despachadora firmó el documento, como para darle un ‘estatus más legal’.

Entre los que iban llegando a la ventanilla metálica a pie, en autos modestos, vehículos más lujosos, unos gastaban $5, otros $20 y los más ambiciosos preferían apostar cien dólares o más. Donde Rosa los ‘pedacitos’ de chances cuestan $0.20 y pagan $11 si juegan en el primer premio, $3 en el segundo y $2 en el tercero.

Aquí no hay leyes municipales ni regulaciones de la Junta de Control de Juegos (JCJ). Incluso, en el mundo de la lotería clandestina la fe es mayor. Los compradores apuestan con la esperanza no solo de que sus números jueguen, deben confiar en que el vendedor no desaparezca.

Según voceros de la Lotería Nacional de Beneficencia (LNB), no hay una cifra real de a cuánto equivale el negocio de la venta de ‘casa grande’. En el año 2007, la Facultad de Ingeniería Industrial de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), junto al organismo mencionado, realizó un diagnóstico acerca de los chances clandestinos. El informe reveló que este rubro genera aproximadamente 130 millones de dólares anuales, ‘libres de impuestos’, ‘privilegio’ que le otorga su ilegitimidad.

Rosa, la chinita de Sabanitas, tiene más de quince años de vivir ahí, sitio donde ha criado a sus tres hijos a punta de víveres para el hogar... y de chances ilegales. De hecho ‘en un domingo cualquiera puede hacer en venta de números unos $600, cerca de $200 más que en comida’, confiesa la vendedora. Ella no le tiene temor al Decreto de Gabinete 57 del 17 de marzo de 1970, que reprime los juegos clandestinos.

Esa norma no representa un cuco. Hace un par de años, llegó otro comerciante de ascendencia asiática al barrio. Asumió el control de una parrillada. Y al igual que Rosa, él quiso ampliar las opciones de negocio, y no conforme con la venta de cervezas, decidió comprar sus cuadernos para anotar números.

NUEVOS ACTORES DE LA CLANDESTINIDAD

Este nuevo empresario de la clandestinidad vende los ‘pedacitos’ a veinticinco centavos. Igual que los de la LNB. Él no tiene límites ni se niega a vender números bajos. Sabe muy bien que en cuestiones estadísticas, las probabilidades son las mismas. Por ello, a nadie le quita la ilusión de conseguir la fecha de sus allegados.

‘Todo es válido’, sobre todo si solo es cuestión de sacarle provecho a la debilidad de la población por los juegos de azar. De acuerdo con un informe del Ministerio de Economía y Finanzas, durante agosto del 2014 se recaudaron 4 millones 998 mil 768 dólares en el marco legal de estas prácticas.

LOS MÁS BUSCADOS

Para entender la tranquilidad de Juan, el dueño de la ‘parrillada chinguera’, solo basta ver los resultados de los últimos sorteos. De los nueve últimos juegos, solo una vez ha salido en el primer premio una cifra ubicada entre 00 y 31, los otro ocho han sido números mayores de 31, por lo cual no tiene por qué preocuparle si vende más números bajos que altos. De igual forma, a diferencia de los billeteros de la LNB, a él no le dan una cantidad determinada de números altos o bajos. Él vende los números que quiera y no le queda nada que devolverle a ninguna entidad.

En esos mismos barrios también ronda Dina. Quizás en algún tiempo se dedicó a algo distinto, oficinista tal vez, mas a nadie le interesa. Es reconocida como ‘la señora de la casa grande’. Ella ha mantenido a su familia con el ilegal negocio, y le ha dado una buena vida, todos son profesionales. Ya lleva más de 20 años en ese ‘oficio’, es difícil abandonarlo cuando la clientela es fiel. Le compran a ella, al de la parrillada y a la china Rosa, hasta les rinde para su cartoncito de Buko.

Puede que una que otra vez llegue alguien del Municipio y les decomise las ganancias (según dicta la ley), puede que en un sorteo jueguen cifras entre 00 y 31 (lo que es un duro golpe para un ‘casa grande’). Pese a los azares de la clandestinidad, la fila en la esquina izquierda de la tienda no deja de tener público ni los cuadernos de Juan, nombres a la par de números y Dina ya es toda una institución.

Este estilo empresarial no se detiene, según la LNB, son los compradores quienes deben hacer las denuncias. ‘No se hacen operativos para desmantelar casas grandes’, dice la institución; sin embargo, una vez llegue la información a la Alcaldía, ellos deben atenderla.

La LNB asegura que los ingresos que no perciben por el crecimiento de los ‘casa grande’ aletarga la ayuda social que puedan brindar a los más necesitados (becas escolares, donaciones navideñas, sillas de ruedas, etc.). En el estudio realizado por la UTP, se refleja que el 78% de los encuestados conoce la labor benéfica de la institución, lo que no es suficiente a la hora de elegir no apoyar una actividad que perjudica su filantropía.